Caretas 1581: Controversias




Por FERNANDO ROSPIGLIOSI

Nuevo Autoritarismo
ARROPADO en una retórica desbocada, sólo superada en América Latina por Fidel Castro, el presidente venezolano Hugo Chávez se perfila definidamente como un nuevo caudillo autoritario. Y aunque en el terreno de la verborrea es diametralmente opuesto al presidente Alberto Fujimori -parco y mal hablado-, integran ambos el todavía pequeño grupo de nuevos dictadores de finales del siglo XX.
En sólo seis meses, Chávez ya recorrió gran parte del camino que a Fujimori le tomó casi dos años. Prácticamente ha disuelto el Congreso elegido en noviembre del año pasado, en el que no tenía mayoría y ha creado una Asamblea Constituyente donde controla el 95% de los escaños.
No sólo eso le debe envidiar Fujimori al comandante (r) Chávez, que tiene su propio diario y creó un programa de TV y otro de radio para las elecciones de la Constituyente, donde él mismo hacía regalos a las personas que acudían a pedir favores. Es decir, no necesitaba a ninguna Laura Bozzo ni intermediarios para su "relación directa" con el pueblo.
Ha inventado, además, una nueva religión, el "bolivarianismo", que todos los venezolanos tendrán ahora que aprender y recitar. Demás está decir que Chávez es el sumo sacerdote e intérprete infalible de esa religión. Es decir, tiene una cobertura ideológica de la que carece su predecesor en esta nueva forma de autoritarismo.
Chávez nació un 28 de julio y Fujimori dice lo mismo, aunque en el último cumpleaños de Chávez 40,000 "espontáneos" celebraron tan feliz día, cifra no alcanzada por Fujimori.

En cuanto a la Constitución que aprobará la Asamblea, también le ha ganado a Fujimori. Chávez tendrá reelección inmediata, pero a la vez aumentará el período a seis años de duración (como se advirtió en esta columna apenas Chávez ganó las elecciones: "Otro Mesías en Venezuela", CARETAS 10.12.98). Así es que los venezolanos disfrutarán de Chávez por lo menos doce años. Prorrogables, por supuesto, porque el comandante (r) ya debe tener preparada una interpretación auténtica o una reforma constitucional para poder postular y re-reelegirse en las elecciones del 2010.
También intervendrá al Poder Judicial -al que cambiará de nombre al igual que al Congreso- y nombrará al Contralor, que encabezará el novísimo "Poder Moral".
En suma, las mismas dos cosas que buscaban los golpistas en el Perú en 1992: perpetuarse en el poder indefinidamente y gobernar sin contrapesos, acabando con la independencia de poderes y controlando las instituciones que deberían fiscalizarlo.
Los partidos "tradicionales" de Venezuela, Acción Democrática y Copei, están al borde de la extinción, y en el período de crisis política de los últimos años no han surgido nuevos partidos que puedan llamarse tales. Ese es otro factor en que la situación venezolana se parece a la peruana. Venezuela se consideró por mucho tiempo un ejemplo de país democrático en un continente asolado por dictaduras. En la década de 1970, Venezuela y Colombia fueron las únicas democracias que sobrevivieron en Sudamérica, donde hasta países con larga tradición democrática como Chile y Uruguay cayeron bajo la férula de dictaduras militares.
Sin embargo, finalmente se comprueba ahora que la democracia venezolana tenía pies de barro, y sólo sobrevivió mientras los dólares del petróleo le insuflaron vida. Los partidos fracasaron en construir instituciones sólidas y en usar la fortuna tan fácilmente obtenida de manera productiva.
En realidad, lo que está ocurriendo en toda la región andina y también en casi toda Sudamérica obliga a revaluar el concepto de "consolidación de la democracia". La verdad es que la democracia no parece consolidada en ninguna parte, ni aun en países como Venezuela que luego de cuatro décadas parecían a salvo de dictaduras.
Porque lo que hay allí es, sin duda, un nuevo tipo de dictadura, de las de finales del siglo XX, cuando los EE.UU. y la comunidad internacional han prohibido los golpes militares y el autoritarismo busca nuevos cauces, que implican mantener ciertas formas democráticas para enmascarar el verdadero contenido dictatorial. Con los militares ocupando un papel decisivo en las sombras.
El hecho que Chávez haya tenido votaciones arrasadoras, no significa mayor democracia, ni mucho menos. Hitler también las tuvo. El punto es que en una democracia el que obtiene una mayoría, por definición transitoria, no puede aprovecharla para arrasar con los derechos de la minoría y controlar todos los resortes del poder, impidiendo a la minoría convertirse en el futuro en mayoría.
Eso es lo que ha pasado en Venezuela y eso es lo que ocurrió antes en el Perú. En el fondo, Latinoamérica no ha cambiado mucho a lo largo del siglo XX.

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