
Cerro de Pasco,
la ciudad
que tiembla
cada 24 horas.
EN medio de la helada y el soroche que arremeten sin piedad a todo forastero que pisa Cerro de Pasco, y el enorme tajo enquistado en el corazón de la ciudad -le dicen Plaza de Armas-, está el lugar donde, a partir de setiembre, funcionará la empresa minera Volcán S.A., ganadora de la subasta pública internacional de la empresa minera Paragsha, propiedad de Centromín-Perú y fuente de polémica en la ciudad más alta del mundo.
Volcán pagará por el 100 por ciento de las acciones, próximamente, US$ 61'777,777 y asumirá un compromiso de inversión de 70 millones de dólares. Esta privatización ha ocasionado expectativa entre los cerreños y también ha generado la pregunta clásica: ¿Y para Pasco cuánto hay?
Cerro de Pasco. El cráter minero crece y se va comiendo la ciudad.
La respuesta, aunque no guste, es simple. Según el Decreto Legislativo 674, el dinero va al Tesoro Público y se destina a programas orientados a la erradicación de la pobreza y a la pacificación. En consecuencia, donde juzgue conveniente el Ministerio de Economía.
Cerro de Pasco ha sido, desde épocas coloniales, el emporio minero del Perú. Incluso desplazó a Potosí, el emporio boliviano, de su preeminencia en América. Sus posibilidades aún latentes parecen ser la explicación: se extiende desde el nudo de Pasco hasta Ancash y posee reservas mineras para un siglo más, nada menos.
Sin embargo, la calidad de vida de la población contrasta con la fructífera actividad minera. Las condiciones en las que viven los cerreños son deplorables, a pesar de que de sus tierras se han extraído riquezas por millones de dólares.
Alerta tóxica y telúrica. Un poblador al lado del letrero que advierte sobre los peligros que provoca el tajo que atraviesa la ciudad. Derecha: Tiembla aunque no por naturaleza. Ama de casa y los estragos que provoca el diario temblor originado por
las explosiones.
Un botón de muestra: la unidad de Centromín de Pasco produce 2 millones y medio de toneladas métricas (TM) de minerales por año. De ellas, 840,000 TM corresponden a la mina y 1'662,000 TM al tajo. Aparte de esta producción, ofrece cinco de los diez productos mineros que tienen mayor demanda en el mercado, como: plomo, zinc, plata, oro y cobre.
Antes de una explosión, una sirena pone en alerta a todos los que viven cerca al gran tajo, para que tomen sus precauciones y eviten desgracias lamentables.
Los que viven en esta zona sólo esperan el momento en sus casas. Los explosivos hacen lo suyo, la detonación estremece la tierra pasqueña y los diarios comentarios de descontento no se hacen esperar.
"Esta es la única ciudad del mundo con temblor programado", manifiesta Francisca Polo Daga (37), moradora del asentamiento Gregorio Cornelio, ubicado al costado del tajo, mientras señala cómo su casa se raja cada vez más, sin que nadie asuma la responsabilidad del hecho. Centromín responde: "Todas las zonas periféricas al tajo son consideradas reserva minera. Quienes viven allí han invadido el lugar y nosotros no somos responsables de los daños que puedan sufrir".
La realidad de Cerro de Pasco, al margen de la polémica entre los pobladores y Centromín, es clara como el agua -sin contaminar por cierto-. La explotación minera del tajo abierto va marcando la pauta del diseño urbano de la ciudad, sin la orientación adecuada.
Desencadena una pérdida de continuidad territorial, que se ve graficada en el fraccionamiento del pueblo en dos partes: la ciudad antigua (centro) y la nueva (San Juan Pampa). La situación avanza a ritmo sostenido. El tajo tiene una profundidad de 400 m. y 2 Km. de largo, y la explotación minera ocupa el 40 % de las 1,003 Hás. del área urbana. También hay 100 Km. de mina debajo de la ciudad, que pasan incluso por la propia municipalidad.
Indignado poblador pasqueño, reclama mayor sensibilidad a las empresas mineras.
Pero además los lugareños tienen otro enorme dolor de cabeza: el viejo e irresuelto problema de la contaminación. Hay un serio déficit en los servicios de agua y desagüe, y los ríos y lagunas como San Juan y Patarcocha arrastran sedimentos, metales y materias fecales. Esto impide su uso doméstico y la hace imposible de beber.
De acuerdo con estudios realizados por el Instituto Central de Investigaciones de la Universidad Daniel Alcides Carrión (Undac), los grados de mayor turbiedad se han presentado en la laguna Yanamate y el río San Juan-Sacrafamilia. Se han encontrado valores de 16 y 14 dentro de la escala de sílice, resultados inaceptables dentro de los estándares internacionales menos exigentes.
El asunto se agrava si se tiene en cuenta el grado de turbidez y acidez que existen en estas aguas. Por otro lado, los desmontes de desechos tóxicos agravan la situación ambiental. En el barrio de Champamarca la gente vive y respira el polvillo del sulfato de cobre.
"Nuestros niños no tienen futuro, la mayoría sufre de enfermedades a la vista, infecciones a la piel y complicaciones respiratorias", declara la directora del Colegio 34037 ubicado justo al costado del desmonte. Junto a ella, un padre de familia muestra las manos de su pequeña hija agrietadas e infectadas por el pus, ocasionado por el contacto con los desechos.
La compleja y minada situación de Cerro de Pasco, tanto urbana como ambiental, ha movilizado más de una vez a la municipalidad. Esta llegó a un acuerdo después de dimes y diretes con Centromín, en mayo del año pasado, durante la gestión del ex alcalde Eduardo Carhuaricra.
Niña afectada por vivir cerca de los desmontes. ¿Hasta cuándo?
La empresa minera se comprometió a transferir 13 predios de su propiedad, ocupados por asentamientos humanos. Dicha transferencia sería a favor de la municipalidad de Pasco, para luego traspasar las propiedades, en una operación de compra-venta, a un precio simbólico a los pobladores.
Otros acuerdos de importancia fueron el financiamiento del estudio de factibilidad de agua potable y alcantarillado, así como la recuperación de la laguna de Patarcocha. En lo que se refiere a la delimitación del tajo ubicado en el corazón de la ciudad, se expandirá hacia el sector llamado Matagente. Tal explotación contempla la construcción de vías alternas, debido a que la carretera que une los distritos de Chaupimarca y San Juan sería mutilada en los trabajos de expansión del tajo.
Aún así, con los compromisos por cumplir de Centromín y las expectativas que genera Volcán, al asumir el 1ro. de setiembre la administración del Complejo Minero de Paragsha, el horizonte no se aclara. La nueva propietaria deberá hacer inversión social, la cual será utilizada en la modernización del complejo y en programas ambientales, tal como lo establece el PAMA (Programa de Adecuación y Manejo Ambiental).
Cerro de Pasco seguirá calzando sus botas de minero, algo ineludible para la vida económica del lugar. Pero es de esperar que la contaminación no prospere al ritmo de las inversiones (Manuel Erausquin).

