

Plano Cubano
Diálogo con Humberto
Solás y Pastor Vega, invitados al III Encuentro
de Cine de la Católica.
Pastor Vega (de pie) y Humberto Solás encarnan la historia del cine cubano.
TRAS el deceso de Tomás Gutiérrez Alea en 1998, Humberto Solás (1941) es el cineasta con más lustre en la isla. Tras su mítica "Manuela" (1966), "Lucía" (1968) alió 3 historias de mujeres homónimas en épocas calientes de Cuba -las cargas al machete, las revueltas contra Machado y la revolución castrista- y el resultado tuvo toques épicos, líricos y, por ratos, de un insólito verismo documental. Luego, Solás de alguna manera se desencantó, concentrándose en personajes burgueses aquejados de un sutil decadentismo, pero manteniendo la sobriedad de estilo y rigor conceptual que se aprecian en "Un hombre de éxito" (1986) o en "El siglo de las luces" (1995).
Pastor Vega (1940) fue el anfitrión del cine cubano durante la década que le tocó dirigir el Festival de La Habana, pero más allá de esa presencia oficial encontramos a un cineasta apasionado por la dirección de actores -como que es el único de su generación que viene del teatro- y singular en su acercamiento intimista a personajes femeninos no necesariamente atorados en el tráfico ideológico, como los que encarna su esposa y actriz-fetiche Daisy Granados en "Retrato de Teresa" (1979), en "Habanera" (1987) y en "Las profecías de Amanda" (1999).
Solás y Vega merecen muchas entrevistas por separado pero los reunimos para que sus respuestas, a veces discrepantes, comentaran algunas tensiones del nuevo cine.
Estamos en los tiempos de las co-producciones, ¿el cine cubano esta condicionado por ellas?
-HS: Tenemos una tradición de co-producir, el cine cubano necesita participar de otros mercados y siempre ha buscado las joint-ventures...PV: Sí, pero antes Cuba se ofrecía a co-producir, ahora es al revés, hay que buscar quién nos co-produzca.
-Dejando a un lado la producción, hay una tensión peculiar en el cine cubano y que se ve claramente en "La vida es silbar" de Fernando Pérez. Es el apelar al relativismo de símbolos y humor, para decir poco queriendo decir mucho...
Daisy Granados en "Las profecías de Amanda" de Pastor Vega.
-PV: Hay varias tendencias, tantas como autores. A veces coinciden, pero no es lo habitual. Pérez es coherente consigo mismo, empezó con un filme clásico como "Clandestinos" y de allí su estilo se complejiza hasta reventar. Utiliza más símbolos literarios que cinematográficos y eso lo hace un tanto oscuro. No creo que sea una estrategia para entrar en relación con cierta posibilidad de censura. HS: Discrepo un poco. Hay una tradición de la comedia cubana que, fuera de la línea realista clásica, ha asimilado símbolos y formas de relato en clave. El autor se siente más refinado allí, siente que está trasgrediendo reglas de oro, vive la ilusión de estar en la cacareada posmodernidad... El autor quiere escapar del discurso frontal y hacer un discurso oblicuo, elíptico.
-¿Gutiérrez Alea cabalga en las dos monturas?
-PV: Sí, Titón tiene de los dos registros. Tiene películas en clave. HS: En Titón predomina una línea realista, es muy riguroso al sujetarse a los cánones narrativos. PV: Todas estas combinaciones y muchas más ya están en Aristóteles. En el cine cubano existen estas dramaturgias básicas y hay un gran aporte que es la violación de los géneros y el mestizaje de documental y ficción, la dramaturgia del testimonio que inunda y se aproxima a la realidad. 3 películas de la misma época lo demuestran: "Memorias del subdesarrollo" de Titón, "La primera carga al machete" de Manuel Octavio Gómez y, aunque Humberto probablemente no esté de acuerdo, el último cuento de "Lucía".
-¿Qué hizo de ese momento algo tan especial? ¿se acabó luego el entusiasmo?
-PV: Cuba ha cambiado mucho. El socialismo tropical, `de pachanga' como le llamábamos, terminó y vino el socialismo real, el que existía en otras partes. El entusiasmo se racionalizó. HS: Hubo cambios radicales a inicios de los '80. El realismo socialista predominaba en el ámbito cultural y el cine se había resistido a él porque no correspondía a nuestra tradición. Pero además había una verdadera revolución educacional que había creado a un público cultivado y con nuevas exigencias. El público se refinó.
-¿Cómo se ubica Humberto Solás en este panorama?
-HS: Yo trabajo sobre una línea programada, de continuidad. Hago, por ejemplo," Un hombre de éxito" que es una metáfora histórica sobre el oportunismo. Más tarde, en "El siglo de las luces", basado en Carpentier, abordé los procesos cíclicos de la historia, de culminaciones y decadencias. Aquí no hay clave.
-¿Si el oportunismo es la metáfora histórica de `Un hombre de éxito', cuál es la de `Las profecías de Amanda'?
PV: Si se quiere buscar una es que los profetas son como los artistas. Y la conclusión, salta a la vista, es que ambos deben ser libres.
Epifanía de Hades
Juan Morillo Ganoza retorna al Perú con volumen de cuentos.
El narrador fue testigo de hechos históricos durante su prolongada estancia en China.
DESPUES de largos años de residencia en la República de China, donde actualmente se desempeña como corrector de estilo en Radio Internacional, el narrador peruano Juan Morillo Ganoza ha publicado el libro de relatos Las trampas del diablo (San Marcos, Biblioteca de Narrativa Peruana Contemporánea). Morillo -testigo excepcional de los trágicos sucesos de la Plaza Tiananmén- pertenece a esa generación de escritores que, en la turbulenta década de 1960, animó desde una estética propia movimientos como Trilce (Trujillo) y Narración (Lima). A dichos grupos se adscribieron creadores de la talla de Miguel Gutiérrez, Nilo Espinoza Haro y Antonio Gálvez Ronceros, entre otros. Casi dos décadas de ausencia, sumadas a la enorme distancia geográfica, no impidieron que Morillo prosiguiera su carrera literaria. Producto de esa actividad -intensa y hasta hoy inédita-, este conjunto de textos explora el inquietante y vital universo situado al otro lado de la Cordillera de los Andes: la cuenca del imponente río Marañón. El uso de elementos que nacen del arte narrativo oral -y la inserción de éstos en caudalosas historias- permiten el conocimiento de un mundo sometido a su propia mitología y turbulencias. El libro será presentado el próximo jueves 12 de agosto.
Ola de Nostalgia
Jenny Woodman en el
C.C. de la Católica.
"In-acabado", onírica fotografía que integra la exposición a inaugurarse el 11 de agosto.
LA dilucidación de Alfredo Bryce Echenique sobre "Marejada" señala con acierto que son "fotografías de piel legible, de piel decible, de dísono y unísono, que retornan a la percepción visual del adamita o sus equivalentes actuales: niño y loco, disparadas por la vía de la fantasía total; visión tan violenta como infantil, que ve sin prejuicios, con constante voluntad de asombro, sacando lo visto de la textura adulta, siempre tan tasadora, clasificadora, solidificante". Los argumentos oníricos de Bryce tienen eco en una exposición marcada profundamente por una voluntad cinematográfica, quizás fruto de sus estudios con Armando Robles Godoy. Cabe agregar, sin duda, que cada una de las piezas que conforman la muestra de la fotógrafa piurana Jenny Woodman constituyen un ensamblaje con un vínculo en común: el cuerpo humano desnudo presente o insinuado que muestra signos de debilidad frente al medio que la rodea. Sus fotografías adquieren matices mayúsculos cuando muestran el dominio del agua, en fotos que parecen regresar a la semilla del vientre materno y a su soledad. Esta individual constituye el retorno del trabajo a nuestra tierra, de quien en 1987 obtuviera el Premio fotográfico por la Revista Caretas y Kodak-Perú. (Martín Mucha).
Un Corto Para Elisa
"El triunfador" de Daniel Rodríguez y "Parelisa" de Josué Méndez son los dos cortos seleccionados para representar al Perú en el Festival de Sao Paulo, el más importante de su género en América Latina. "Parelisa", filmado en Arequipa, es el retrato de una ruca homónima que discute su futuro con su indolente enamorado, mientras pasea por la campiña characata. Méndez, 22 años, egresado de la facultad de cine de
Yale, abordó el asunto
con un estilo naturalista, aprovechando la espontaneidad de la actriz no profesional Jessica Rivera (ver foto). Como todo cortometrajista que se
precie, Josué sueña con dejar de hacer cortos y atacar su primer largometraje.
Digestión
A las 7 p.m. se abre al público, "El hombre digestivo", la segunda individual de Walter Carbonel. Esta obra que forma parte de un trabajo mayor titulado "Servicios higiénicos mental", busca en palabras del autor "eliminar las cosas que son innecesarias, con el fin de lograr una estabilidad mental", en una suerte de catarsis pictórica, que se materializa en los cuadros que pinta Carbonel, quien con su obra busca alcanzar al real hombre moderno: un ser que pueda desechar no sólo lo biológico, sino también lo mental. El lugar de la muestra es la Sala Luis Miró-Quesada Garland en Miraflores. Esperamos que incentive sus enzimas artísticas.
FUEGO INEXTINGUIBLE.-Hasta el lunes 9 de agosto, el Centro Cultural de la Escuela Nacional de Bellas Artes presenta "Maestros de la Pintura Peruana". La exposición, que cuenta con el auspicio del Banco de Crédito, reúne las obras de los artistas peruanos Gerardo Chávez, Elda di Malio, Julia Navarrete, Venancio Shinki, Fernando de Szyszlo y José Miguel Tola. Puede visitarse en el Jr. Huallaga 402, Lima, de martes a domingo (10 a.m.-7 p.m.).
Neira Finalista
El historiador y ensayista Hugo Neira figura como finalista en el concurso internacional de ensayo convocado por la ciudad de Weimar (Alemania) y de la revista Lettre International. El trabajo de Neira lleva por título "Tiempo y Destiempo" se ubica entre los seis mejores presentados en lengua castellana.
El objetivo del certamen es celebrar el fin de siglo. Para tal efecto, los concursantes debieron
responder a una pregunta, con toda libertad y en su propio idioma. La interrogante hacía referencia al problema del tiempo, el hombre y la cultura.
Profesionalmente entre el periodismo y la literatura, Gastón Agurto se mueve en su nuevo libro entre la prosa y el verso.
"Nadie se mueva".
Gastón Agurto.
Ediciones Vaca Flaca, 1999.
HAY un enigma en el título. Por un lado tiene el tono enérgico de una redada de medianoche. Y por otro semeja -los paréntesis siempre exclaman lo que desean callar- un susurro que ordena quedarse estático frente al testimonio y la confesión. Si el primer libro de Gastón Agurto "Comer carne humana" tenía las vísceras descubiertas, casi crudas -eran los cantos de experiencia que se volcaban caóticamente sobre el papel o la calle continuando sin remedio en la propia intimidad- "Nadie se mueva" es llanamente el retorno a casa en voz baja, un cerrar del círculo luego que la aventura amenazaba con seguir en línea recta hacia la irreflexión.
Por eso y, antes que nada, "Nadie se mueva" es un libro reflexivo, aunque no sapiencial. La diferencia está marcada, en rigor, por el kilometraje vital y poético. Pero además -y ésta es una característica propia del libro- por un temblor interrogativo en la voz de Agurto frente al cual es preferible el silencio cabizbajo, el oído atento. Sus textos son perplejidades del adulto aún joven antes que admoniciones del poeta viejo: sus viñetas sobre la familia, la infancia o la juventud tienen tal cadencia entrecortada -el lenguaje es simple, pero la imaginería densa- que por momentos el único lector posible que queda escuchando es el de la palmada en el hombro o más, comprometidamente, el del abrazo emocionado. Hay melancolía, pero melancolía purgativa, la estación semiangustiada de quien espera una calma mayor. Si la negación del crecimiento pasa por insistir en los vicios más gratuitos e irresponsables de la infancia, recuperar la memoria en la adultez temprana es convencerse de que lo vivido estuvo bien. En ese sentido el libro es absolutamente conciliador con las edades que describe.
El niño que arma guerritas sobre el papel sin saber que sus muertes lúdicas ofenden al que sufre las físicas; el fin de la adolescencia y del verano en Ancón (los nacidos en la costa del Pacífico, entre otros, tienen esa relación extraña con la playa, refugio de celebraciones y erotismo velado, pero como en ninguna parte escenificación agigantada de la muerte de la naturaleza y de las caídas del sol), o también el de la entrada a la adultez en un campamento en Punta Lobos -ombligo donde pueden juntarse el amor paternal, la soledad ensimismada o la necesidad de lo inconmensurable en forma de platillos voladores. Todos cuadros de memoria recuperada.
Ya que el libro se compone de poemas y prosas, con los versos no cabe duda del lirismo (los versos son versos). Más audaz es, sin embargo, lo que hace Agurto con las prosas, que son la mayoría, mezcla de biografía personal más o menos lineal y fugas fantásticas. En éstas el sentimentalismo hondo puede juntarse con elementos parcamente cotidianos. El amor filial se materializa en un sofá modelo Tony, los funerales de la abuela Isabel en un pollo a la brasa (traducción muy peruana del rito humano que une muerte con alimento o ingestión del pecado y del dolor).
Textos de pasaje con altas dosis de ternura, finalmente "Nadie se mueva" no sólo describe el paso de un primer libro al segundo, sino la travesía de quién fue y es hijo, y ahora padre. (Luis Aguirre).

