Contrabando Explosivo
Habría intenso tráfico de armas hacia Colombia. Desde el Perú irían principalmente explosivos.

Un coche-bomba a la colombiana. Podría haber sido activado con explosivos peruanos.

EN los últimos años se ha considerado a Colombia como fuente de exportación de problemas tales como la guerrilla y el narcotráfico. Todos los males, presuntamente, vienen de allá y hacen que el barrio latinoamericano se sienta la amenaza. Pero, ¿qué pasa cuando Colombia es más bien víctima de un mal que se le mete por todas las fronteras?
Fuentes militares colombianas informaron a CARETAS esta semana sobre la grave situación generada por el intenso tráfico de armas y explosivos que fluye hacia Colombia desde todas sus fronteras y hasta de países como Estados Unidos, España e Irlanda. Las rutas son diversas y el objetivo uno solo: abastecer puntualmente a los distintos grupos armados en conflicto.
El Perú no sería de ningún modo la excepción, al punto que de todos los detonadores ineléctricos incautados en el año 1994 por las fuerzas del orden colombianas, el 90 por ciento eran de procedecia peruana. El tráfico actualmente continuaría, incluyendo explosivos sísmicos, detonadores eléctricos y granadas de mano Cicitec.
También se han encontrado fusiles HK-G3 A3, con el escudo de la antigua Guardia Republicana del Perú, ametralladoras FN MAG, calibre 7.62 x 51, cartuchos de 9 milímetros y fulminantes marca FAMESA. Algunos de estos materiales ingresarían por Ecuador y otros por los ríos Putumayo y Amazonas.
¿De dónde proviene todo este arsenal? Hay una hipótesis bastante lógica. Una vez diezmados tanto el MRTA como SL en el Perú, una cierta cantidad de armas quedó, digamos, flotando, en la medida que no en todas las incursiones de la Policía Nacional y el Ejército a los campamentos terroristas se logró recuperar armamento.

Varios tipos de detonadores ineléctricos (el del costado derecho con cable y todo). Algunos de ellos estarían circulando hacia Colombia, provenientes de nuestro país, junto con armas y otro tipo de explosivos.

Los grupos sediciosos, en cambio, sí tenían un puntilloso cuidado en abastecerse de armas cada vez que perpetraban un ataque o atentado. Recuérdese el asalto a varios puestos policiales y cuarteles o la infame costumbre de asesinar a un custodio del orden para robarle el arma.
También se registraron robos en empresas mineras, de donde eran sustraídos los explosivos con los que luego se hacían volar objetivos previstos. Algunos coches-bomba, por ejemplo, habrían sido activados con detonadores ineléctricos.
Todas estas armas y explosivos "flotantes" por necesidad, y acaso de acuerdo a los tiempos globalizados, buscarían otro mercado. Y ese mercado no sería otro que el colombiano. Hacia allá estarían yendo movidos por narcotraficantes, terroristas desubicados o traficantes de armas.
El tráfico de armas hacia Colombia también provendría de Brasil, Ecuador, Venezuela y en especial de Centroamérica, donde la resaca de diversos conflictos ya fenecidos estaría acicateando el negocio. Las armas del FMLN salvadoreño, de los "Contras" nicararguenses o de la Unión Nacional Revolucionaria Guatemalteca (UNRG) formarían parte del flujo.
Las fuerzas militares colombianas, además, saben de estas malas artes desde hace ya varios años. En 1989, un DC-3, al parecer fletado por el M-19, tuvo un desperfecto y acuatizó en una zona selvática. Al ser intervenido se descubrió que traía más de 400 fusiles.
"Una forma de ayudar a Colombia -señaló una de nuestras fuentes- es que haya un mayor control fronterizo". En el caso del Perú es difícil, pues son 1,600 kilómetros de frontera, mayormente inhabitada. No obstante, si nuestros sectores de Inteligencia pusieran su atención en esto, antes que en presuntas amenazas guerrilleras, estaríamos dándole una ayuda real al pueblo colombiano.



© 1995 - 1999 Empresa Editora Caretas S.A.