Brasil Pesa
Fernando Henrique Cardoso es un mandatario diferente. Gigante del Hemisferio Sur, Brasil es gobernado por un sociólogo que estremeció a los conservadores de los '60 y los '70 y ahora se abre al mercado y el antiestatismo, pero condena la "globalización asimétrica" y el proteccionismo de las grandes potencias.

En Lima, firma cordial. Pero adhiere sin reservas a la Corte Interamericana.

POR fin ha estado en el Perú Fernando Henrique Cardoso, el presidente de Brasil, llegado sobre todo en afán de celebración de la paz entre el Perú y Ecuador, a la cual su país contribuyó decisivamente.
El mandatario que llegó el martes y parte esta noche no ha podido, sin embargo, completar su itinerario, que incluía a Ecuador. Las turbulencias que acosan al presidente Jamil Mahuad impidieron concretar esa visita.
En mayo último, nuestro ilustre visitante tenía todo dispuesto para asistir a la colocación del último hito en la frontera entre el Perú y Ecuador; pero a última hora tuvo que desistir, debido a problemas políticos internos. Un escándalo surgido a raíz de que el Senado de Brasil investigara al entonces presidente del Banco Central de ese país por maniobras financieras en colusión con bancos privados, impidió ese viaje. Esto hace recordar que José Sarney, entonces presidente de Brasil, no pudo asistir en diciembre de 1988 a la inauguración, junto con Alan García, de la Central Hidroeléctrica de Charcani, Arequipa, por conflictos sociales en Brasil. Sin embargo, en julio de 1987, sí se había reunido con García en Lima. Antes, en junio de 1981, el presidente Fernando Belaunde había recibido la primera visita de un primer mandatario brasileño al Perú, la de Joao Figueiredo.
En todo caso, la visita de Cardoso ha servido para reavivar sentimientos de amistad que hunden sus raíces en la entraña de nuestra historia común, y para ratificar la admiración que nuestro pueblo siente por un suelo en que han nacido, aparte de victoriosos campeones del fútbol, una potencia económica que es la mayor de América Latina (que por sí sola obtiene el 40 % de toda la producción de Latinoamérica) y una convivencia humana que ha creado, según lo definió nuestro insigne historiador Raúl Porras Barrenechea, "uno de los más altos niveles de felicidad que conoce la civilización occidental".

El arte alegre de las máscaras que ornarán el carnaval. Abajo: la bien ganada Copa América de Fútbol. La sostiene Rivaldo.

Lo dijo Porras en un discurso memorable el 28 de noviembre de 1957, en el Senado del Perú, a raíz de la visita del ilustre canciller carioca José Carlos de Macedo Soares.
El presidente Cardoso es un hombre de otra orientación académica y otra ideología respecto a Macedo Soares. Proviene él de la izquierda que en las décadas de los '60 y '70 acuñó la teoría de la dependencia, que ha recomendado olvidar. Es hoy prominente miembro de la socialdemocracia.
En el gobierno, primero como ministro de Relaciones Exteriores y luego de Hacienda, y después como presidente de Brasil, introdujo virajes económicos que incluyen la lucha contra la inflación y el estatismo, así como la apertura comercial y financiera.
No es, sin embargo, un neoliberal. Hace sólo tres semanas, en la Primera Cumbre de la Unión Europea, América Latina y el Caribe condenó la "globalización asimétrica", que, dijo, hace que los países menos desarrollados abran sus economías a las inversiones y al comercio de los más desarrollados, en tanto que los países ricos aumentan el proteccionismo.
El mandatario carioca llegó acompañado de sesenta empresarios de su país. Aunque no somos socios mayores, como lo es Argentina, nuestro intercambio comercial ascendió a US$ 561 millones anuales en 1998. Ese año, mientras las exportaciones brasileñas se mantuvieron estables, las nuestras disminuyeron. Ello se debió a la caída del precio de los minerales y al fenómeno `El Niño'. En todo caso, hasta ahora nuestro comercio con Brasil es deficitario. Eso abre de por sí posibilidades de ensanchamiento. En el horizonte está Camisea, que puede suministrar gas al sureste de Brasil. La ruta transversal del Atlántico al Pacífico a través del Perú sigue siendo una baza para ambos países.
En lo interno, Cardoso es el hombre que logró un cambio en la Constitución de su país para viabilizar su reelección. Pero lo hizo sin romper la institucionalidad, y respetando las reglas del juego electoral, que obligan al Presidente a no inaugurar obras mientras está en campaña.

Un abrazo por la paz con Ecuador.

Brasil, una civilización. Es decir, una cultura, un modo de ser. No en vano es la tierra de Jorge Amado y de Joao Guimaraes Rosa, y de la bossa nova y la samba, del carnaval y las telenovelas tan victoriosas como Rivaldo. Y asimismo, no por azar Mario Vargas Llosa, nuestro narrador más laureado, ha escrito La guerra del fin del mundo, que no tiene por escenario al Perú, sino a Brasil.
Más allá de las cortesías del protocolo de la visita presidencial, cabe agregar que Brasil firmó en diciembre último, junto con México, el otro grande de América Latina, la Convención Americana de Derechos Humanos y se ha adherido, sin reservas, a la competencia de la Corte Interamericana.
Debe recalcarse asimismo que en la Cumbre entre Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina, el Caribe y la Unión Europea, realizada el 28 y 29 de junio último en Río, el Brasil, bajo la influencia indudable de un personaje como Cardoso, firmó la Declaración que ratifica la voluntad de defender los derechos humanos, la democracia representativa y participativa, y el Estado de Derecho.
En medio de conflictos, amagos y triunfos, Brasil es, pues, un gigante cuyo paso gravita en el destino entero de nuestra América.


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