El Tratado de 1929
Cumple Setenta Años
Los asuntos pendientes del convenio no pueden esperar más. Allan Wagner y su punto de vista.

En el Tratado que el Perú suscribió con Chile el 3 de junio de 1929, se deslindó el destino de Tacna y Arica, pero quedaron unos puntos pendientes que, hasta la fecha, no han sido resueltos. Al recordarse los 70 años de la firma del Tratado, CARETAS conversó con uno de los actores en las negociaciones, el ex canciller Allan Wagner que, en 1985, logró resultados muy importantes. Por otro lado, en la Cumbre Andina de Cartagena, el presidente Chávez de Venezuela puso sobre el tapete el problema de la mediterraneidad de Bolivia, que a todos nos duele, pero como no era el escenario para tratarlo, la propuesta fue desechada.

1985, Canciller chileno Jaime del Valle y Allan Wagner en Arica.Se dieron entonces pasos importantes.

Había dormido muy poco, pues recién la noche anterior había retornado de Cartagena donde, como devoto integracionista, no podía faltar. Limeño, alto como un basquetbolista, 57 años, diplomático y a partir de esta semana presidente del Centro Peruano de Estudios Internacionales (CEPEI), Allan Wagner nos recibe en su departamento de San Isidro, teniendo a su lado a "Ilari", su pequeña mascota, que lo sigue a todo lado dado que la familia se encuentra ausente. Nos pica, entonces, preguntarle.

SE han cumplido setenta años del Tratado de 1929 y aún los puntos que quedaron pendientes siguen sin resolverse. ¿Qué comentario le suscita ese impase?
-Yo diría, en primer lugar, que es lamentable que haya transcurrido tanto tiempo sin que los dos países hayan podido ponerse de acuerdo para hacer uso efectivo, por parte del Perú, de los derechos que consagró el Tratado de 1929. Y por otra parte, me parece que es importante que este tema no se quede en los estantes de la biblioteca, sino que alcance realmente una conclusión. Esto, creo yo, por dos razones principales. Primero, porque los derechos que el Perú tiene en Arica, son derechos que están destinados a tener una utilidad práctica, fundamentalmente en beneficio de Tacna, porque así fueron concebidos originalmente. Y segundo, porque la discusión completa del Tratado permitirá concluir una etapa dolorosa y negativa que, por otros aspectos, ya está siendo superada.
-Si sumamos los casi 50 años que se tardó para la firma del Tratado del 29 y los 70, hasta ahora, para resolver lo pendiente, tenemos 120 años de negociaciones. ¿Ha habido en nuestra historia una negociación más prolongada?
-En efecto, es un período demasiado amplio como para que sea razonable.
-Como canciller usted ha sido uno de los actores en las negociaciones. En su lapso estuvo muy cerca de llegar a una solución. ¿Qué pasó después?
-Se logró un avance que, a mi modo de ver, fue fundamental, y es el concepto de sistema integral como la forma de lograr que estas zonas y establecimientos entre comillas, de que habla el Tratado del 29, no constituyeran espacios desordenados, sino que se pudieran articular de una manera eficiente, de tal manera que eso pudiera ser utilizado con beneficios para el Perú, y en particular para el desarrollo de la región del sur. Eso quedó consignado en el comunicado conjunto que suscribieran Perú y Chile, en noviembre de 1985 en Lima. Ese comunicado, por ser un documento oficial y público, tiene un valor desde el punto de vista del derecho internacional.
-Pero después de ese comunicado, las conversaciones se empantanaron.
-En el año de 1986 se presentaron circunstancias que no permitieron el avance de las conversaciones que fueron, fundamentalmente, una reacción de Chile, al parecer motivada por la marina chilena de considerar que lo que estaría Chile acordando con el Perú era un enclave. Y por otra parte influyó en esto el hecho de que el Perú votó a favor de la resolución de la Comisión de Derechos Humanos en la cual se condenaba los excesos que se habían cometido y favorecía la vuelta de la democracia en Chile. El asunto es que las negociaciones se paralizaron por decisión de Chile.

El Tratado tuvo detractores, pero también opiniones favorables."Fue una solución realista".

-Vino después la Convención de Lima de 1992. Ahí parece que faltó un manejo diplomático profesional...
-Yo no creo que fue problema de manejo profesional. Lo que hubo ahí fue un cambio de concepción por parte del Perú. Primero que no se hizo, por lo que uno puede leer de los antecedentes, ni un hincapié en el concepto del sistema integrado de servicios. Según la Convención de Lima sobre este tema no quedaba esto como una zona deslindada dentro del puerto de Arica, se establecía solamente el funcionamiento con libertad en esos establecimientos. Pero además lo que se innovó en esta Convención de Lima fue el régimen de explotación, porque a través de esa Convención el Perú asumió el compromiso de que la explotación de esas instalaciones sería hecha por una empresa privada... con cuenta de capitales peruanos, pero que debía constituirse en Chile de acuerdo con la legislación chilena y que, además, podía darse el caso de la venta de acciones de los propietarios peruanos a inversionistas chilenos. Estas dos cosas...
Pero yo creo que ahí hubo un cambio de concepción, que en el fondo llevó a un error. Y ese error fue lo que, luego, motivó la reacción de todo el Perú en contra de la Convención de Lima.
-En cuanto al El Chinchorro, ¿qué recomendaría hacer ahora que está dentro de un espacio de expansión urbana y ha sido recortado para dar paso a la Carretera Panamericana?
-A ese terreno hay que darle una finalidad útil. El Chinchorro ha adquirido a través de los años un simbolismo que no lo tuvo en su origen. Y yo creo que ese simbolismo hay que considerarlo. Cuando iniciamos nosotros las conversaciones en 1985 se pensó que El Chinchorro podía ser justipreciado y vendido. Sin embargo, luego nosotros fuimos sensibles a los comentarios que surgieron y modificamos este planteamiento en las conversaciones con Chile, de tal manera, que sólo se hiciera un justiprecio de la parte que había sido ocupada por Chile y que en el resto del terreno el Perú haría alguna obra de utilidad. Cualquiera que sea el uso que se le dé al terreno de El Chinchorro, lo importante, yo creo, es que no siga quedando como un terreno baldío.
-El canciller Insulsa dijo, en 1998, ojalá celebremos el setenta aniversario dejando este asunto definitivamente atrás. Pero las negociaciones siguen estancadas. ¿Habrá que esperar otras décadas?
-Yo espero que no. Yo espero que eso pueda tener un resultado pronto, pero al mismo tiempo un resultado conveniente a los intereses nacionales y respetuoso de las obligaciones contraídas.
-¿Y cómo le fue en Cartagena?
-Fue una cumbre importante, en la medida que ha significado un nuevo hito. Pienso que ha sido un paso positivo para el proceso de integración, porque esa es la función de las cumbres presidenciales, que es señalar objetivos de largo plazo.