

Por FERNANDO ROSPIGLIOSI
Cambio Esperado
SIalgún cambio era previsible en el juego de ruleta en que se ha convertido la designación de mandos del Ejército, es el del general César Saucedo por el general José Villanueva. Saucedo, un hombre de paja, sólo fue utilizado para reemplazar temporalmente al general Nicolás Hermoza, defenestrado abruptamente en la emboscada que le tendió Vladimiro Montesinos el 20 de agosto de 1998.
La salida de Hermoza, precipitada por su oposición al acuerdo con Ecuador en el contexto de fuertes presiones norteamericanas, rompió el equilibrio del triunvirato que había gobernado desde 1992. Montesinos, el jefe real de los servicios de inteligencia, movió rápidamente sus fichas y puso de inmediato a sus allegados en casi todos los puestos de mando del Ejército.
Cinco de sus compañeros de promoción ocuparon las cinco primeras regiones militares. Y la sexta le fue entregada al general Juan Yanqui, artillero y paisano de Montesinos, que se hizo célebre por los ditirámbicos elogios que prodigaba a su jefe en los brindis que realizaban en el Servicio de Inteligencia Nacional, donde Yanqui laboró varios años.
Así, Montesinos tomó directamente, después de agosto de 1998, el control de todas las posiciones claves del Ejército. Sólo le faltaba apoderarse de la Comandancia General. Pero eso era sólo cuestión de tiempo, pues Saucedo carecía por completo de fuerza. El mismo era un débil y mediocre oficial, que llegó a ese cargo circunstancialmente. Y no controlaba ninguno de los resortes del poder, ocupados por los allegados de Montesinos.
En realidad, fue por eso que Montesinos ubicó allí a Saucedo. Para no hacer demasiado obvio e irritante su dominio apenas caído Hermoza y porque Saucedo no representaba ningún peligro. Podía ser desechado en cualquier momento, como acaba de ocurrir.
Que esta historia estaba cantada, lo demuestra lo que dijo CARETAS hace tres años, cuando anunció en portada "En 1997 llega la Promoción Montesinos". De hecho, en ese momento los ascensos y las movidas en el Ejército ya prefiguraban lo que vendría después. En el artículo se decía que "José Villanueva Ruesta, artillero y compañero de Montesinos, podría ser comandante general". (Jimmy Torres y Fernando Rospigliosi, "El ´97 Viene la Promoción de Vladimiro", CARETAS, 5 de setiembre de 1996).
Por supuesto, Villanueva no ha llegado a ese puesto por sus méritos profesionales sino por los intereses políticos que son los que determinan ahora los ascensos y la designación de cargos.
Antes, cuando en el Ejército todavía se respetaban los méritos, las reglas y las tradiciones, jamás un militar que estaba desempeñando un puesto político -como es un ministerio- pasaba directamente a ocupar la Comandancia General.
Incluso durante la dictadura militar 1968-1980, en la que todos los ministros eran militares, aquellos a quienes correspondía ocupar los cargos de mando en el Ejército, dejaban los puestos políticos y se reintegraban a la estructura de su institución, para ocupar la jefatura de Estado Mayor y luego la Comandancia General.
Pero esas sanas normas y tradiciones castrenses, producto de la experiencia y del aprendizaje, se han quebrado completamente en la nefasta era Montesinos. Ahora ocurre cualquier cosa, como el general Hermoza ocupando la comandancia general durante casi siete años, reemplazado por un oficial como Saucedo que era ministro de Defensa, quien a su vez es sustituido por otro que también se desempeñaba como ministro.
Los cambios se suceden ahora también en fechas imprevistas. Antes de Montesinos, los ascensos y designaciones siempre se efectuaban a fin de año.
Y a comienzos del siguiente los nuevos responsables tomaban posesión de sus cargos. Había orden y previsibilidad, elementos fundamentales en una institución castrense. Ahora los cambios se producen constantemente y en cualquier momento.
Como es evidente, no existe ninguna razón profesional para ello, sino únicamente motivaciones políticas. Esa patológica inestabilidad afecta profundamente la ya desvencijada institucionalidad del Ejército. Pero es funcional a los objetivos de la camarilla que lo domina.
En suma, el círculo se ha cerrado y Montesinos ha hecho realidad el sueño que acarició desde 1974, cuando logró ubicarse como asesor del entonces Comandante General, Edgardo Mercado Jarrín. Ahora ya no sólo influye en el poder tras bambalinas, sino él mismo detenta el poder por interpósita persona.
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