
Novillada en Las Ventas, setiembre del '98. Sonajerito de 492 kilos levanta en vilo al Juli.
LOS toros castigan sin respetos ni contemplaciones. Grandes figuras del toreo, -héroes que parecían intocables como Joselito, Sánchez Mejías, Paquirri- sucumbieron ante ellos. Otros, como Julio Robles o más recientemente El Soro, sufrieron castigo tan duro que hoy retirados enfrentan la invalidez. La fiesta de los toros se riega con sangre de toreros, dice el severo axioma taurómaco. La integridad del drama taurino hace el riesgo ineludible, y al Juli -mito contemporáneo del toreo- el sino trágico le viene de familia. Su padre perdió el ojo derecho a los 21 años, en sus días de novillero. El hijo recibió su primera marca taurina en pleno rostro, notoria cicatriz al lado de la boca como Manolete le da gravedad a su rostro infantil. Fue un puntazo en la mejilla izquierda recibido el 17 de agosto de 1998 en Cantalejo, Segovia, ante un toro de Javier Pérez Tabernero. La herida, junto con fuerte golpe en el escroto que le propinó el toro le hizo perder dos corridas. Ya antes, en julio en Santander, había sufrido un esguince de tobillo que le impidió torear cuatro corridas. El Juli tenía entonces 16 años. El castigo se hizo más serio en la Feria de Sevilla de este año. Allí el Juli recibió una fuertísima cornada en el muslo izquierdo. Aún herido, mató al toro y se hizo acreedor a las dos orejas. Cuando El Juli llegó a la enfermería se encontró ahí con su madre, que había llegado antes víctima de un desmayo. Guardó cama y volvió a los ruedos.
Plaza México, setiembre del '97. Rodando ante Camborio, al que le cortó las dos orejas. Derecha: Agosto del '99: corneado en La Rioja, el Juli es llevado a la enfermería por su cuadrilla.
Hasta este ultimo 30 de agosto, en Calahorra, la Rioja. Pasaba de muleta al sexto toro de la tarde, de la ganadería de Valdeolivas. Toro manso y peligroso, lo llevó a los medios, porfiándole por el pitón izquierdo. La cogida, anunciada, fue por la parte posterior del muslo derecho. El Juli se levantó inmediatamente pero no pudo continuar la corrida. En la enfermería se le detectó una cornada con dos trayectorias. La primera, hacia abajo, de 20 centímetros, afectando el plano muscular y contundiendo el fémur, pudiendo existir alguna afectación en el nervio ciático. La otra, hacia arriba, era de 10 centímetros, sin mayor compromiso vascular o nervioso. Operado con anestesia general, los médicos le han obligado 25 días de descanso, siempre que no se confirme la probable lesión nerviosa.
Puntazo en Puebla, México, mayo del '99. Cicatriz previa en la mejilla.
La recuperación de los toreros, especialmente de los más jóvenes, es asombrosa y diferente a la del común de los heridos. El sistema inmunológico trabaja a otro ritmo, impulsado por los deseos de torear del postrado y sustentado en un óptimo estado físico. No es mitología, es un hecho, comprobado por el doctor Jaime del Castillo, médico de la enfermería de la Plaza de Acho en casos locales tan graves como el de José Scotto Cucaracha, El Trini, Ortega Cano y Manzanares. "La inmediata atención médica es otro catalizador", agrega el doctor. El Juli, por ahora en cama hasta fines de setiembre debe estar pensando en eso: volver a torear. Así sea y que llegue en octubre a Lima en perfectas condiciones.

