Meses después de conferencias, de planillones que corrían por el mundo y de angustias de todo calibre este 19 de junio cayó el telón del primer acto del eterno drama de la deuda externa, cuando en Colonia, Alemania, el Grupo de los 8 decidió condonar 70 mil millones de dólares a un conjunto de 41 países pobres y altamente endeudados. No era lo óptimo, pero el hecho convirtió a esta ciudad en una feria de todas las razas y colores, gracias a la Campaña Jubileo 2000, a la cual el Perú aportó nada menos que 2 millones de firmas, de los 18 que fueron entregados al canciller alemán Schröeder. CARETAS fue testigo de excepción de este acontecimiento y trata de contarlo en estas páginas.
Los 7 del Grupo de los 8 (menos Yeltsin) debatiendo sobre sus problemas y los problemas del mundo, entre ellos el de la deuda externa, un fantasma (derecha) que amenaza la estabilidad de muchos pueblos.
Bono, el líder de U2, y Ann Pettifor, de Jubileo 2000, empiezan a levantar la esperanza. Eran las 3 de la tarde del sábado 19 de junio.
Gerhard Schröeder, Tony Blair, Jean Chrétien, Mássimo D'Alema, Keizo Obuchi, Jacques Chirac y Bill Clinton escuchaban así la voz del pueblo, que en este caso quizás más que nunca era la voz de Dios. Fue Juan Pablo II quien predicó que el 2000 era el año del Jubileo y que, como en el antiguo Israel, debían aliviarse las deudas, lo que significaba mirar al FMI o a algunos gobiernos que aumentaron los intereses a quemarropa.
La coalición mundial "Jubileo 2000" (CARETAS No 1551) asumió el pleito, y llevó a Colonia estos días a miles de hombres, mujeres y niños, la mayoría, paradójicamente, provenientes de países acreedores (España, Holanda, Suecia, Canadá, Inglaterra, etc.). Sólo algunos entusiastas lograron "cruzar el charco", entre ellos Giomar, un muchacho brasileño que se vino desde Londres en bicicleta.
Asimismo, vinieron africanos, vestidos con sus colores escandalosos y envueltos en su habitual ritmo. Gritaban "Drop the debt!" al lado de filipinos sonrientes, felices con el alboroto ecuménico que se armó cerca del Dom Fórum, un centro de convenciones ubicado a tiro de piedra de la catedral de Colonia, donde funcionaba el búnker de Jubileo 2000.
También estuvo monseñor Luis Bambarén, quien junto con monseñor Oscar Rodríguez -ex presidente de la Conferencia Episcopal Latinoamericana- se convirtió en uno de los líderes eclesiales del movimiento. La campaña peruana fue modelo: organizada y puntillosa como si fuera alemana, y exitosa como un tigre asiático. Ningún país logró tantas firmas (casi 2 millones), ni tanta movilización social.
El sábado 19 las aguas se agitaron aún más en Colonia. Bono, el legendario líder del grupo rockero U2, comprometido con lentes y todo en la campaña, ya estaba en la ciudad y despertaba tumultos. Sería uno de los protagonistas de la gran cadena humana que se proponía envolver el Ludwig Museum y otros lugares aledaños, en donde se desarrollaba la Cumbre del G-8
El barco trajo la gran botella desde Londres, con muchos pasajeros. La consigna era la misma: ¡Drop the debt! ("anulen la deuda") hasta las últimas consecuencias.
Doce mil policías habían tomado la ciudad y lo controlaban todo, con mucha educación, pero también con perros y con enormes cámaras fotográficas y de vídeo. Había entre ellos varias mujeres, algunas tan encantadoras como las miles de Claudias Schiffers que uno podía encontrar en las tiendas, los restaurantes o vendiendo salchichas en la calle.
Al fastuoso centro de prensa de la Cumbre del Grupo de los 8 -equipado con computadoras, teléfonos, faxes, pantallas de televisión, todo absolutamente gratis- llegaban los trascendidos de la reunión. Al fin, el primer día se hizo un anuncio que parecía milagroso: Siete de los Ocho (menos Rusia) condonarían 70 mil millones de dólares a los países más pobres y endeudados, que hoy ya suman 41.
¿Era para alegrarse? Según el propio canciller Schröeder, era dinero que no esperaban recibir más, una cantidad que, como dijo Christiane Overkamp, vocera de Jubileo 2000, "ya no cuesta nada". Parte de esa deuda, además, correspondía a préstamos que iban a hacer el FMI y el Banco Mundial justamente para que se pueda seguir pagando.
En algún momento flotó la posibilidad de un anuncio más espectacular e incluso circuló especie de que el Perú, debido a su arrasadora campaña podía hacerse acreedor a alguna gracia. Pero ni en octubre ni en junio hay milagros en materia de deudas.
Si el Perú no quiere disolver -disolver- las esperanzas de ser beneficiado tendrá que cumplir con ciertos requisitos: invertir en salud y educación, impulsar estructuras democráticas, respetar los derechos humanos. No bastará con ser un buen pagador; habrá que demostrar que se respeta a la gente antes que a los números.
El sábado 19 la dupla Blair-Clinton propuso el Fondo del Milenio, una entidad que canalizaría fondos proporcionados por los 1,000 consorcios más grandes del mundo. A las 12 y 15 de ese día memorable, la comitiva eclesiástico-rockera-secular, integrada por Bono y monseñor Rodríguez, le entregó al canciller Schröeder un enorme saco blanco que simbolizaba los 18 millones de firmas que se recolectaron en todo el mundo.
Obispo hondureño Oscar Rodríguez declarando para CARETAS. Aboga por un Tribunal Internacional para Crímenes Económicos.
Dos horas después, más de 30 mil personas fueron marchando hacia el río Rin y otros sectores para iniciar la cadena humana de 9 kilómetros que envolvió a los locales donde se realizaba la Cumbre. Un bulllicio incontrolable de pitos, gritos, cánticos y matracas se apoderó de la ciudad por unos minutos, mientras por el Rin, un barco transportaba la enorme botella con la inscripción machacona: "Drop the debt"...
Sobre el puente que cruza el histórico río, miles de personas de todas las procedencias se plantaron y gritaron como si quisieran ser escuchadas no sólo por los presidentes sino, además, por los espíritus de las aguas. El rumor de distintas lenguas y sonidos duró unos 15 minutos y pareció, al menos por unos segundos, tener cierta armonía, como si clamara desde una sola voz: "Drooop the debtttt!!"
Al final del primer día de reunión, luego de haber almorzado parfait de esturión, filetes de rodaballo y pechugas de paloma, el Grupo de los 7 (Yeltsin aún no había llegado) señaló que la situación de América Latina era "alentadora" pero que todavía quedaban muchos desafíos por superar, que, a pesar de todo, había "confianza en los mercados".
Entretanto, en la puerta de la catedral de Colonia un vagabundo pedía limosna para él y su perro, a pesar de gozar de un subvención del Estado. Mientras, acá abajo, se pedía sólo un poco de dignidad, para que miles de niños no mueran anualmente en nombre de una deuda que muerde su vida sin misericordia.."Drooop the deeebt!!!".
Singular activista ecuatoriano presente en Colonia con su cruz y sus cadenas. En América Latina, la deuda externa asciende a más de 670 mil millones de dólares, pero solamente se ha incluido en el grupo beneficiado por la condonación a Guyana, Bolivia, Honduras y Nicaragua. El resto espera (esperamos) ser considerado. Para ello, países
como Japón deberán ponerse el kimono de la solidaridad, antes que apelar sólo al cálculo. De hecho, el gobierno japonés ha anunciado que, en el futuro, no otorgaría créditos a los países condonados. Aunque muchos de ellos ya se hayan hecho el harakiri sin darse cuenta.
