Cómo Hacer Girar
...La Rueda de la Fortuna
Para salir de la crisis económica es necesario aplicar un creativo ajuste microeconómico que haga trizas el círculo vicioso.

Por JORGE CHAVEZ ALVAREZ*

PARA el gobierno la presente crisis económica es coyuntural y sus causas son externas, es decir que la culpa la tiene la crisis internacional. Así, al soslayar el carácter estructural de la crisis y el origen interno de sus causas, que son fundamentalmente de carácter microeconómico e institucional, el gobierno ha dictado medidas que no atacan el meollo del problema.
La crisis es estructural porque tiene como eje la subcapitalización de empresas y familias. ¿Qué puede haber dado lugar a esta subcapitalización en una economía en plena modernización, que crecía a un ritmo impresionante, con baja inflación, equilibrio fiscal y prudencia monetaria?
En realidad, la historia se parece mucho a la de los países asiáticos, donde la macroeconomía brillaba, mientras algo se pudría en la trastienda. Eran muchas de las empresas subcapitalizadas boyantes de crédito y de inversiones no rentables. Si antes del shock se empezaba a sentir cierto tufillo, para todos era tan familiar que no se le daba la mayor importancia. El shock cambiario nos sacudió el olfato, como vivir en Chimbote.
En el Perú ha pasado lo mismo. La subcapitalización de las empresas nacionales venía sedimentándose desde antes de la crisis rusa y brasileña, por el efecto combinado de una liberalización comercial abrupta, la mantención de impuestos antitécnicos y la expansión de la liquidez y el crédito en dólares hacia empresas cada vez más endeudadas e incapaces de generar dólares.
Así, la mayoría de empresas producía cada vez más, pero haciendo cada vez menos ganancias o generando mayores pérdidas. Y los márgenes unitarios decrecían por la mayor competencia, las tasas de interés se mantenían elevadas por el alto riesgo de impagos e iliquidez ante un shock externo y la carga impositiva se hacía cada vez más insoportable para las empresas, a despecho de un Estado que siguió engordando año tras año. Se fue así inflando un globo que en algún momento podía reventar. Hoy estamos justo a tiempo para evitarlo.

PARA SALIR DE LA CRISIS

Si la crisis es estructural, el remedio también debe serlo. Para que los agentes económicos se convenzan de que es posible retomar una senda de crecimiento de 5 a 7 %, sin asumir el riesgo de una recaída feroz, el remedio debe poder romper el círculo vicioso de la crisis y reconvertirlo en un círculo virtuoso de desarrollo sostenido.
El nervio central del círculo vicioso es la subcapitalización empresarial, entendida como pérdida de capital físico y know-how para ganar la batalla competitiva. Ese problema no se resuelve refinanciando deudas o canjeando cartera pesada de los bancos por bonos del Estado. Las refinanciaciones mejoran el perfil de pagos de las empresas que teniendo capital suficiente, presentan una alta concentración de sus obligaciones a muy corto plazo. Sin embargo, no alteran la condición de falencia de empresas subcapitalizadas. Un canje de cartera pesada por bonos como el decretado recientemente, puede ser un fino maquillaje de los estados financieros de los bancos, para liberarlos de realizar un esfuerzo mayor a fin de provisionar sus malas deudas, pero nada más.
La recapitalización de empresas y bancos debe ser la esencia de la estrategia de reactivación económica. El gobierno debe restablecer una credibilidad básica entre los agentes aunque el círculo vicioso se romperá y será sustituido por un círculo virtuoso capaz de restablecer el crédito y un crecimiento sano sustentado en tasas de interés más bajas y un dinamismo de la inversión consistente con un equilibrio macro y microeconómico.
Recapitalizar en un sentido amplio significa, entre otras cosas, aportes de capital, inyección de capital humano, dirección estratégica, reingeniería del negocio, calidad, excelencia, cultura competitiva. En buena cuenta no es otra cosa que el ajuste microeconómico que debió fluir de manera natural a lo largo del proceso de ajuste macroeconómico. A falta de ello, hoy es preciso promover los incentivos debidos, creando un mecanismo institucional ad hoc, transparente y de mercado.

  • Este proceso tiene que empezar por la restauración de la transparencia de la información empresarial y bancaria, y esto plantea un reto institucional para la Superintendencia de Banca y Seguros (SBS) y la Comisión Nacional Supervisora de Empresas y Valores (Conasev). Requiere también una dosis de realismo de banqueros y empresarios. De los primeros para reconocer que hay pérdidas que sencillamente tienen que ser reconocidas, condonando moras e intereses desmesurados, y de los segundos, para tomar conciencia de sus carencias gerenciales y de la necesidad de abrir la firma y compartir riesgos con el público.
  • El siguiente eslabón es la creación y promoción de Fondos Privados de Reestructuración Empresarial que comprarían la cartera pesada de los bancos a precios de mercado, capitalizarían deudas e inyectarían capital, know-how y tecnología en las empresas viables en problemas, facilitando una liquidación ordenada y económica de aquellas no viables. Estos fondos se constituirían con aportes de inversiones nacionales y extranjeros, de los propios bancos y el Estado a través del Cofide, contando como respaldo fundamental de una entidad especializada, profesional multidisciplinaria y especializada en reingeniería financiera y de negocios.
    A diferencia de los bancos, cuya organización está especializada para atender necesidades de crédito comercial de corto plazo, estos fondos podrán realizar una profunda reorganización empresarial (fusiones, absorciones, joint ventures, etc.), buscando su fortalecimiento patrimonial con el concurso de nuevos inversionistas. La gran ventaja de este esquema sobre el canje de cartera pesada por bonos del gobierno es que ataca directamente el meollo del problema, que es la falta de capacidad de pago y competitividad de las empresas.
    Al promover la creación de fondos y compartir riesgos con otros socios privados, los bancos accederían a utilidades y, además, seguirían haciendo negocios con las empresas transformadas, beneficiándose doblemente.

    LOS TRES SESGOS

    Pero la estrategia requiere de la corrección de tres sesgos negativos que vienen atentando contra la viabilidad del programa económico: el sesgo dolarizador, el sesgo antiexportador y el sesgo estatizante.

  • El primer sesgo debe atacarse con un Programa de Desdolarización. A pesar de los signos favorables de recuperación observados en Asia y Brasil en el segundo trimestre existe aún el riesgo de futuros shock externos. El drama fiscal de Brasil es estructural y las tasas de interés en EE.UU. van al alza. Rusia es una caja de Pandora y China una bomba de tiempo que puede estallar hacia el 2001. En este contexto, mantener un régimen bimonetario es como pararse en medio de una avenida de alto tráfico: en cualquier momento puede quedar uno hecho papilla.
    Lo sensato sería dolarizar la economía nacional por completo, o desdolarizarla. La primera alternativa por el momento debe descartarse mientras Estados Unidos sea renuente a que su Reserva Federal actúe como banquero de última instancia. La segunda alternativa está a la mano y supone una política concertada entre el BCR, el MEF y los bancos, orientada a desdolarizar los créditos y depósitos, apoyada en una flexibilización de la emisión primaria. Esta política implicaría poner restricciones a la entrada de capitales de corto plazo, para retomar la capacidad de regulación de la líquidez total.
  • El sesgo antiexportador se combate con un Programa de Promoción de la Competitividad Exportadora. En lugar del tradicional premio al simple valor exportado, este programa incentivaría directamente la construcción de bases sólidas de competitividad microeconómica. El presupuesto de Prompex tendría que al menos cuadruplicarse, además de articular dentro de una misma estrategia promotora la labor de PromPerú.

  • El sesgo estatizante sería eliminado con una Reforma del Estado integral que tendría que iniciarse de inmediato, para liberar recursos que permitan eliminar los impuestos antitécnicos e impulsar la competitividad. De un Estado `todista', que todo lo puede, se necesita pasar a un Estado `catalizador', que moviliza las capacidades de la iniciativa privada. De un Estado `paternalista', que todo lo da desde arriba como maná que cae del cielo, a un Estado `participativo' que promueve el sentido de responsabilidad para gastar, de un Estado `monopolista' que concentra funciones y responsabilidades de carácter exclusivo, a uno "abierto y flexible" que integra a la sociedad civil y genera consensos para subir peldaños de eficiencia y competitividad.

    EL CORTO PLAZO

    Mientras las estrategias de fondo como las esbozadas van tomando cuerpo, el programa económico de corto plazo necesita flexibilizarse para evitar un colapso prematuro empresarial o una crisis bancaria abierta. El programa está entrampado y para desentramparse requiere algo más que anuncios de estrategias de fondos. Necesita una dosis de sentido común: reducir la meta de superávit primario de 0.9 % del PBI, a quizás 0 %, para permitir una expansión del gasto en el orden de US$ 600 millones. Estos fondos podrían canalizarse en parte a ampliar el programa Mivivienda y el de Caminos Rurales, con la finalidad de impulsar los efectos multiplicadores de la construcción.

    Paralelamente debe reestructurarse el gasto aplicando un Programa de Austeridad del Gasto Público, con restricción del gasto en publicidad estatal, de control del rentismo y la corrupción en las compras y contratación estatales, y de racionalización del componente corriente de los proyectos de inversión.
    También ayudará a facilitar la salida a la crisis aplicar un Programa de Refinanciación de Deudas Tributarias, incluyendo todos los conceptos de deuda y eliminando el cobro de moras acumuladas. El impacto contractivo en el flujo de caja del Tesoro se compensaría con un control más estrecho del comercio informal, y una lucha frontal al contrabando.
    La gravedad de la situación ameritaría que una estrategia como la sugerida cuenta con el soporte de todos los sectores políticos y gremiales, a través de un acuerdo de punto fijo al estilo del Pacto de Moncloa que le permitió a España su tránsito a la democracia.

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    *Jorge Chávez Alvarez, economista, es presidente del grupo Maximixe. Fue presidente del BCR entre 1990 y 1992.


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