

Música
Debida
Notable pianista Juan José Chuquisengo llega a Lima y se reconcilia con vertiente popular de la música.
En plena madurez de su talento, J.J. Chuquisengo entra en nueva etapa también como padre del pequeño Andrés.. Derecha: Juan José en juegos infantiles.
JUAN José Chuquisengo posee un denso sosiego. No se desespera en sus palabras y cada una lleva una carga de meditación sorprendente. Sensible no sólo con las notas musicales, sino en toda su travesía personal por las humanidades. Se presentará el 2 de setiembre en el ZUM y el 6 en ESAN.
-¿Pensó alguna vez no seguir en la música clásica?
-Siempre tuve una pasión por profundizar en la música clásica, pero con el tiempo me he abierto más, ahora tengo sesiones de jazz con un par de amigos en Alemania, aunque muy modestamente. Desde siempre la música popular me acompañó, es como el valsecito: todos vuelven.
-¿Creyó que lo clásico podía ser más complejo, profundo o trascendente?
-Hubo una época, pero son prejuicios. Lo complejo, árido y aburrido de la música clásica y la simpleza trivial de la música popular. Uno encuentra lo que es capaz de encontrar. Querer buscar lo complejo y sofisticado... Yo lo viví y abusé de ello un tiempo. Antes era de Schopenhauer para arriba, todo lo demás era, en fin...
-¿Fue una actitud que ya tenía en Lima o nació en Alemania?
-Más en Alemania y sucedió porque tenía una sed de conocimiento. Fue un choque cultural.
Varios años estuve desadaptado. Acababa de cumplir 19 y me pasó igual que con los niños que ven una sombra y creen que es el cuco, una tendencia a sentirse especial. Pero sirvió para meterme de lleno en el mundo de la música.Tenía que llenar un vacío.
-¿Se arrepiente del aislamiento, en algún momento quiso volver?
-No tenía dinero para hacerlo. Además, fue una especie de paraíso-infierno personal. La soledad de la libertad. Pero la soledad apesta. Luego regresé al Perú, era el 89, el gobierno de García, Lima estaba convertida en una cárcel, todo estaba enrejado, sicosis general.
-¿Le ganó de pronto una conciencia política o social?
-Será una frase trillada, pero la política es un asco. El poder es para mí una talla demasiado grande. Cada uno hace lo que puede asumir, como las células. Un panadero hace panes como un músico hace música.
-Aún así la fascinación con los músicos es grande, como ocurre con los wunderkinds. Aparecen en cantidades industriales.
-En los países asiáticos es extremo. Chicos de diez años tocan obras que grandes intérpretes del siglo pasado no podían tocar. Es la tendencia: lo que exteriormente presenta una impresión de perfección y brillantez es lo que se rescata. Pero ya lo dijo Kandinsky: el énfasis por el aspecto material a costa del espiritual, es un síntoma de decadencia.
-Por otro lado hay mucha contención en la música clásica, el mismo protocolo silencioso de un recital.
-Se ha formado una convención que para mí es razonable. Algunos compositores tienen un nivel de concentración altísimo que nos entregan islas de meditación. Pero cuando el público no está ahí, sino pensando en otra cosa, la convención se vuelve hueca. Sigo esta carrera porque uno percibe mucha intensidad. Y en un concierto de rock o de jazz o bailando un tango es lo mismo. Un amigo fue a tocar a países africanos música de Bach y Mozart, y los africanos se movían, paraban, aplaudían, un relajo muy grande, pero con gran intensidad. Es preferible eso a un silencio hipócrita.
-Usted es sumamente reflexivo, ¿lucha contra su lado racional?
-Busco un equilibrio armónico: desarrollar lo racional, lo afectivo y lo corporal al máximo. En el jazz y en el rock hay más el contacto con el cuerpo, involucra todas las partes.
-Está ahí, por ejemplo, la noción del grito. Es curioso, en el rock lo no musical es fundamental, el grito es algo que escapa a un sonido definido.
-Son las vísceras. El nacimiento del pop fue compensar con las vísceras ese desbalance que se había desarrollado en tres siglos de aspectos mentales y afectivos. La música africana es esencialmente visceral, es fantástica.
-¿Qué es lo que más le gusta escuchar?
-En lo popular "La flor de la canela" me parece una obra maestra. El "Desafinado" de Jobim, en el jazz hay varios. De lo clásico, "La pasión de San Mateo" de Bach, el final de "Don Giovanni".
-¿Y lo último que le ha llamado la atención en el cine?
-"Matrix", me impresionó, pero se descalabra en americanadas típicas de chatarra. Antes sólo veía de Godard para arriba, mientras menos entendía, más valor había.
-Uno realmente llega a creer eso, ¿no es cierto? Se es menos feliz.
-Sí, bueno, eso es parte del ser superior (risas). No estoy mancillando nada, mis mayores respetos a esta gran obra cultural de occidente. Nosotros somos los responsables. Es decir, Beethoven ya murió y compuso obras maravillosas, pero no porque se escucha Beethoven se es tan superior como Beethoven. (Luis Aguirre)
Agitada Década
Retrospectiva de Rossana Peñaloza sintetiza un período de intensa actividad en el mundo de la danza.
La bailarina es parte de un movimiento en constante búsqueda expresiva.
PROSIGUE en el Centro Cultural de la Universidad Católica D Cadadanza, retrospectiva de la bailarina y coreógrafa Rossana Peñaloza. El ciclo resume los diez años que la artista ha dedicado a la investigación de nuevos caminos para esta exigente -cuando no difícil- actividad en el país. Junto a un grupo de creadores y docentes, nucleado en torno del proyecto Pata de Cabra, Peñaloza ha cultivado la experimentación y la libertad como soportes de su poética. Su trayectoria corrobora que la danza contemporánea es uno de los registros que mejor ha asumido la fusión y el diálogo multicultural como parte de su dinámica. A través de creaciones como Párpados, La otra huaringa, Fe (¿De Erratas?) (Se Reserva el) Derecho de Admisión -esta última se presenta hasta el lunes 30 en el Centro Cultural, a las 8 p.m.-, Peñaloza no sólo ha desnudado sus preocupaciones estéticas, sino que ha movilizado pulsiones del inconsciente colectivo nacional, como el racismo, la intolerancia o la ambivalencia de una sociedad mestiza. Hoy, a diferencia de otras épocas, las aventuras dancísticas se multiplican, transformando a Lima y otras ciudades en productivos centros donde la novedad y el sondeo de las raíces históricas crean condiciones para un verdadero movimiento. Desde el 3 de setiembre, los espectáculos se trasladarán al Espacio Teatral Pata de Cabra. Al ciclo que culmina la próxima semana en el C.C. se sumarán las piezas Háblame sordo corazón y Sinsonseras, Teatro-Danza para niños. La cita es en Camino Real 1075, San Isidro y, posteriormente, en Juan Fanning 325, Miraflores.
Fantasía
Animal
La fauna de Aldo Shiroma reaparece el 14 de setiembre.
La lámpara azul, el artista escondido y el dueño de las ovejas que contamos antes de dormir.
ALDO Shiroma tiene migraña. La forma en que él la sintomatiza es a través de rugidos, arañazos y mordidas de animales que quieren salir de su cabeza para instalarse en el mundo real. Esta vez sale el rinoceronte. Shiroma saca a la realidad a este peculiar personaje junto con su entorno. Pero que esto no se malentienda, no realiza una égloga ecologista, ni una ficticia mirada a aburridos paisajes naturalistas.
"Si bien puse empeño en mi primera individual, exponer en un café que se adapta como galería no es lo más conveniente. Praxis sí reúne las condiciones necesarias para recrear esta fauna que llevo dentro", afirma con entusiasmo el joven escultor. En su instalacion dota al personaje central de un contexto similar al de cualquier cuento infantil, el hombre-animal está en casa junto a su hijo, con sus bucólicos muebles y numerosos cuadros pintados por el mismo autor. "la pintura no es mi fuerte, ni tengo el rigor necesario, pero creo que complementa de buena forma la idea". Cada cuarto intenta parecerse lo más posible a un sueño. Y menos a una habitación humana. Dentro de cada ambiente hay un personaje que tergiversa la realidad de extrema manera, pues cuando la instalación se vuelve rutinaria y predecible aparecen personajes que rompen la cotidianeidad. El caso más interesante es la aparición del dueño de las ovejas que contamos cuando queremos soñar, que mira al cuarto del niño y nos da clara idea de que esto no es tan sólo una representación figurativa, sino una ambientación de otra realidad. (Martín Mucha).
Rostro Atávico
Un intuitivo artista de la máscara.
El artista y los frutos de su imaginación, que entrecruzan tiempo y espacio.
COSME Pacheco, estudiante de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, cultivó desde muy temprana edad la pasión por el mágico arte de las máscaras. Observador atento del género y sus diversas manifestaciones culturales, cuenta en su haber con más de ochocientas piezas. En ellas, Pacheco incorpora no sólo el cuidadoso aprendizaje de la técnica, sino también un rico imaginario personal. Irrumpe tanto el eco atávico de los mascareros peruanos como el exotismo y misterio del Japón. Se trata de un espectro amplio, cuyo principal mérito es la intuición y la espontaneidad. Esos, sin duda, son los atributos más relevantes de todo creador que hunde sus raíces en el saber acumulado por los pueblos a lo largo de los siglos. La máscara, como objeto sagrado o profano, siempre ha motivado inquietantes reflexiones a propósito de la ocultación que conlleva y la creación de una realidad alternativa.
Gabinete
del Cambio
Joven investigadora explora las fuentes de la explosión vanguardista en el Perú.
Yazmín López, autora de un novedoso estudio de la modernidad poética.
LA vanguardia artística surgida en el país constituía una asignatura pendiente. El laboratorio de la vanguardia literaria en el Perú, libro de la investigadora Yazmín López Lenci, viene a colmar un alarmante vacío interpretativo. Estudiosa de la modernidad y de sus avatares en la literatura peruana, López Lenci propone un camino diferente hacia una adecuada valoración de esos movimientos en el país. En primera instancia, la vanguardia de corte occidental no fue reproducida a ciegas por los artistas e intelectuales de la época. Por el contrario, existió una sensibilidad o actitud de apertura hacia lo nuevo que había medrado antes de la Primera Guerra Mundial. Figuras como Manuel González Prada y, posteriormente, Luis E. Valcárcel, José Carlos Mariátegui y Gamaliel Churata accedieron a una noción de lo moderno que implicaba la urgente transformación de la sociedad. Las numerosas revistas publicadas en aquellos años articularon un originalísimo proyecto de inserción en el mundo contemporáneo.

