¿El Innombrable o el Sátrapa?

Por LORENA TUDELA LOVEDAY

PUCHA, yo no quiero pensar mal de nadie, ¿ya?, pero el otro día tuve que ir al centro de Lima con la tarada de la Maripí Pinillos, y se nos ocurre sentarnos a tomar un café en Escribanos y nada, ahí andábamos las dos, en un chisme babilónico sobre el santo de Sonia Goldemberg, cuando en eso veo que se acercan dos tipejos con cara de cóndores sudamericanos y sus típicas guatas cheleras, con una enorme torta de crema blanco sucio en las manos de uno de ellos. Yo los vi y pensé, "se van al quinceañero de la ahijada Jackquelinne's, qué envidia, cómo me gustaría ser tan feliz con tan poco", cuando en eso, pucha, uno de los churrupacos levanta el tortón y se lo clava de frente a la Maripí en la cara, hija, antes de salir gritando:
- "¡Ladrillo, concreto, viva el búfalo Barreto!".
Hija, el cague de risa que me vino de ver a mi amiga sentada de lo más parisina ella en un bistrot limeño, embadurnada de merengue de pastelería aprista, o sea, le produjo a la pobre tal mal humor que cuando me puse seria y le pregunté si no le parecía que esos dos lorchos habían sido Vásquez Bazán y Gonzales Pagoda (¿así no se apellida?), sólo atinó a sacarse una taza de crema del pecho y amasarla en mi pelo recién cortado.
Bueno, pasó, yo pensé que había sido un error, o sea, explicable en estos tiempos hija de tanta crisis y desempleo, pero cuando al día siguiente veo en las primeras planas al pobre Popy Olivera en la misma situación que Maripí, empecé a entender...
A los pocos días tuve que ir nuevamente al centro, esta vez con mi amigo Stephan de la Fresange, que está en Lima. Si recuerdas, Stephan es este arquitecto súper GCU, hija, del que mis horribles amigos machistas limeños dicen que cuando se tira a la piscina se hacen burbujas en el agua. Bueno, quería que mi íntimo amigo viera una talla de Santa Bárbara del siglo XVI que hay en una hornacina de la catacumba menor del convento de Santo Domingo y regio, nos fuimos para allí.

Bueno, qué crees, estábamos cruzando cerca de Palacio cuando en eso veo a dos de esas ataucusis con sus velitos celestes, pucha, que venían en dirección a nosotros, llevando una de ellas en las manos: ¡una tortaza de crema!
Pero claro, como una sola vez capan al gato, pucha, apenas vi lo que se venía le mandé a Stephan un empujón de tal magnitud que terminó en brazos de un policía municipal (y después me costó un trabajo de negros separarlo), mientras yo pegaba un súper salto gracias a lo cual el tortazo le cayó a un pobre empleado bancario que venía atrás, hija, pero qué le vamos a hacer, ése fue el costo social de que no nos tocara la agresión de la dictadura, y te lo digo con toda certeza porque a la hora que las dos ataucusis se fueron corriendo, yo las pude ver bien y estoy segura que eran Martucha, ag, y la Salgado.
La tercera vez yo había quedado en sacar a pasear a mi tiíta Ana Teresa Barreda de Moreyra, hija, que fue íntima de Piérola. Bueno, yo por ella soy capaz de hacer lo que sea, por eso cuando le dije para salir me contestó:
" Muy bien, hijita, vamos a la Botica Francesa y después Casa Welsch para ver si tiene el repuesto de mi lámpara inglesa de escritorio que le regaló Candamo a tu tío Luis Javier".
Hija, te imaginas lo que fue explicarle a la tiíta que esos calzones rosado chicle que venden en lo que fue la Casa Welsh son el presente del futuro Perú, pucha, fue una faena, y en ésas estábamos cuando sobrepara un Tico del que emanaba un hedor a silla de comisaría de los bravos y del asiento de atrás surge un peruano oprimido esgrimiendo... ¡una tortaza de crema! Bueno, esta vez la pagana fue mi pobre titíta, hija, que terminó hecha un guargüero pero como su mente anda ya en otra, comentó:
- "Oye Fernando, cuando estábamos chicos los helados de la Botica Francesa no eran tan grandes, ¿no?"
Bueno, te decía que yo no quiero sacar conclusiones apresuradas pero dime, ¿no crees tú que todo esto es un complot contra una, acordado por El Sátrapa en alianza sudamericana con El Innombrable? Te juro, la cosa está para buscar embajada, ya te cuento a cuál me voy. Chau, chau. (Rafo León).

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