
Las Fiestas Patrias no sólo traen el colorido de calles embanderadas y los desfiles militares, también los discursos presidenciales, distinguidos, floridos, inflamados, sosos o para el bostezo, estos mensajes se han ganado un lugar en las festividades de julio. Los tiempos pasan y lo único que no parece haber cambiado son las promesas al viento lanzadas en los discursos presidenciales. Las hay de todo tipo, desde elementales ofrecimientos de mejora económica, hasta ofertas abstractas como derrota de la pobreza, lucha contra la corrupción o defensa de lo conquistado por el pueblo. Desde Manuel Pardo hasta Fujimori, la historia se repite.
Manuel Prado: ofreció legalizar al Apra, pero se guardó la promesa.
EN un país como el nuestro, donde las crisis políticas y económicas han sido una constante, el mensaje presidencial creó siempre la esperanza de que por fin se diseñen los lineamientos para alcanzar la patria grande. Desde los tiempos de Manuel Pardo, que llegó al poder cuando los millones del guano ya se habían despilfarrado, los mensajes fueron alentadores, aunque muchas veces sus programas no pasaron de una buena intención. El día de su ascenso, 2 de agosto de 1872, Pardo prometió "la República práctica, la República de la verdad". Pero los vientos eran ya borrascosos para alcanzar ese ideal.
El 8 de setiembre de 1895, Nicolás de Piérola dice en su mensaje, breve pero sustancioso: "Harto de daño, con la voluntad omnipotente de un pueblo que quiere su salud, el Perú, levantándose resuelto, puso término ejemplar a los horrores del año último, y cerrando, para no volver más, un período de setenta años de dolorosas enseñanzas, de propio movimiento, ha escogido los obreros que levanten, sólido y majestuoso, el edificio de la República. Este es nuestro mandato".
1987: Alan García anuncia la estatización de la banca.
Volteando el siglo, el 8 de setiembre de 1903, Manuel Candamo anunció, en su único mensaje, pues fallece un año después, que por encima de todo ingrato recuerdo de la pugna con los adversarios de ayer, buscaría actitudes, merecimiento y decisión de cooperar a la obra de mejoramiento nacional emprendida durante los dos últimos períodos presidenciales.
Al ceñirse la banda presidencial, en 1914, Guillermo Billinghurst anunció un gobierno nacional ajeno a las sugerencias partidarias y al influjo de los círculos; con gran énfasis, anticipó el gasto honrado de los caudales del fisco y, además, un "gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo". Dos años después sucumbiría ante la fuerza de las armas.
En su gobierno provisional, iniciado el 4 de julio de 1919, Augusto B. Leguía es el primer presidente civil que no lee su mensaje en el Congreso, pues, al llegar abruptamente al poder, lo disuelve.
En su mensaje de 1939, Prado desencantó a sus electores, especialmente apristas, guardándose en el bolsillo su promesa de dar amnistía política. En cambio, Bustamante y Rivero concedió la ley del perdón, aunque en ese ideal se adelantó el Congreso, dando así la primera clarinada de la descoordinación entre el Ejecutivo y sus socios apristas. Salieron entonces de las cárceles cientos de apristas.
Por su lado, Manuel A. Odría, al "constitucionalizarse" en el poder, anunció: "La mano firme de mi gobierno, con la colaboración de la ciudadanía, espera conducir a la patria por el amplio y luminoso camino de la cultura, de la grandeza material y la democracia". Ni una ni otra promesa se cumpliría en su gobierno, excepto, claro está, lo de "la mano firme".
Sus más fieles seguidores llamaron a Odría "El general de la alegría", no precisamente por sus discursos, como puede verse en su ceñuda audiencia de al lado. Derecha, Velasco nunca hizo anuncios dramáticos en 28 de Julio.
Pero en 1963 ocurre algo que asombró al país. Belaunde pronunció su mensaje, por primera vez en la historia, sin papel en mano, mostrando una memoria prodigiosa. Anunció el cabildo y elecciones municipales. A su retorno a Palacio, en 1980, concedió la amnistía y devolvió a sus dueños los diarios incautados.
Los mensajes del general Juan Velasco para Fiestas Patrias guardaron un parecido con los de Fujimori. Como lo explicó CARETAS 481, "hasta hoy, con una sola excepción, las grandes leyes de este régimen no han sido anunciadas en el Mensaje Presidencial". Algunas de las medidas más arbitrarias se dieron sin aviso previo. Por ejemplo, la expropiación de los diarios (ver CARETAS 502: la revista acababa de salir de una de sus clausuras bajo el velascato y, entretanto, se había producido la captura de los cotidianos de circulación nacional).
Después del segundo período de Belaunde, Alan García incluyó en su mensaje presidencial varios proyectos de ley; anunció que no se dedicaría más del 10% del valor de nuestras exportaciones al pago de la deuda externa y que reduciría la compra de una escuadrilla de Mirages 2000, de 26 a 14 unidades. La bomba mayor de sus mensajes la soltó el 28 de julio de 1987, cuando entregó al Parlamento el malhadado proyecto de estatización de la banca privada, que provocó una airada reacción ciudadana.

