Inalcanzable Sayako
cuyo nombre, según único periodista japonés
que habla español, significa: Pequeña flor de loto.
Real saludo en imperial fortaleza Inca.
Silencioso intercambio de venias y toda la intención de romper con las reglas. Se pretende entablar un diálogo con los colegas: -Do you speak english? -Yes. Fin de la conversación. CARETAS se apodera de una esquina de la terraza. "No fotos ahí, perigroso", dice el único japonés que habla español y que además coordina cada movimiento de su gente. Pero ahí nos quedamos, cerca al perigro.
Casi una hora y media después, el único japonés en mención, que además aparece y desaparece como por encanto, grita desde abajo: "¡Ya viene, avisa que ya viene!".
Ya viene se convierte en mucho tiempo. Los obedientes ponjas quiebran filas y se dedican a sacar vistas de los miembros de servicios especiales de la PNP. Los turistas que por ahí merodean son invitados discretamente a retirarse. Hay más policías (básicos, les dicen) por cada rincón que uno mire.
La comitiva asciende. En primer término seguridad del Estado armada para la ocasión, la princesa, su traductora y el guía cusqueño que explica en inglés. Un efectivo de la DINOES con vista de lince ("veo en curva", asegura) y con espíritu didáctico murmura: "Atrás está Keiko, le están poniendo oxígeno (quien la auxilia es el doctor Fernando Pozo), ahí está el señor Gerardo Maruy, el general Luis Pérrigo, el módulo oficial de Palacio (camarógrafa y fotógrafa), el señor de la Cancillería (Manuel Cacho Sousa, de Protocolo), y la esposa del embajador del Japón". "La princesa -sigue murmurando- es blanquísima, bien delicadita, flaquita, habla despacito".
"¡Fotooo!", ordena ya sabemos quién. Pero el primer rostro visible es el del guía robacámaras, a quien la misma Keiko le pide hacerse a un lado. Luego de un breve alboroto y revoloteo de traductora que no quiere perder palabra, Sayako posa amablemente, con Keiko y sola. Sonríe y mueve su pequeña mano -el brazo jamás lo separa del cuerpo- apenas 15 grados.
"¡Siguiente foto, ventanas!". Todos corren menos Víctor Ch. Vargas quien hasta ahora no entiende por qué los ponjas tienen ese concepto tan bizarro del periodismo. Naturalmente, el único japonés que habla español lo descubre y agita los brazos como queriendo detener el tren "¡Fotos acá no. Fotos acá no...enseñar credenciar"! Seguridad del Estado observa el incidente con los ojos torcidos.
A pesar de tener que recurrir al oxígeno, Keiko no perdió la sonrisa. Al lado, disciplinado equipo de la prensa japonesa.
En el templo de Las Tres Ventanas, lugar autorizado para fotos N° 2, la historia se repite exacta: Guía robacámaras, traductora revolotea, etc.
No obstante, en el Intiwatana, lugar autorizado de fotos N° 3, Keiko, en una realmente cordial actitud, permite que la mínima prensa peruana le tome una foto a Sayako (sin tener que pelear el espacio con los japoneses) y aleja con la mirada a su seguridad.
Otra vez todos los ponjas corren. Se van en el helicóptero a Sacsayhuamán. Como ya nos hemos liberado del único japonés que habla español, Víctor Ch. Vargas cree que también debe obviar el protocolo. "Excuse me lady, please", se atreve a decirle a Sayako con la máquina en ristre. Esta sonríe, lo mira y conmovida mueve su pequeña mano 16 grados.
La princesa Sayako, también llamada Nori No Miya, tercera hija del emperador Akihito -regente de la era de la Paz y el Exito y descendiente directo de la diosa Amaterasu- almorzó finalmente en el comedor del Hotel Las Ruinas y voló después a Sacsayhuamán. Durmió en el Hotel Libertador ya que los japoneses consideraron al Monasterio "muy inseguro" para continuar por la mañana del martes viaje a Puno. Las imágenes de su visita al Perú serán sólo para ella.
En "Las Peras del Olmo", Octavio Paz escribe: La primera impresión que produce cualquier contacto -aún el más distraído y casual- con la cultura del Japón es la extrañeza. Sólo que, contra lo que se piensa generalmente, este sentimiento no proviene tanto del sentirnos frente a un mundo distinto como del darnos cuenta que estamos ante un universo autosuficiente y cerrado sobre sí mismo...
Adios Apu Machu Picchu, ojalá nos hayas envuelto en tu círculo mágico. (Teresina Muñoz-Nájar).