La confrontación política empieza a adquirir ribetes nunca antes vistos. Por un lado, la propaganda oficial ajusta clavijas en torno al Programa Nacional de Apoyo Alimentario (Pronaa). El hambre de los sectores populares empieza a ser aprovechado para imponer a los comedores populares una nueva forma de organización. Por otro, el cerco contra el alcalde de Lima se estrecha cada vez más usando como punta de lanza a los ex trabajadores del Sitramun que la semana pasada rompieron el diálogo de manera violenta. Son las dos caras de una misma moneda: aquella que lleva impresa el rostro de la re-reelección.
Viernes 18, mediodía. Ex trabajadores del Sitramun actúan libremente contra la Municipalidad de Lima Metropolitana. La policía, bien gracias.
SABADO 19, debe ser el día más frío de la temporada. Al menos lo es aquí en Huaycán, donde una espesa neblina se cobija entre los cerros envolviendo casas y gentes. Sobre una losa deportiva, un grupo de mujeres disputa ardorosamente un partido de fulbito.
La escena no tendría nada de extraño, de no ser por esa parafernalia de color naranja -el color del partido de gobierno- montada desde primeras horas de la mañana por el Programa Nacional de Asistencia Alimentaria (Pronaa). De un camión han bajado mesas, toldos, algunas sillas de plástico, micrófonos, parlantes y una gran banderola naranja con letras negras que más tarde se colocará en un lugar dominante: "Presidencia de la República".
Desafiando el frío, las mujeres se han enfundado en vistosas camisetas para definir al equipo campeón de la zona. El premio no será un trofeo, o una copa, sino una bolsa de alimentos (3 Kgrs. de arroz, 2 Kgrs. de Frijol Castilla, una bolsa de leche y 1 Kgr. de harina de maíz). Hay también sayonaras y pelotas para las competidoras.
Todos los fines de semana, en diversos puntos de los conos de Lima se repite esta misma escena: banderolas que promueven al Jefe del Estado.
Desde comienzos de año, escenas parecidas se registran todos los fines de semana en las zonas populares de Lima. Son los comedores populares nucleados en torno al Pronaa -organismo dependiente del Ministerio de la Mujer- que acaban de constituir una red metropolitana a través de los comités distritales de centros de acopio.
"Estamos en un campeonato interdistrital; lo mismo que ve aquí se está desarrollando en Ate-Vitarte, Comas, San Juan de Lurigancho y Villa El Salvador", reveló un funcionario del Pronaa a quien todos trataban de "ingeniero".
Se trata de una maquinaria que no descansa. Los encargados de mover sus engranajes son los funcionarios del Pronaa, responsables de repartir mensualmente los alimentos.
Con el cuento de que el deporte ayuda a las señoras a confraternizar entre sí, estos promotores se acercan al sector más pobre de la escala social con un discurso que busca dejar en claro quién es el real benefactor de los alimentos.
Su trabajo no es de persuasión directa. Primero buscan ganarse la confianza de las mujeres de los comedores populares. Luego ubican a las lideresas entre las propias mujeres, y se acercan a ellas convirtiendo sus comedores en centros de acopio.
Los centros de acopio a su vez congregan un número determinado de comedores a los que mensualmente les entregan una dotación de alimentos.
Para un comedor que prepara 200 menúes diarios, por ejemplo, se reparte de manera gratuita: 6 sacos de arroz (300 Kgrs.), 1 saco de frijol Castilla (50 Kgrs.), 1 saco de trigo pelado (50 Kgrs.), 15 Kgrs. de manteca, 25 Kgrs. de harina de maíz, 5 paquetes de sal. Estudios realizados por diversas organizaciones no gubernamentales indican que estos productos sólo cubren el 20% de la ración alimenticia.
Al igual que en Huaycán, los cartelitos del Pronaa brotan como hongos en los sectores populares.
SEÑAL DE ALERTA
¿Trafica el gobierno con el hambre de esta gente? Es lo más probable. ¿Si no, de qué otra manera entender este afán -nada disimulado por cierto- por desaparecer todo vestigio de organización social para subsumirla dentro de una nueva maquinaria, aceitada por las arcas generosas de organismos del Estado?
La autonomía es un rasgo característico que define los comedores populares. Implica, en principio, no depender de nadie.
Sin embargo, desde noviembre del año pasado la Federación de Centrales de Comedores Populares (FECCPALC) detectó algunos síntomas preocupantes que apuntaban a vulnerar precisamente la autonomía de estas organizaciones sociales.
Funcionarios del Pronaa vienen promoviendo la organización de los centros de acopio, entidades distintas a los comedores autogestionarios. Exigen, además, cambiar los carteles que identifican a los comedores por otros de color naranja.
Pero el mes pasado, lo que eran quejas aisladas se convirtieron en denuncias mayores durante la realización de un encuentro metropolitano de comedores organizados en la FECCPALC.
En esa oportunidad, representantes de comedores populares de diversas zonas de Lima señalaron que las presiones del Pronaa aumentaron después del paro nacional del 28 de abril.
Los premios son bolsas de alimentos con arroz, frijoles, leche y harina de maíz.
"Las mujeres contaron que los funcionarios del Pronaa buscaban imponer nuevas directivas, pedían que se afilien en torno a los centros de acopio y que colocaran carteles naranjas con el nombre de sus comedores", señala Relinda Sosa, presidenta de la FECCPALC.
A la fecha, los centros de acopio vienen formando comités distritales de comedores populares, todos atendidos por Pronaa, con la finalidad de llegar a constituir una central metropolitana, primero, y nacional después.
Para eso es que se organizan encuentros deportivos como los descubiertos esta semana. No todos los comedores participan. Los afiliados a la FECCPALC, por ejemplo, no han acudido a este llamado. Cuando los comedores autogestionarios se niegan a seguir las indicaciones de los funcionarios del Pronaa, éstos responden: ¿Pero quién les entrega los alimentos: Pronaa o la Federación de Comedores?".
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Un informe de principios de los noventa realizado por "Cuánto" señalaba que el 41% de la población de estrato bajo que almorzaba fuera del hogar lo hacía en un comedor popular, y el 68% tenía acceso a un almuerzo con algún tipo de subsidio. Es muy probable que esta proporción aún se mantenga. De otro lado, según Apoyo, 58,2% de la población peruana pertenece al sector socioeconómico D.
41% de la clase D depende de los comedores populares.
Todo el accionar del gobierno está dirigido hacia esta gran masa empobrecida. No es pues gratuito la pretensión de contar con una red de comedores uniformados y dependientes de un organismo del Estado.
Cifras proporcionadas por el propio Pronaa señalan que a nivel nacional abastecen a 10.000 comedores, de los cuales unos 4.500 están ubicados en Lima y Callao.
Son estos comedores los que desde hace tres años preparan la torta gigante de cumpleaños para el Jefe del Estado. "Para esa fecha, el Pronaa nos da una ración extra de harina blanca y manteca; nosotros corremos con el resto. Horneamos el queque y lo llevamos al centro de acopio", contó una señora.
Es un contrasentido que en medio de la pobreza de esta gente se use el poco dinero que disponen estas familias de zonas populares en una frivolidad populista como la de celebrar de esta manera el onomástico presidencial.
En otras palabras, aquí no se trata de ofrecerle una torta al mandatario, sino que éste reparta la torta presupuestaria que maneja el Ministerio de la Presidencia. Porque ya sabemos eso de quien parte y reparte se queda siempre con la mejor parte.
