
Pausado, articulado, reflexivo. Así es el discurso del presidente Jamil Mahuad.
En San Marcos, Jamil Mahuad dio su quinto discurso de memoria. En total fueron ocho en sus tres días de visita oficial a nuestro país y en ninguna ocasión leyó. Al recibir el doctorado honoris causa que le confirió la universidad más antigua de América, el Presidente ecuatoriano reveló parte de su fuente filosófica.
Quién sabe si en un ejercicio de introspección, comparó las personalidades contrapuestas de Bolívar y San Martín expresadas en la entrevista en Guayaquil "de la que nunca sabremos exactamente qué pasó", con la suya propia y la del presidente Fujimori.
Al general San Martín lo describió como un hombre reservado, que se educó en colegios de pueblo, que hizo su carrera militar desde abajo y que no obstante el grado que tenía acostumbraba a cenar con la tropa. Bolívar, en cambio, era un vendaval, un hombre extrovertido, que estudió en las mejores escuelas de guerra de Europa, y que venía de una estirpe acomodada.
"Lo que hubo en esa conferencia -dijo Mahuad- fue una lucha de dos personalidades, en la que una se impuso sobre la otra".
Luego describió al líder con un ejemplo. Un día, dijo, un político congregaba a la gente en una plaza dando un discurso. De pronto, en la otra esquina apareció un circo y la gente lo siguió, dejando al orador solo con su retórica. ¿Qué hiciste?, preguntó Mahuad al amigo. Y éste le contestó: Me fui con ellos, ¿no ves que soy el líder?
Del ejemplo, concluyó en que, es cierto, el líder debe seguir a su pueblo, pero no siempre esto es lo mejor. El verdadero líder, el auténtico, dijo, debe ponerse al frente de su pueblo.
Mahuad visitó nuestro país al cumplirse un año de su primer gobierno, periodo en el que sin duda su mejor logro -acaso el único- haya sido la firma de la paz con el Perú.
En agosto del año pasado Mahuad apenas tenía cuatro días en el poder. De manera que entre las reformas económicas que debía impulsar y la firma de la paz con el Perú, eligió lo segundo como prioridad. De haber sido al revés, quizá su desgaste político (CARETAS 1580) le habría impedido avanzar en las negociaciones y no tener este final que, en realidad, abre ahora un nuevo capítulo, uno más difícil y de largo aliento, que es el de pasar de la paz al desarrollo. Los dos días que pasó en la selva pueden ayudar a entender lo complejo que puede resultar este proceso.
Presidentes Fujimori y Mahuad pescaron casi tres horas. Al final sacaron media docena de "Tucunares", que crecieron para la foto.
APENAS aterrizamos en el aeropuerto internacional Coronel FAP Francisco Secada Vigneta de Iquitos, empezaron los rumores."El alcalde de Maynas está afuera encabezando una manifestación". El Ejército ha militarizado la ciudad; hay varios detenidos". Un clima de intranquilidad se apoderó de los pasajeros a bordo del DC-8 presidencial. Era la primera vez que un presidente ecuatoriano pisaba tierras loretanas.
Por disposiciones logísticas no se nos permitió bajar del avión. La orden se mantuvo una hora, de modo que el nexo con el exterior fueron las radios portátiles. Los locutores locales, con su peculiar acento cantado, lanzaban proclamas inflamadas, provocadoras, subversivas. Relataban una ciudad tomada por loretanos jironeados en su orgullo, en pie de guerra, dispuestos a rechazar la entrega de centros de comercio al Ecuador.
-El pueblo de Iquitos no acepta que se entregue la patria a los ecuatorianos-, tronó alguien de Radio La Razón.
-Mañana nos vamos a la guerra en lugar de venir a la radio-, estalló otro de Radio Peque.
Pero fue "La Fiera", seudónimo de combate del popular comentarista Raúl Orbe Sánchez, quien terminó por congelar las sonrisas de la delegación ecuatoriana. Desde los 107 FM de su frecuencia, lo oímos arengar a la población a salir a las calles y retar al mismísimo Presidente. La Fiera rugió:
-Chino, no te mariconees, lanza la bravata que hiciste en Saramiriza, y pregunta al pueblo de Iquitos si está de acuerdo con entregar los centros de comercio, aquí te esperamos, lanza tu pregunta, así estés rodeado de tanques y cañones, aquí no hay loretanos caídos del palto ni que se orinan de miedo.
Todos los micros de la televisión y radios ecuatorianas apuntaron hacia el pequeño receptor desde el que salían los sapos y culebras de La Fiera.
La tensión aumentó cuando el avión presidencial que traía a Mahuad y Fujimori se posó, por fin, en el aeropuerto. Todos coincidimos en que seguramente abordaríamos de inmediato los helicópteros para ir a Pijuayal y evadir la turba que esperaba afuera.
Pero no. En lugar del capotazo, el presidente Fujimori optó por tomar al toro por las astas. En una camioneta 4 x 4 de lunas polarizadas, sin mayor escolta de seguridad, dejando atrás el resto de la comitiva, incluyendo a las primeras damas, Fujimori llevó a su invitado a recorrer las calles y plazas de Iquitos. Una desordenada y frenética caravana de camionetas atestadas de periodistas en las tolvas salió en busca de los presidentes.
La meta es atraer inversiones y convertir los centros de comercio en focos de desarrollo.
Lo que vimos no fue esa resistencia organizada de la población que imaginaban los locutores de radio. Iquitos laboraba como en un día cualquiera. El Frente Patriótico no daba muestras de existir. Pero, aún así, era posible olfatear el malestar de algunos pobladores.
Hubo expresiones de descontento, y no de grupos politizados, como podría pensarse; era gente común y corriente, vendedores, caminantes, jóvenes; desfogue sentimental, sin duda, más que una expresión política. Hacían gestos, blandían manos y puños, regaban insultos. La hostilidad se volcaba contra la prensa y contra todo lo que sonara o pareciera "ecuatoriano".
Una de las camionetas de prensa recibió piedras y palos. Un camarógrafo de Panamericana se trajo como recuerdo la piedra que impactó en su cámara. Los colegas ecuatorianos, sigilosamente, voltearon sus credenciales y se mimetizaron -aún más- con el grupo.
Fujimori y Mahuad vieron también estas protestas, desde su vehículo de lunas polarizadas. Pero al llegar al malecón se animaron a recorrer unos tramos. No pudieron dejar de escuchar algunas silbatinas. Luego siguieron su marcha y al regresar al aeropuerto, lo hicieron por un costado, para evitar a la gente que esperaba en los alrededores de la entrada principal.
¿Protesta organizada?, no; rechazo espontáneo.
Lo ocurrido en Iquitos es apenas una muestra de lo largo y gradual que será el proceso de integración entre ambos países. No sólo por los incidentes, sino por las perspectivas del acuerdo y los frutos que se esperan de él.
Para empezar, los dos centros de comercio y transformación entregados al Ecuador dependen para operar de una serie de trabajos conexos como la inversión en infraestructura vial, la construcción de puentes y puertos.
Saramiriza es un punto nodal que conecta transversalmente el oriente y la costa peruana, y longitudinalmente, el sur ecuatoriano. Mientras que Pijuayal a 280 Km. de Iquitos, aguas abajo del Río Amazonas es más una base de apoyo para las naves que bajan por el Putumayo que un punto de tránsito de las que vienen de Saramiriza.
Su funcionamiento, además de las obras de infraestructura necesarias, requiere inversión privada, es decir, el compromiso de la clase empresarial ecuatoriana. La administración corre a cargo de una empresa que bajo contrato de concesión por 50 años, se encarga de las operaciones. "Esta empresa financiará y ejecutará la construcción del centro respectivo", precisa el Art. 22 del Tratado de Comercio.
Ojalá cambien los tanques por tractores.
El día anterior a Iquitos, en Saramiriza, la llegada de los presidentes no sorprendió a los pobladores. No sólo porque ya se había anunciado que allí se instalaría uno de los centros de comercio, sino porque el propio Mandatario y el embajador ecuatoriano en Lima, Horacio Sevilla, visitaron la zona hacía unos tres meses.
Desde ese momento las autoridades peruanas y ecuatorianas captaron el interés de los habitantes de Saramiriza ante la llegada de nuevas inversiones. La pobreza en este lugar es alarmante. La población bordea las 5 mil personas, sólo tienen 6 horas de electricidad diaria y el único teléfono que tenían hasta hace unos meses ya se malogró.
Fujimori aprovechó para aplicar algunos golpes:
-"¿De qué diablos hablaban antes los políticos cuando se referían a una política de fronteras, cuando el Protocolo de Río de Janeiro no se ejecutaba?".
-"Los ecuatorianos tienen derecho a navegar libre, gratuita, perpetua y continuamente por el Amazonas".
-"Antes a Saramiriza nadie le daba bola. Era sólo un puntito perdido en el mapa que quedaba más allá del Pongo de Manseriche".
Los pobladores respondieron afirmativamente el plebiscito presidencial. "¿Hay alguien que se oponga a los centros de comercio?, que levante la manos, vamos, no se mariconeen". Algunos portaban carteles con pedidos concretos: "Trabajo", "Construcción de aulas", "Una banda de guerra", "Préstamos". Y también: "Gracias Señor Presidente por la pasificación" (sic).
Pero qué es lo que Ecuador puede hacer realmente en estos puntos enclavados en territorio peruano, con un mercado reducido como el de la selva. No mucho, sugieren los expertos, por eso la mira mayor fue siempre unir la costa del Pacífico desde Guayaquil al Atlántico y viceversa. Una experiencia exitosa en este sentido ha sido la venta de tuberías de hierro ecuatorianas al Brasil, pero a través del río Putumayo. Y esto en razón de que este río es el que ofrece mejores condiciones de navegabilidad para buques de gran tamaño y todo el año.
No puede decirse lo mismo del resto de la red hidrográfica formada por los ríos Morona, Pastaza, Tigre, Napo y Santiago. Con excepción del Napo, que desemboca directamente en el Amazonas, la amplitud geográfica, sinuosidad y bajo caudal en épocas de vaciante del resto de ríos, convierten estas rutas en lentas, costosas y poco aptas para el comercio.
A decir de un diplomático peruano, "en realidad, lo único realmente exitoso de manera inmediata a nivel de comercio entre Ecuador e Iquitos es la cerveza ecuatoriana que sería más barata que la que llega desde Lima". Tal vez suene exagerado. Pero la verdad que en la selva, como en el comercio, no hay milagros.

