Caretas 1585: Controversias




Por FERNANDO ROSPIGLIOSI

Nadie Cree, Todos Creen
MUCHAS personas se preguntan qué sentido puede tener que el presidente Alberto Fujimori, ministros, congresistas y funcionarios, nieguen el acoso y persecución a los candidatos opositores, cuando obviamente están mintiendo y muy pocos pueden creerles.
El engaño oficial, sin embargo, juega un papel importante en cualquier régimen autoritario. El libro "Un léxico del terror", de la académica norteamericana Marguerite Feitlowitz, sobre la utilización del discurso durante la dictadura militar argentina (1976-83), ayuda a entenderlo.
"La manipulación del lenguaje -dice Feitlowitz- fue muy consciente: lo usaron para decir lo contrario de lo que la realidad denunciaba, para envolver en el misterio sus verdaderas acciones e intenciones.".
(Entrevista a Marguerite Feitlowitz en Clarín, Buenos Aires, 5.9.99) La idea es que "el discurso autoritario crea otra realidad" que, como dice uno de los testimonios recogidos por la autora, impide percibir con claridad y reflexionar sobre los hechos.
La situación peruana actual no es igual, por cierto, de la argentina de principios de los '80, pero hay rasgos básicos comunes en la manipulación del discurso.
Uno de ellos es negar lo evidente con el mayor desparpajo. Cuando Alberto Andrade y Luis Castañeda presentaron pruebas irrefutables -vídeos, fotos, testimonios- del acoso de que son objeto, la negativa oficial fue total. "Director PNP desmiente a Castañeda", fue la primera plana de Expreso el viernes 10.
Desde Nueva Zelanda, Fujimori también negó el acoso. Los titulares de primera plana de El Comercio y Expreso del sábado 11 fueron: "Compromiso presidencial: Aplicarán medidas drásticas contra quienes hostilicen a los candidatos" y "Advierte Fujimori ante ola de quejas y llantos: Quien moleste a un candidato será castigado".
¿Alguien puede creer que el candidato Presidente es ajeno a las campañas que se ejecutan con fondos públicos y por organismos del Estado contra sus adversarios? Sin embargo, Fujimori lo niega con toda frescura.

Y lo hace porque el discurso oficial mentiroso tiene la finalidad tanto de crear confusión como de impedir o restringir la crítica. Es decir, si el Presidente y todas las autoridades dicen una cosa, aunque sea una falsedad evidente, se torna más difícil para los opositores o para cualquier ciudadano desmentirlos.
Pero esto sólo puede ocurrir en un régimen autoritario, donde existen dos factores básicos: miedo y control de los medios de comunicación. El miedo que infunde el gobierno se ha extendido a toda la sociedad. Los empresarios le temen a la Sunat y a ser vetados por el régimen, los más pobres a que se les corte la ración de alimentos, los medios de comunicación a que se les cierre el caño de la publicidad y la información, los militares a la baja intempestiva, los empleados estatales a ser despedidos, los alcaldes a no recibir maquinaria u obras en sus distritos. Y todos a caer en manos del Poder Judicial controlado por el gobierno, a ser chantajeados con vídeos o grabaciones, o ser víctimas de un atentado.
El otro factor es el control casi completo que han logrado de los medios, sobre todo los electrónicos, que se han convertido en monocordes repetidores de las mentiras oficiales. Y el uso inmundo que hacen de la prensa amarilla con fines políticos, para desacreditar a los opositores.
Sólo de esta manera puede funcionar el sistema de mantener un discurso oficial absurdamente falso. Aquí no ocurre nada parecido a lo que sucedió en los EE.UU. cuando el presidente Bill Clinton, abrumado por las pruebas, admitió haber tenido "relaciones impropias" con Mónica Lewinsky. Ese día todas las cadenas de TV repitieron hasta el cansancio la anterior declaración de Clinton en la que sostenía, agitando el dedo índice, que "jamás he tenido relaciones con esa mujer". Clinton quedó en ridículo. Pero ése era, al fin y al cabo, un asunto privado.
¿Qué hubiera ocurrido en el Perú si el viernes 23 de octubre de 1998 los canales de TV hubieran destacado el hecho que en la resolución de los países garantes se decía que Ecuador "proporcionó a la Momep (el punto) denominado Tiwinza" luego del conflicto de 1995? Y de inmediato hubieran repetido el discurso del presidente Fujimori el 13 de febrero de 1995 cuando dijo que las FF.AA. peruanas habían tomado Tiwinza, mentira oficial que se mantiene hasta ahora. Sólo mediante el miedo y el control de los medios se puede tergiversar la realidad de una manera tan aberrante.
El resultado de esta situación es, además de la confusión que se produce, que muchos no creen las mentiras oficiales, pero fingen creerlas. Pero el fingimiento impone a las personas una suerte de comportamiento esquizofrénico, que el miedo o la conveniencia pueden inclinar en ciertas circunstancias hacia el lado de la mentira oficial.

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