El Zar no Se Puede Zafar
McCaffrey llega a Lima en medio de incierto contexto internacional. Sus preocupaciones: Colombia, la coca y Montesinos.

La gira que Barry McCaffrey, el "Zar" Antidrogas norteamericano, inició esta semana por Brasil, Bolivia, Perú y Argentina ha despertado numerosas especulaciones No se trata sólo de si pone o no una nota aprobatoria a nuestra lucha antinarcóticos. Su visita ocurre cuando todas las miradas se centran en Colombia, como posible escenario de un conflicto de marca mayor alentado por cierta mentalidad para la cual el diálogo es sólo una coartada. En ese río revuelto tenía que pescar, cómo no, el superasesor de exportación Vladimiro Montesinos.

El Zar aterrizando. Viene de Bolivia y Brasil, con la maleta cargada de recomendaciones. La primera, insistir con los cultivos alternativos; la segunda, darle una mano a Colombia.

Escribe
RAMIRO ESCOBAR LA CRUZ.

PREOCUPACION por Brasil (por ser vía de salida para los estupefacientes). Diploma de honor para Bolivia (por su liderazgo en la lucha contra el narcotráfico). Palmaditas, pero con jaladita de orejas, para el Perú. Desde el lunes 23, Barry McCaffrey, el non plus ultra de los funcionarios antidrogas norteamericanos, ronda por Sudamérica, llevando su palabra de aliento, su mirada escrutadora, y a la vez una honda preocupación: Colombia.
A su natural interés por los cultivos alternativos y la interdicción, este general, ex jefe del Comando Sur, ha incorporado una constante alusión a los problemas en el país de la cumbia. Interpreta así un sentir que viene desde lo más alto del poder estadounidense. Desde Madeleine Allbrigth, secretaria de Estado, hasta Thomas Pickering, sub secretario para asuntos políticos.
El mismo Clinton se ha referido al asunto, aunque siempre con cautela, sin deslizar ni por asomo la posibilidad de una intervención militar a lo Kósovo, o siquiera a lo Panamá. Sin embargo, la caída, el pasado 23 de julio, de un avión De Havilland RC-7, que aparentemente espiaba bases de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), empezó a sembrar especulaciones como si fueran minas.
Luego se dio cuenta de reuniones entre Fernando Tapias, comandante general del Ejército Colombiano, con el general norteamericano Charles Wilhem, actual jefe del Comando Sur. También de las notables movilizaciones en la base ecuatoriana de Mantas, igualmente con presencia norteamericana, y del inusual desplazamiento de nuestras tropas hacia la frontera con el Putumayo.
Entre el torrente de especulaciones, se filtró una suerte de noticia bomba, proveniente del diario ABC de España: Vladimiro Montesinos se habría reunido con militares de la región para planear cómo sería esta especie de operación Chavín de Huántar a escala continental. Por eso, hoy, cuando McCaffrey ya está en el Perú, el asesor aparece no sólo como inevitable funcionario antidrogas, sino, además, como estratega militar de exportación.

Vladimiro Montesinos. Quiere coronarse de estratega mayor.

¿Ha pasado a segundo plano el narcotráfico debido a la "amenaza colombiana"? No, de ningún modo. McCaffrey, en conferencia de prensa ofrecida en Washington, ha adelantado que nuestra producción de coca se redujo 56 por ciento en 3 años, pero que se están rehabilitando cultivos de coca abandonados. La razón: el precio de la hoja se ha disparado, como no ocurría desde hace 7 años.
Este año, el precio del kilo llegó en algunas zonas hasta US$ 2.40. En el valle del Apurímac, en donde se produce 25 por ciento del total, el salto ha sido US$ 1.00 a US$1.40 por kilo. Una mayor demanda mundial -proveniente, según McCaffrey, no de Estados Unidos sino de Rusia, Malasia y otras zonas- sería una de las causas del incremento..
La situación podría ser, no obstante, alentadora, si no fuera porque el factor colombiano crea un telón de fondo tormentoso, en donde figuras como Montesinos -y el propio Fujimori- emergen como líderes que, supuestamente, el continente (sino el mundo) necesita para combatir el mal. Esa fue la lógica del indigesto programa de Laura Bozzo titulado "Colombia al borde del abismo" propalado por América Televisión el domingo 22 de agosto.
A pesar de su autobombo, dicho programa alcanzó el magro rating de 18.5 por ciento, frente a 30.2 de Panorama (cifras de Ibope-Time), que presentó la historia, más bien rosa, de Rosa Elvira Cartagena.Y en Colombia -incluida su embajada en el Perú- provocó más de un carajo, entre otras cosas por desempolvar al controvertido general Harold Bedoya.
La votación que obtuvo este ex-militar colombiano en las últimas elecciones de su país nos puede dar una pauta de la atracción de las opciones militaristas a la hora de la verdad: apenas 1.8 por ciento de los votos. Claro, se dirá que ahora es más bien Pastrana quien está por las patas de los caballos. Pero eso es desconocer, cual conductora de talk show, las complejidades de la política y las negociaciones de paz.

Más que un montón de sacos, un montón en el precio. El precio se ha disparado.

Aunque los tambores de guerra parezcan tronar tanto dentro como fuera de Colombia, lo cierto es que el proceso de Pastrana no está totalmente perdido. Sufre una depresión sí -algo desgraciadamente frecuente en este tipo de diálogos-, similar a la que ocurrió cuando el FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional) lanzó una feroz ofensiva contra San Salvador, dos meses después de sentarse en la mesa de negociaciones
Esta depresión -traducida en pesimismo ciudadano- está motivada por las brutales incursiones tanto de las FARC como de las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia). Pero puede agudizarse aún más si, como ha venido ocurriendo, se alimenta desde afuera un clima en el cual una intervención, incluso nada quirúrgica.
Alguien comentó estos días que el cerco de las fronteras es, más que una ayuda, una autoayuda de cada vecino. Lo que se necesita es no minar el proceso de paz, alentarlo aun cuando parezca hundirse en la desesperanza. Ese es el mensaje, al menos oficial, de Estados Unidos y sobre todo del presidente Cardoso de Brasil, que luego de oficiar de anfitrión en el acuerdo de paz peruano-ecuatoriano no parece interesado en disparar la primera bala.

Personajes en la agenda del Zar: Jorge Santistevan, Defensor del Pueblo. Abajo: Carlos Bergamino, ministro de Defensa; Sofía Macher. defensora de los derechos humanos. Ofensiva dialogante.

Ocurre, sin embargo, que halcones hay allá, acá y acullá. Se afirma que son los sectores republicanos del Congreso norteamericano los que estarían fomentando la posible intervención. Y resulta casi natural imaginar a la CIA guardando esa carta o promoviéndola discretamente.
En ese mar de sutilezas, nadan con cierta gracia tanto Fujimori como Montesinos y a eso respondería la estrategia de marketing que ambos parecen haber montado. Puesto en las palabras de la incontrastable Bozzo: nuestro Presidente sí tiene pantalones, no se puede negociar con los narcoterroristas, qué hubiera sido si nosotros entregábamos parte del territorio, etc.
Pero los esfuerzos por entender la dinámica del problema también aparecen. Ya Madeleine Allbright, en un artículo para The New York Times, distingue entre narcotraficantes, guerrilleros y paramilitares, aclara los nexos que existen entre ellos para financiarse, con todo lo cual elude la simplificación aquella que consiste en rotular como "narcoguerrilla" a todo grupo alzado en armas.

Por lo demás, tampoco es cierto que el gobierno de Pastrana sea una suerte de frente gandhiano sin estrategia militar, como insinuó el general Bedoya. Actúa en los dos frentes, el político y el militar (recuérdese la respuesta militar a una ofensiva de las FARC, que terminó con decenas de muertos), pero con la convicción de que es en la mesa de negociaciones donde se resolverá finalmente el problema.
Que el proceso sea lo menos tormentoso posible dependerá básicamente de los colombianos. De que el "¡No Más!" gritado a voz en cuello en el sepelio del humorista Jaime Garzón (ver CARETAS 1581) se transforme en un nuevo impulso. Sólo la terca apuesta por el proceso de paz alejará el fantasma de la "vietnamización", pregonado hoy a los cuatro vientos.
Pastrana debe resistir e insistir, no sólo por el bien de Colombia, sino por la estabilidad de América Latina. Desembocar en una solución armada traería el doble de problemas que hay actualmente. El doble de muertes, sobre todo y un flujo de refugiados, internos y externos, aún mayor.
Si la idea es marketear esa "solución" aprovechando la visita de McCaffrey tal vez se equivoque el camino. El "Zar" Antidrogas no parece tener vocación militarista. Considera que Colombia puede convertirse en una amenza regional, pero piensa en los cultivos alternativos y hasta se reunirá con los grupos de derechos humanos y con el Defensor del Pueblo.
También lo hará con el ministro de Defensa, Carlos Bergamino y seguramente con el asesor. Ojalá que si lo abraza sepa no sólo que no es nuestro mejor producto de exportación, sino, también, que su corona ya está oxidada, por el paso del tiempo y por los aires de otra Inteligencia, distinta de aquella que concibe la vida como el eterno ejercicio de la truculencia.



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