Tico Versus Tren Bala
En primer partido de la Copa América Perú y Japón se comportan a la altura de los símbolos que los identifican.

Por ABELARDO SANCHEZ LEON

ESTA Copa América ha sido muy esperada por los aficionados porque significa, en un principio, el tránsito del fútbol peruano hacia el camino de los éxitos: recuperar un sitial decente en el continente y alcanzar la clasificación para el Mundial del 2002. Ninguno quiere aprender más -aunque siempre se aprende- y lo que la dirección técnica desea es mostrar un cuadro cuajado, maduro, capaz de sobrellevar situaciones adversas. Si algún mérito tiene Juan Carlos Oblitas en todo este proceso es haber acompañado a los muchachos hacia este tipo de adultez.
La adultez no es una edad muy apreciada en el Perú. Todos desearíamos vivir una eterna adolescencia y pasar de golpe a la vejez. La adultez en el Perú es dura, sobre todo en una economía recesiva. Ella implica una responsabilidad y un sentido del deber que no va de la mano con la criollada de antaño, convertida hoy en informalidad, achoramiento, emergencia, ya sea en los estratos de poder hasta en los de la sobrevivencia pura: el destartalado taxicholo. Oblitas ha mantenido la seriedad y ha alejado a todos aquellos jugadores que representen el momento actual del Perú. Ciertamente es una tarea difícil, si tomamos en consideración que el símbolo de la vida en el Perú está encarnado en ese vehículo llamado Tico, hecho para prescindir de toda regla o consideración, muy consciente de que habita la mismísima jungla del Huallaga o del Cono Norte.

El Perú ha llegado a esta Copa América con un cuadro que ya no es adolescente y tampoco viejo; durante un tiempo, allá por 1982 y 1986, nos llamaban "matusalén". Llegamos a convertirnos en una selección vieja en un país de jóvenes. La renovación de ese ciclo nos ha llevado 15 largos años y todavía no tenemos la certeza de haber iniciado un nuevo ciclo de éxitos, aunque ellos sean relativos. Algunos jugadores, como Juan Reynoso, se lamentan de haber vivido durante aquel período desértico, en aquella tierra baldía, donde no alcanzaban ni siquiera a sumar un punto. Esa es la generación de los fracasados. La que le tocó vivir lamentablemente a José del Solar y a Percy Olivares. Hoy los más experimentados anhelan -como todo el país- salir de ese atolladero y alcanzar resultados dignos.
Iniciar el torneo enfrentando a Japón tiene todo un contenido simbólico. De alguna manera, lo japonés, para los peruanos criollos, encarna la disciplina y la tenacidad en aras de alcanzar la perfección. El tren bala, nada menos, es su símbolo. La rapidez, la concentración, la disciplina táctica, pero no tienen una tradición futbolística como nosotros, que sí la tenemos a pesar de los adversos resultados. Los peruanos amamos el fútbol, nos gusta jugarlo (aunque sea en pichanguitas cheleras) y verlo. Es el deporte nacional, por esa razón, ahora que una elite de nikkeis asume la responsabilidad de administrar el Estado peruano, había una necesidad vital de asentar la idiosincrasia criolla, tan venida a menos. El Tico y su malhumorado aliento es el símbolo del nuevo costeño, descamisado y mal alimentado, iracundo por cualquier paja suelta. Oblitas no acostumbra ser audaz, no se la juega, tiende a ser conservador, planifica en exceso más de lo mismo, insiste en Palacios y en Maestri, pero hoy tiene conciencia de dos cosas: su terquedad o capricho lo puede llevar al despido y que debe jugar con futbolistas que no representen el ánimo del símbolo Tico. Desde hace mucho tiempo que no se veía a una selección jugar con respeto y educación. Solamente dos tarjetas amarillas (la de Reynoso, inútil, costó el primer gol) y la de Jayo. Ningún jugador tuvo actitudes adolescentes. No hubo infantilismos. Esta selección ha asumido que no es ni de chiquillos ni de "matusalenes"; es, por fin, una selección de adultos.
Nadie como Oblitas le ha dado tantas oportunidades a Flavio Maestri. Es hora de que se las agradezca. La renovación a paso lento significa que los más experimentados sientan que no son los dueños del equipo; Ciurlizza puede jugar en lugar de Pereda; Pizarro, desde atrás, en lugar de Palacios; Holsen o Mendoza luchando el titularato con Maestri. Da la impresión que Oblitas así lo ha entendido.


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