MASTODONTES Mistianos
Devoción y culto al Toro de Pelea arequipeño, raza nacional que se engríe como humana y pelea como inmortal.

Parte de las celebraciones del aniversario de Arequipa fueron las peleas de toros, tradición única en América desde el año 1555. Originalmente destinado a la labranza, ya no necesariamente se dedica a ella, lo que hace que su costo de crianza sea superior a las compensaciones materiales que ofrece. Es un animal destinado a la gloria de la campiña y la leyenda del entendido, como en el caso de Melenik, campeón del '46 cuyo fantasma aún pasta en Socabaya. En convenio con Promperú, CARETAS estuvo en Arequipa y apostó a los mejores toros.

Comanche, peso pesado de Characato (más de 940 kilos), con cornamenta protegida y orgulloso propietario Jesús Valdivia. Sin embargo, en la cancha...

Escribe JAIME BEDOYA
Fotos VICTOR CH. VARGAS

¡Lleve la cabeza de Melenik!, fue la última frase de Lima que Edwin Gómez en Arequipa llegó a escuchar antes que la llamada se cortara. Gómez, presidente de la ACPATPA 1, tenía una cita. Y tenía 48 horas para llevar a ella la cabeza de Melenik, el más grande toro de pelea que Arequipa jamás haya conocido.
Melenik se ganó su nombre cuando un circo con leones africanos visitó Arequipa hace más de cincuenta años. Uno de sus leones era homónimo del gran monarca de Abisinia, Melenik II. Era el nombre que merecía un toro que de ternero, en su Socabaya natal, le decían Guagüito y sólo sabía pelear con los toros serranos que llegaban en tren para ser conducidos a Mollendo. ¡Carga Guagüito!, era su arenga de pelea. Guagüito era hijo de una vaca campeona del concurso de Cría Chola de la campiña organizado por leche Gloria con motivo de los festejos del IV Centenario de Arequipa, 1940. El trofeo fue una hermosa copa de plata que conserva la señora Luzmila Zegarra Vda. de Zegarra, dueña de la vaca. La capacidad de la copa es de seis botellas de cerveza2.
Nunca pudieron hacerle trabajar en yunta, la rompía, corneaba al toro, al caballo, al perrito y la calandria que estuviera cerca. ¡Este toro no sirve para nada carajo!, fueron las palabras con las que don Lino Lazo decidió deshacerse de él. Lo destinaron a las peleas de toros.
Don Jesús Lazo Montoya, a la edad de 97 años, compró por cinco soles el boleto número 327 de una rifa a efectuarse luego de una pelea de toros en Paucarpata. El premio, un toro que no servía para trabajar, sólo para pelear. Así se llevó a Melenik, astado de soberbia y silenciosa estampa castaña y una aún incipiente reputación peleadora. Melenik era manso con el humano, implacable con el rival, inteligente ante ambos. Rompiendo costillas, arrancando cuernos y quebrando tendones de campeones como Smeling, Ostende, Médanos, Salaverry y Defensor, su leyenda empezó a crecer por la campiña. Al llegar a los pueblos era recibido por bandas de músicos y multitudes de hasta 12 mil bípedos que esperaban verlo pelear. Había en Arequipa quienes creían en Dios, y quienes adoraban a Melenik.

La pelea se rige por detallado reglamento que impone árbitros, animadores y límite de 15 minutos.

Se coronó Campéon de 1946 siendo premiado con cinturón de cuero que llevaba grabado su nombre. Gracias a su bravura -se calcula que aproximadamente rindiera unos 200 mil soles de hoy en día en apuestas- se levantaron escuelas e iglesias, y fluyeron ríos de felicidad espirituosa. Ya veterano y cojo, Melenik tuvo una última pelea. Miles de aficionados se habían congregado para ver al venerable campeón. Pero al verlo ingresar a la cancha cansado y rengueando, hasta el toro rival, más joven y fuerte que él se limitó a observarlo con respeto. Melenik miró cara a cara a su rival, dio media vuelta y se retiró cojeando.
Fue llevado al sacrificio humanitario en penoso cortejo. Al llegar al camal de La Tomilla los matarifes bajaron los brazos y soltaron las puntillas.
-Nosotros no vamos a matar a Melenik 3
El viejo animal, cansado y lerdo, agradeció el gesto parpadeando lentamente. Ni siquiera entonces dejó escapar un balido.
Sólo los desnaturalizados del camal de Acequia Alta aceptaron lo inaceptable. Melenik, campeón invicto, pasó al sereno jato de la campiña eterna. Su peso vivo alcanzaba los 1200 kilos. En gancho, fue de 595 kilos. El dueño del camal, Germán Polar, compró sus restos, incluida su cabeza.
Esta cabeza embalsamada es lo que debía encontrar ahora Edwin Gómez.

_______
1) Asociación de Criadores, Aficionados y Propietarios de Toros de Pelea de Arequipa. Queda al lado de la comisaría del distrito J.L. Bustamante y Rivero.
2) Juan Lazo Carpio, descendiente de los últimos propietarios de Melenik, es quien atesora todos estos datos, manteniendo viva la leyenda del toro a través de una revista en su honor apropiadamente llamada "Melenik".
3) Juan Lazo discrepa de esta versión. Dice que lo mataron a la primera.

Edwin Gómez, representante de los criadores, entre nobles testuces de Chocho y Chacal.

  • Según el enciclopédico tratado taurino de José María del Cossío, se pueden sintetizar en tres los impulsos detrás de la bravura del toro: A) defensa contra carnívoros, B) busca de alimentación, C) selección sexual. Además apunta que por su singular naturaleza, el toro viene a ser un enfermo nervioso que cuenta para su defensa con un mecanismo muscular fijo: el derrote. Sáenz Egaña, antiguo director del Matadero de Madrid citado por Del Cossío fue aún más allá al afirmar que el toro es un animal hipertiroideo, de exaltada función oxidante y vivir acelerado. Es decir, un semiautista de temperamento esquizoide que no acepta otros seres en su aislamiento individual.
    A diferencia del toro de lidia, el Toro de Pelea arequipeño vive en el establo y en permanente contacto con el humano. El impulso de su bravura se restringe así al celo y al espacio privativo propio: la fobia a la yunta. O, a tener a un miserable respirándole en el cuello todo el día.
    Según la Teoría del Doctor Keller, también citada por Del Cossío, hubo una raza bovina llamada d'Herens, de origen egipcio. En Egipto, civilización con dioses astados como Apis, se daban peleas de toros. Los árabes difundieron la raza peleadora d'Herens por el norte de Africa y España, llegando luego hasta Suiza. Aquí, a diferencia de España que tuvo a bien crear el arte del toreo, las peleas de toros prosperaron aunque bajo cierto manto de silencio y culpa camuflado bajo el inocuo cucú de sus relojes.

    Rompecachos doliéndose tras su valiente victoria. Se llevó el Astero de Plata en la categoría medianos. Derecha, caricia íntima para animar al cuadrúpedo engreído.

    El ingreso de la primera hornada de toros en Arequipa por el criador y carnicero don Hernando Aguilar está registrado en el año 1546 4. No hay precisión histórica que relacione la raza d'Herens a la campiña arequipeña. Pero la bondad de su tierra, la sana querencia a los animales que en ella trabajan y habitan, definen la incorporación del toro al núcleo familiar del chacarero. Y existe el cabildo del 10 de agosto de 1555 que dictamina que de aquí para adelante, para siempre, haya peleas de toros en Arequipa. Las leyes están hechas para cumplirse.

    _______
    4) El Astero de Plata, tesis de Edmundo Motta, UNMSM, Lima 1982.

  • Un obligado panel informativo de paño verde sobre el cual las comunicaciones se clavan con un chinche, recibe al visitante a la ACPATPA. Un día antes del campeonato, se lee la frase del día, pastilla para la moral bovina:
    Hay derrotas que tienen más dignidad que la victoria.
    La amplia sala de sesiones está vacía, salvo por un televisor de 29 pulgadas en una esquina donde dos mujeres ven Celebrity Deathnmatch de MTV. Los criadores y aficionados no están. Se encuentran en el campo con sus toros, engriéndolos para las peleas. Llega Edwin Gómez, ve la frase del día como un involuntario acto reflejo, y vuelve a escuchar la pregunta. ¿La cabeza de Melenik?
    -Ah, oiga, la han prestado. Pero tengo otras acá. Son las de Chocho y Chacal, sendos campeones de comienzos de los noventas. Es breve pero gloriosa la vida del toro de pelea.

    Pánico en el Azufral. Derrotado en estampida se desboca hacia las graderías. Las apuestas, formales y de las otras, corren en cada pelea.

    -Señor Gómez, ¿por qué hay peleas de toros en Arequipa?
    -Los toros los trajeron los españoles, para trabajar la tierra. En la yunta, el toro de la izquierda le odia más al de la derecha. Casi siempre hay que hacer más trabajo de ese lado, y el animal se da cuenta. Eso le da cólera, y le pelea. A partir de los cuatro años ya no se dejan amarrar a la yunta.
    -¿Pero por qué sólo en Arequipa?
    -Hay zonas de Arequipa, como Characato, Sabandía, donde aún no puede entrar la maquinaria. Seguimos obligados a usar la tracción bovina para arar la tierra. Esto impone la presencia del toro, y permite la vigencia de las peleas de toros.
    -¿Sólo en Arequipa?
    -Como estos toros no trabajaban, entonces el campesino dijo no voy a perder yo. Y como en la chacra del costado igual sucedía que se peleaban los toros, y en la del otro lado también, entonces se dijeron compadre hagamos pelear los toros, le apuesto. Sino, era para obras comunales, levantar una iglesia, por ejemplo. Así empezó.
    -¿Ya existe una raza de pelea arequipeña?
    -El toro extranjero sufre de mal de altura. Luego de los cruces de toros españoles con el llamado toro serrano, ya podemos hablar de la Raza del Toro de Pelea. Es un toro más fornido, con más carne, y que da más leche. Nuestro propósito es crear un Banco de Semen y reglamentar esta nueva raza.
    -¿Cómo se cría esta raza?
    -El toro de pelea arequipeño es el ganado más engreído de todos. Desde ternerito se le engríe como a un niño. Se le soba la cabeza, se le rasca las criadillas. Se le da alfalfa, zanahoria, cebada, sales minerales. Si quiere trabajar, trabaja. Si sólo pelea, se le engríe igual. Este toro acumula el sentido de la victoria. Aprende lo que es ganar.
    -¿Se podrían lidiar en una corrida de toros?
    -No me hable de eso. Odio las corridas de toros. No nos gusta eso. Ahí se humilla al animal y encima se le sacrifica. Nosotros no queremos tener nada que ver con eso.

    Vikingo hace huir cual vaca a Comanche. Hernán Delgado, de Zamácola, celebra el triunfo de su astado que se llevó el Astero de Plata categoría pesados.

  • Van llegando a El Azufral los camiones con los toros protagonistas de las doce peleas. Inquietos, bien comidos y aguantados, éstos no han visto vaca alguna en un mes. Han estado expuestos al pajazo, que en lenguaje táurico no es sino como se llama cuando, comiendo pasto, una paja se le mete al ojo produciéndole nubosidades, que al comprometer la pupila puede dejarlo ciego. Queda confirmado: la paja produce ceguera.
    Los engreimientos abundan. Mientras una chica le afila los cuernos al Siete con una lija para fierro, un varón le acaricia las majestuosas criadillas sin disimulo u oprobio. El toro no sonríe, pero tampoco se queja.
    En las tribunas es fiesta. Circulan con fervor cuyes, rocotos, cervezas y Kolas Escocesas, bebida carbonatada de la región que combina estupendamente con el chupe de camarones. En los establos el guano huele a pólvora y la historia es otra. Soy Socabaya está con extrañas convulsiones y babas blancas. Puede tener fiebre, pero no hay termómetro. La temperatura rectal, tomada a pulso por valiente y dedilargo chacarero, es síntoma inconfundible: neumonía. El toro no es suyo, el dedo sí, pero el capataz se involucra como si de la familia se tratase. Se acerca a la inmensa testuz del guerrero enfermo, que se deja acariciar como un bebé, y le susurra algo en privado. El amor al toro de pelea ha traspasado inclusive el mundo terrenal. Don José Carpio Alarcón, notable criador y aficionado al toro de pelea, dejó en vida expresa voluntad que al momento de su entierro fuera una yunta de toros de pelea la que llevara su féretro a su última morada. Esto sucedió el 12 de junio de 1984. Al llegar a la alameda del cementerio de Characato los toros se detuvieron. Uno de ellos -el de la derecha- emitió tres largos y tristes balidos de despedida. Hay testigos.
    La imponente llegada desde Characato de Comanche, con la cornamenta protegida por fundas de acero y a bordo de un camión que lleva por nombre Mala Noche, excita el ambiente. Es el contendor de Vikingo en la pelea estelar de categoría pesados, por encima de los 940 kilos. Hay una fórmula para calcular la superficie del cuerpo de un toro:
    s= 9.72 p2
    En este caso basta con verlo. Jesús Valdivia, tan adusto como su toro, disfruta del asombro general. El animal, mastodonte de docilidad canina, se deja acariciar. Entonces resopla, inmensa bocanada de aire caliente parece venir del volcán, y sus admiradores humanos reconsideran la dulzura de su mirada.
    A la hora de enfrentar a Vikingo la situación se invierte. VikingoComanche con severo odio. No ha terminado de embestir cuando Comanche emprende la retirada. La pastilla para la moral ha sido contradicha, este comportamiento es sancionado como avacado.5

    Pese a su imponente apariencia, el toro de pelea está acostumbrado al contacto humano y actúa con docilidad ante él.

    Cuando el pitón se clava en cráneo ajeno, un sonido seco -parecido al de una uña quebrándose en una pizarra- se deja escuchar. Waycan, toro que viniera acompañado de su hijo Waycancito, acaba de perder ante Lucero emitiendo este sonido con sus huesos. Padre e hijo se retiran cabizbajos dejando ver la parte más elevada de la cabeza, el vértex. En él se ubica el occipucio, y su Agujero Magno: ahí va la puntilla. A pesar de la derrota digna, el silencio de sus criadores suena a camal.
    La pelea más esperada de la tarde corre peligro. Es por el Astero de Plata de la categoría medianos, por debajo de los 940. Raúl Fernández, natural de La Tomilla, se presenta ante el respetable para anunciar que su toro Rompecachos no puede pelear contra Aguila Negra. Se ha desprendido un cuerno durante el viaje. La gente protesta. El resto lanza botellas. Los árbitros de cancha lo retan.
    -¡A pelear carajo!
    -¡No puede, se le cae el cacho!
    Una señora y una niña lloran. Que no salga, que no salga, imploran. Ellas lo han criado desde ternerito.
    -¡Pelea o te multamos!, le dicen.
    -¡Tú respondes por mi toro!, alega Fernández.
    La estampa de Aguila Negra es de temer. Todo negro, hasta los cuernos. Rompecachos se presenta sin miedo. Tiene un pitón ladeado, casi caído, pero va a pelear. Las apuestas están en su contra. Se acercan, se miran. Embisten. El sonido seco de la pizarra rayada corta El Azufral. Ahora sonó astillado, crack: es el cuerno derecho de Rompecachos, que se ha quebrado. El animal bala de dolor. Fernández se cubre la cara. La gente de Aguila Negra celebra, las apuestas se definen. Pero Rompecachos recupera su sitio, resopla levantando tierra. El pequeño músculo horripilador, que va desde la base de cada bulbo capilar a la epidermis, se contrae y le eriza el pelo del morrillo. Embiste con lo que le queda de cuernos. El crujir óseo es cubierto por el griterío. Aguila Negra tiene el encéfalo envuelto en membranas serosas llamadas pía mater, dura mater y aracnoides. De su encéfalo parten doce pares de nervios. La primera vértebra cervical, llamada atlas, se dobla cercana al punto de quiebre. En una milésima de segundo el dolor ha recorrido toda su médula, hasta el rabo, que se mueve descontrolado. Aguila Negra se despinta y fuga. El Azufral estalla mientras Fernández corre hacia su toro, el nuevo campeón del Astero de Plata. Rompecachos, besado y acariciado por sus eufóricos partidarios, se engríe y queja mientras sus heridas son bañadas con cerveza.
    Mientras aún se dan las últimas peleas clasificatorias, el camión con Rompecachosparte hacia La Tomilla, donde nadie, ni el toro, dormirá esta noche. Doce vacas y ochenta cervezas esperan a cada quien. La Copa es sostenida en todo lo alto por uno niños en lo alto del camión. Por encima de la tolva, orgulloso, se levanta un solo cuerno.

    ________
    5) Digno de una vaca.



    © 1995 - 1999 Empresa Editora Caretas S.A.