KOSOVO:
Mi Testimonio
Humberto Hurteaga, encargado de negocios del Perú en Yugoslavia y sus recuerdos de cumplir su misión en medio de la guerra.

Sur de Belgrado. Los bombardeos aéreos también cayeron sobre blancos civiles. El diplomático Hurteaga se reintegrará a sus funciones este fin de mes.

Escribe LUIS ALBERTO CHAVEZ

DURANTE el invierno, en Belgrado, el sol se oculta a las 3 de la tarde. Y no vuelve a salir, sino hasta las 9 de la mañana del día siguiente. Es una noche larga y muy fría que los serbios tratan de sobrellevar fumando.
Una de estas noches largas y pesadas, el 24 de marzo para ser precisos, Humberto Urteaga, encargado de negocios del Perú en Yugoslavia, saltó de la cama al escuchar sirenas antiaéreas. "Salvo en las películas nunca antes escuché algo parecido".
La OTAN había decidido iniciar las operaciones militares en la capital yugoslava. Era una decisión anunciada y previsible, pero nunca aceptada del todo por la gente común y corriente. Yugoslavia fue aliada de Francia e Inglaterra durante las dos guerras mundiales. No podrían atacar a una nación amiga como si fueran kurdos o iraquíes, se decia en calles y plazas de Belgrado.
Urteaga pensó en el instinto de conservación del pueblo serbio. Cincuenta años después de haber resistido la invasión alemana, su sistema de alarma seguía funcionando. Los principales centros de comercio, avenidas y edificios públicos, tenían aceitadas las puetas que conducían a los refugios antiaéreos.
"Este es un pueblo preparado para resistir", se dijo el diplomático.
En esa primera noche, los estruendos remecen no sólo estructuras; sacuden el lado más profundo del alma humana, desnudan la especie y revelan la fragilidad del hombre. El ataque múltiple contra una ciudad no es síntoma de fortaleza, sino al contrario, demuestra lo débiles que somos para negociar.
Los ataques continuados lograron su objetivo. Al poco tiempo se cortó el abastecimiento de provisiones. Se bombardeó puentes, fábricas y centrales de energía eléctrica.
Sólo 26 peruanos tenía registrada la embajada peruana en Yugoslavia. La mayoría, esposas de ingenieros y técnicos serbios que estuvieron trabajando en el norte del Perú en la refinería de Talara. Ellas se negaron a abandonar la ciudad. Hurteaga lñas recuerda diciendo no que preferían quedarse con sus esposos hasta el final. "Tienen más de veinte años viviendo en Belgrado, están mimetizadas con el ambiente".
Pero un día le llegó la noticia de que un niño apellidado Cava Popovic debía ser trasladado a Lima. El diplomático lo metió a su auto y se lo llevó a Budapest. Tuvo que desviarse hacia el oeste, hacia Croacia, tomando una vía secundaria, porque la principal había sido cortada. Dos horas después que llegó a Hungría se enteró por televisión que el último puente que tuvo que atravesar, había sido volado.
Las delegaciones diplomáticas de América Latina no se movieron de Belgrado. La embajada de Perú tuvo algunos remezones, pero no sufrió mayor daño, pero, vaya si se sintieron los estallidos. Dos días después de que cayera un misil a la embajada china, cuando se acusó a la CIA de haber entregado planos obsoletos de la ciudad de Belgrado, el encargado de negocios del Perú recibió una llamada extraña de Washington. La voz se identificó como de la National Imageny And Mapping Agency (NIMA). Y dijo:
- Llamamos para confirmar la dirección de la embajada y la residencia diplomática peruana. ¿Está en Vukovarska 3 y Senjak; y en Dragoslav Jovanica 13?
- Esa es la dirección. ¿Acaso van a enviar un regalo?-, bromeó el diplomático.
- No señor -respondió la voz-, llamamos precisamente para no enviarle uno.


© 1995 - 1999 Empresa Editora Caretas S.A.