Caretas 1570: Controversias



Por FERNANDO ROSPIGLIOSI

Apoyándose En La Tradición
A diferencia de cualquier país democrático, donde los candidatos son candidatos y las campañas electorales son campañas electorales, en el Perú de hoy casi nadie reconoce ser postulante a la presidencia -con la solitaria excepción de Alberto Borea- ni estar en carrera hacia ella. Aunque en realidad, todos saben quiénes son los aspirantes y sus movimientos son observados con curiosidad.
Este es, sin duda, un éxito de Alberto Fujimori y la cúpula cívico militar que gobierna con él. Han logrado llevar a nuevas fronteras la tradicional inclinación a la simulación de los peruanos, heredada de los colonizadores españoles, esa hipocresía sintetizada en el refrán que dice "la ley se acata pero no se cumple".
El fingimiento en el Perú llega a extremos ridículos y perniciosos. Por ejemplo, recientemente se aumentó el sueldo a los militares, pero no en efectivo sino en gasolina. Así, un general o almirante recibe ¡400 galones de gasolina al mes! Como es obvio que no pueden consumir tanto combustible -probablemente ni el diez por ciento-, deberán dedicarse al comercio minorista, vendiendo sus vales de gasolina a amigos y conocidos a un precio menor del nominal.
¿Por qué no aumentarles el sueldo en dinero contante y sonante, como debería ser, en vez de tomar ese tortuoso camino? Por el típico fingimiento de raigambre hispánica. De esa manera se mantiene la ficción de que los militares ganan menos de lo que en realidad reciben.
La indescriptible manía de reemplazar la Constitución para justificar un cambio político que no se quiere defender abiertamente, es otra de las manifestaciones de la hipocresía y el formalismo. La última Constitución se cambió en 1993 con la casi exclusiva finalidad de permitir la reelección presidencial. Más económico para el país y más práctico para el gobernante autoritario, hubiera sido ordenar a sus acólitos del Congreso modificar el artículo pertinente de la Constitución anterior y asunto saldado.

Pero como quería ocultar su verdadero propósito, cambió toda la Carta, para esconder en el fárrago de 200 artículos el único que le interesaba.
Octavio Paz desnudó a los mexicanos, en su libro El laberinto de la soledad, como "seres que se disfrazan". En México, decía Paz, las ideas enmascaran a la realidad en vez de desnudarla. Y añadía que "la mentira política se instaló en nuestros pueblos casi constitucionalmente. (...) Nos movemos en la mentira con naturalidad. (...) De allí que la lucha contra la mentira oficial y constitucional sea el primer paso de toda tentativa seria de reforma".
Por cierto, lo que dice Octavio Paz de su país es válido para el Perú y buena parte de Latinoamérica.
En el plano político, el "no tradicional" Alberto Fujimori ha resultado usando y reforzando las más nocivas tradiciones de estirpe colonial para sus fines políticos.
Así, miente cuando dice que todavía no ha decidido si postulará, mientras que la maquinaria reeleccionista, puesta en marcha en 1996 con la ley de "interpretación auténtica", sigue trabajando sin pausa.
Pero Fujimori ha impuesto sus propias reglas a sus adversarios. Hoy día nadie se atreve a llamarse político, los nuevos partidos se denominan movimientos, los candidatos dicen que se van a someter a las bases y casi nadie confiesa que quiere ser presidente.
El asunto es que la mayoría de la población no cree muchas de estas cosas y desconfía instintivamente de lo que le dicen. La gente tampoco cree en las instituciones ni en las palabras del Presidente.
Por ejemplo, la última encuesta de la Universidad de Lima revela que el 64% de los entrevistados piensa que el gobierno no respeta la libertad de prensa en el país, a pesar de las reiteradas declaraciones de Alberto Fujimori en contrario. El 63% desconfía de los organismos electorales y el 70% cree que el Poder Judicial no es independiente.
El Perú vive, pues, la paradoja de contar con una población crecientemente escéptica y desconfiada. Y al mismo tiempo, con un sistema político e institucional basado en la ficción, cuando no en la mentira monda y lironda.
Curiosamente, son pocos los que se atreven a arremeter contra ese mundo quimérico. La mayoría prefiere acomodarse a la muelle tradición colonial hispánica y navegar de la mejor manera posible entre las aguas de la fantasía, la hipocresía y el fingimiento.
De esa manera, probablemente se repita la "no campaña" de 1995, cuando Fujimori fue el primer -y único- candidato en la historia que no realizó un solo mitin político. Sólo se dedicó a "trabajar por el país", viajando con dinero del Estado y realizando cientos de inauguraciones, convenientemente difundidas por los canales amigos de Tv.

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