
Por AUGUSTO ELMORE
LA captura del denominado `Feliciano' ha constituido un evidente éxito del gobierno, y del Presidente Fujimori que, como acostumbra, no ha dejado pasar la ocasión de sacarle dividendos (¡ni tonto!). Pero como se dice desde el milenio pasado, al César lo que es del César. Y es en verdad el Perú el que se felicita, porque el cerco alrededor de los remanentes de Sendero, hoy Mar Rojo, se estrecha cada vez más. Así quizás algún día los peruanos podamos dormir en paz. Y entonces nadie tendrá la oportunidad de atribuirse la función de César, ni tampoco la de Dios.
Pero, hay que decirlo sin regateos, mucho de lo que se logra en ese sentido es debido a la decisión del Presidente de la República, que parece poner todo su empeño en la tarea. Esto no es un halago, como los de Laura Bozzo, que conste. Es una justa y simple comprobación de la realidad.
Ojalá que esa captura feliz no constituya una patente de corso para que alguien piense que en el Perú puede hacer lo que le da la gana. Mientras existan problemas tan tremendos como el desempleo y la miseria extrema nadie puede cantar victoria. Aunque suban sus puntos en las encuestas.
El Partido Aprista, encabezado por Jorge del Castillo, ha venido realizando marchas por todo Lima en protesta por la ley que impide la postulación de Alan García Pérez por tratarse de un reo calificado como contumaz. Aparte de su derecho a la protesta, y el de Alan García de sentirse frustrado por dicha ley, la organización del Apra jefaturada en la práctica por Del Castillo es indubitable. Por eso deberían recaer en su persona (como personero evidente que es) las multas que la ciudad de Lima debería aplicar a los autores indudables de las pintas con las que amenazan con que Alan García Vuelve, que han estropeado tantos muros. Si hubiera alguna duda de quién las ordenó, vaya y pase. Pero en este caso la cosa es evidente. A multarlo, pues.
Lo mismo digo de las marchas de los miembros del Sindicato de Construcción Civil, que ya han hecho una costumbre el cometer desmanes. Y la prueba de que cuando salen a la calle a manifestar están dispuestos a cometerlos, es que la mayoría de sus huestes está premunida de garrotes y hasta varillas de acero. Hace poco asaltaron en la Av. La Marina a una pareja de jóvenes esposos a los que les destrozaron el auto e hirieron, como si ellos tuvieran alguna culpa de lo que pasa en el país. En adelante la autoridad -salvo que esté coludida- debería entablar una demanda a los dirigentes de construcción civil responsabilizándolos por los desmanes de sus mesnadas.
Las siglas que inventan algunos movimientos son de mamey. A fin de que puedan leerse y a la vez significar algo, sus seguidores son capaces de cualquier adefecio y de forzar la gramática y el sentido común, como llamar FIJO: Fuerzas de Integración Juntos con Orgullo, al que lidera don Máximo San Román. Será FIJO, pero fijo perdedor.
Y ya que estaban han podido también ponerle GOL, es decir: Gente Orgullosa... este...: ¡Limpia! ¡Gente Orgullosa Limpia: GOL!, ¡qué mejor sigla para un movimiento con aspiraciones! o, si no, FUERTES, esto es: Firmes, Unidos, Enérgicos, Revolucionarios, Tontos, (nó, Tontos no), mejor Temperamentales de Economía Solidaria, ¡ya está: FUERTES! ¡Qué bien suena! De allí a la presidencia, de FUERTES o de GOL, sólo hay un paso, mejor dicho un traspié.
La prensa en general y la televisión en particular no han informado suficientemente sobre el milagro ocurrido en La Victoria: la transformación de la atiborrada y lumpenizada Gamarra en paseo ciudadano. Allí, en donde casi era imposible caminar -uno y su guardaespaldas, digo-, ahora se puede hasta ir de paseo y comprar en los nuevos locales que antes ni se veían detrás de la multitud de ambulantes que repletaban la famosa calle victoriana. El porqué no ha aparecido ningún gran reportaje televisivo se explica por el hecho que el alcalde que lo hizo es de Somos Perú, Jorge Bonifaz. El ha demostrado que hasta en La Victoria ocurre de vez en cuando algún milagro.
Las autoridades aeronáuticas norteamericanas carecen de moral, no de otra forma se entiende que hayan nombrado como línea de bandera de carga a la empresa Fine Air, que consumó el vil contrabando de armas de Argentina al Ecuador, perjudicando seriamente al Perú en plena guerra. Y no solamente han favorecido a esa empresa contrabandista de armas sino que a la vez han extorsionado al gobierno del Perú, torciéndole el brazo para hacerle aceptar, bajo amenaza, que dicha línea aérea venga y haga negocios en el Perú. Esa línea será de bandera, pero de bandera pirata, con calavera y tibias cruzadas. ¡Vergonzoso!
El país está polarizado. Aquel que lo despolarice, buen despolarizador será.
