La aventura existencial que encierra la paternidad, con sus miedos y goces, dudas y realizaciones, se basa en el principio de la reproducción de la especie, pero muestra, asimismo, una dimensión afectiva que hace de la familia algo más que un concepto. Padres veteranos que se prodigan con sus nietos, padres contemporáneos que viven a diario las alegrías y temores del crecimiento y madurez de sus hijos, y padres inminentes -aquellos para quienes la primera vez los marca para siempre- sazonan esta fecha. Según el poeta José Watanabe, la esencia de ser padre fue anticipada por el célebre poeta Bashó en un hermoso haiku: "El hombre que diga mis hijos son una carga, nunca tendrá flores".
Alfonso Grados Bertorini, oráculo que asimila cualquier pregunta y al que de vez en cuando se le pueden patear penales.
"Nono... ¿Qué significa Kamasutra el arte de amar?", con esta pregunta Alfonso (12), Christian (10), Daniel (9) y Rafael (7) reciben a su oráculo predilecto, quien sale del trance dejando la respuesta para después. Alfonso Grados Bertorini ha sido padre dos veces y abuelo seis. "Cuando me tocó ser papá tenía 30 años, era periodista y los trajines de editar La Prensa eran diarios... casi no tenía tiempo para mis hijos", recuerda. Ahora las cosas son distintas, y cada vez que sus nietos mayores lo visitan acude al estadio con ellos o los lleva a alguna sesión del Congreso para que vean que el abuelo no se la lleva fácil.
Por eso, cada fin de semana se entrega a los secretos de la computadora con los más chicos o les sirve de oráculo con tal de tenerlos cerca. Con sus hijos Alfonso y Amalía la relación fue de comprensión y de apoyo para todo lo que quisieran hacer. Hoy él vive junto a su padre y comparten un amplio jardín donde el abuelo juega a los penales y ella, desde Alemania, mantiene su presencia a pesar de la distancia. "A nosotros el cariño nos viene de familia", sentencia Grados, a quien los nietos, como en su momento los hijos, no le dan respiro. Y él feliz.
Maya e Issa son las primeras en sonrojarse cuando papá las llama para una foto. A la legua se le nota lo chocho, por lo que ellas no tardan en hacerle mimos y recordarle que siguen siendo sus niñas. Hace varios años que viven separados, pero el contacto permanente los hizo cómplices. "Me divorcié hace varios años, pero nunca dejé de ver a mis hijas... a veces creo que las veo más que otros padres que permanecen juntos". Para José Watanabe ser padre es esencial: "Mi papá era un japonés muy tierno que compartió mucho conmigo, como leerme poemas. Murió cuando yo tenía 17, y para mí fue una gran pérdida".
Salvador del Solar y una primeriza espera que le comienza a cambiar la vida. Derecha, mimadísimo vate José Watanabe, imposible controlar a Issa (19) y Maya (16) a la hora de los afectos.
El poeta no puede con su genio: "Tengo que controlarme mucho para no controlarlas. A veces me gustaría tener mayor control sobre ellas, pero luego me doy cuenta de que sería tonto y de que no me dejarían", ríe. La confianza y el amor moldean esta relación. "Lo único malo de papá es que es muy neurótico en su trabajo", señalan al explicar por qué no trabajarían con él. Mientras, él las llamará cada vez que tenga un poema terminado, pues juzga que ellas han de ser sus primeras críticas.
Salvador del Solar vive los nervios de su primera paternidad entre la producción de una obra teatral y el tiempo que le ha negado a la televisión para compartirlo con Ximena, su esposa, en sus últimas semanas de embarazo. "Será una niña y nacerá a mediados de agosto... creo que el que sea mujer es lo que me tiene más chocho", confiesa el actor, a quien este nuevo rol le ha dado otro sentido a su vida: "Me cuesta asimilar que dentro de Ximena crezca una personita que es parte de nosotros. Es una sensación que te hace madurar y pensar en las responsabilidades por venir".
Aunque todavía no han elegido su nombre ("quizá cuando la carguemos por primera vez sepamos cómo llamarla"), tías y amigos atiborran su piso de ropa, biberones y juguetes mientras él se la pasa tocando la barriga y tratando de reconocer sus diminutos pies, brazos y cabeza. "Intento prepararme para cuando llegue. La relación con mi padre es estupenda. Quizá por tratarse del hijo mayor haya habido algo especial, un sentimiento que espero suceda igual con mi hija", asegura. (PTN).
