Los Tesoros de la Laffi
La artista Graciela Laffi y sus espléndidas piezas de plata trabajadas con la técnica de los orfebres precolombinos.

TAL vez, las palabras que más clara y bellamente resumen el trabajo de la orfebre italiana Graciela Laffi, las ha escrito el doctor Arturo Jiménez Borja en el catálago en el cual la artista presenta su obra. Dice: "Graciela repite el doble milagro de hacer florecer la plata con claridad de nardo y mostrarnos viejas técnicas prehispánicas ya desaparecidas. Consiste la técnica en lograr piezas ilusoriamente pesadas y atrevidas en el espesor de sus paredes y mostrarlas ligeras y airosas. Se obtiene este milagro trabajando a martillo dos piezas semejantes, una de menor tamaño que la otra, para ser embutida una dentro de la otra. El artificio debe ser cabal y matemáticamente perfecto, pues de no ser así las dos piezas no cumplen su cometido".
"Parece fácil -insiste Jiménez Borja- lograr este artilugio, empero por ser la obra a martillo debe ser de tal exactitud que entre una y otra quede un espacio secreto, libre y parejo. A mayor tamaño de la pieza, la técnica se hace cada vez más laboriosa y difícil, por eso resultan admirables estos espléndidos recipientes con reminiscencias Chavín o Inca, resueltos con perfección increíble, a mano".
Después de leer estas palabras, cuando uno se detiene a mirar los objetos de plata -que estarán en la Galería del Banco Continental hasta el 5 de junio- no hace sino comprender lo que Graciela ha hecho con la plata. Y cuando se conversa con ella, el entendimiento es aún mayor.
Florentina, de enérgicos setenta y pico de años, Graciela Laffi vino al Perú en 1947. Entonces era una jovencita inquieta pero marcada por la vena artística de cinco generaciones. Pensó que su tránsito por este país sería breve pero los restos arqueológicos preíncas, las ruinas y las misteriosas líneas, dibujos y colores del arte precolombino, la cautivaron. Viajó por todos los rincones de esta tierra estudiando, dibujando y grabando en la memoria cuanta pieza caía entre sus manos.
Se enamoró de la plata, el metal que los antiguos asociaban con la blanca luz de la Luna. Fue así como empezó a trabajar con ella empleando la técnica de los orfebres precolombinos. Desde la fundición del metal, el laminado, el martillado, hasta la soldadura. Sus piezas se hicieron conocidas muy pronto. Aquí y en el extranjero.
Sin embargo, esta última exposición, que literalmente ha dejado sin habla a los que la han visitado, significa su más grande esfuerzo y reto. Siete años ha demorado en prepararla pues lo que quería era experimentar con las grandes dimensiones. El resultado, 21 espléndidas piezas de reluciente y mágica plata.
La arqueóloga Paloma Carcedo, define así la labor realizada por Graciela Laffi: "La majestuosidad de cada pieza se expresa, no sólo en su extraordinario tamaño que la orfebre consigue sin la utilización de soldadura alguna, sino en el dinamismo y fuerza que emana de los impactantes repujados. Graciela nos enseña que tras cada pieza, hay unas manos que, como en los antiguos maestros, han sabido plasmar espíritu, sentimiento y cariño".
Por su parte, Graciela casi no necesita hablar. Su obra está presente y un video muestra su laboriosidad, paciencia -martillar horas de horas con martillos que ella misma fabrica- y arte.