Mi Prima Rosielvi

Por LORENA TUDELA LOVEDAY

BUENO, sí, no hay nada grave en eso, yo tengo una prima que se llama Rosa Elvira (le decimos Rosielvi); ella no es lo que yo llamaría una Tudelatudela pero mal no está tampoco. Bueno, la cosa es que mi prima se fue del Perú cuando tenía veinte años, es decir, cuando zapato se escribía con S, porque es harto mayor que yo. No me preguntes cómo, pucha, terminó en Australia, viviendo con un leñador y criando ovejas neozelandesas: una Lady Chatterly pero de la avenida Prescott. En estas vueltas que da la vida, te imaginarás que ya se olvidó hasta de dónde queda el Perú y de qué cosa es esa plasta amarilla llamada ají de gallina, así que de política no tiene la más remota idea de qué está pasando, con decirte que ella creía que mi tío Fernando seguía dando manguerazos por aquí y por allá.
Bueno, se murió su mami la semana pasada; su mami era mi tía Elvira, que creo que se apellidaba Ventosilla o Noblecilla, nunca lo supe bien, y la verdad que la difunta en vida fue bastante de media mampara pero eso sí, pucha, hacía un frejol colado maravilloso. Mi prima vino al velorio y la vi un par de veces: no sabes, un cague de risa, la observé todo el tiempo con mirada antropológica (porque si me ponía como familiar, las coronas se me iban a bambolear hasta caer), y pucha, la pasamos regio.
Un día se levantó temprano y puso un noticiero en la televisión y pucha, a las seis y media de la mañana yo vi que entraba a mi cuarto esta especie de chinchana enrubiecida, llena de ruleros y en camisón de franela a cuadros, a reclamarme por no haberle advertido que se había restaurado la monarquía y que teníamos a una reina que se llamaba igual que ella.

Pucha, llegar a entender semejante chongo, a mí que me había zampado dos Rohypnol para dormir una hora y media, me costó Dios y su ayuda. Al fin pude captar que algo tenía el asunto que ver con el affaire de esa pobre Miss Perú defenestrada, a la que El Innombrable va a poner de todas maneras en su lista para el próximo Congreso, ahora que Susy Díaz ha devenido poco menos que en una Madame Thatcher de lo proper que resultó al lado de otras fritangas, no sé si me entiendes.
"No sé cómo puedes ser tan tarada, Rosielvi, de pensar que esa chica podía ser reina del Perú", le espeté ya de muy malas pulgas, pero la prima me puso una piedra en la boca cuando me replicó: "¿Y qué pensaste tú cuando Fujimori salió elegido Presidente, ah?". "Ejem...vamos a comer yogurt", le dije, y se acabó el asunto. El hecho, hija, es que terminamos acordándonos de cuando la GCU participaba en los concursos de belleza, ¿ya?, porque incluso ella fue finalista el año en que ganó Gladys Zender pero su papá, que se enteró que no iba a ganar, pucha, salió a la prensa a declarar que eso de "andar enseñando el totorrete por el mundo no está en los planes de la familia Tudela"; la mandó a estudiar charm a Laussanne y allí empezó esa historia que ha terminado en un cottage en los pastizales de Oceanía, lo que es la vida.
Pero hija, en efecto, antes las chicas normales se presentaban a los concursos de belleza y los ganaban y todo, ¿no? O sea, eso quiere decir que en el Perú, ay no sé, ha habido otro tempo, otra cosmovisión; pucha, este país ha tenido otro sustratum histórico/dialéctico, sólo que ya nos hemos olvidado, porque cuando podías tener una prima semifinalista en Miss Perú y no sentir por eso que estabas apapachándote con la ranchería, ay no sé, implicaba un sentimiento democrático que desgraciadamente se ha ido al cacho por culpa, of course, de El Ojal En El Poder, como todo.
En fin, hija, mi prima ya se fue y me ha dejado con el aquí y ahora, que incluye a un señor chifero que ese sí no se va a ir ni de caiguas; y no sólo no se va a ir sino que se va a quedar con una corte compuesta por la Cartagena, la Bozzo, Martucha (ag), Chibolín, Los Cómicos Ambulantes y Larraburro, por supuesto, que cada día se parece más a ese flotador que antes venía en los tanques de los waters, cuando el mundo era mundo y las chicas GCU ganaban los concursos de belleza. Chau, chau. (Rafo León).

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