
Luis Miró-Quesada Valega, quien acaba de recibir un reconocimiento, en Miami, del organismo que él mismo fundara. Al lado, con su padre "Cartucho" y su abuelo, el día que este último llegaba de Europa, semanas antes de la confiscación de los diarios.
TODOS los viernes por la tarde el tren lo traía desde Chaclacayo a Desamparados. Vestía el clásico saco y gorro rojo del colegio San Pablo y caminaba apurado hasta "El Comercio" para encontrarse con su abuelo, Luis Miró-Quesada de La Guerra. Entonces, más que las máquinas de escribir le atraían los linotipos y las prensas porque quería, a toda costa, saber cómo se hacía el periódico que dirigía su abuelo. A los 22 años logró su objetivo e ingresó a trabajar en el área técnica, de producción y comercialización. Hasta el 27 de julio de 1974, año en el que el gobierno militar de Velasco Alvarado confisca los medios de comunicación.
-¿Cómo encontró El Comercio en 1980, cuando se los devolvieron?
-En seis años no se había hecho nada por mejorarlo tecnológicamente. Cuando todo el mundo hablaba de fotocomposición. Además, no había ningún tipo de comunicación con las demás empresas periodísticas de Latinoamérica ni de aquí mismo. Me refiero a lo relacionado con la adquisición de equipos, repuestos e insumos. Esos eran secretos que se guardaban bajo siete llaves.
-¿Por eso se le ocurrió formar una asociación técnica?...
-En realidad fue después de viajar, en 1981, a Atlantic City a la ANPA (Anual Newspaper Publishers Association) y verificar el extraordinario desarrollo tecnológico que ocurría respecto a las artes gráficas. Allí conocí a Luis Fernando Santos del "Tiempo" de Bogotá y a Roberto Fuenzalida del "Mercurio" de Chile. Con ellos formé primero una asociación de amigos. Luego, en junio de 1983 convocamos a los principales diarios latinoamericanos y se constituyó la Asociación Técnica. Ahora somos nada menos que 35 empresas unidas.
-Esta asociación ¿vá más allá del intercambio de costos y de adelantos en cuanto a producción?
-Claro que sí. En 1984, por ejemplo, "El Comercio" tuvo un grave problema con el sistema de fotocomposición a raíz de los atentados terroristas y los consecuentes apagones. En esa oportunidad "El Mercurio" nos envió una unidad de disco y durante dos días trabajamos con su tipografía.
-La presidencia del Club Nacional, ¿no le quita demasiado tiempo?
-Para mí es un honor ese cargo, especialmente cuando el club está en todo su apogeo, entre otras cosas, gracias a la recuperación del Centro Histórico. Además cuento con el apoyo de mi junta directiva.
-¿Usted estaba con su abuelo cuando le confiscaron el diario, cómo reaccionó?
-El acababa de regresar de Europa y el día de la toma, durante la detención domiciliaria pensamos en sacarlo pues había una puerta trasera de la parte donde yo vivía, pero la verdad es que no queríamos exponerlo. Estaba indignado.
-El murió en 1975, ¿cree que pensó que "El Comercio" volvería a sus verdaderos dueños?
-Estaba seguro. Después de su muerte encontramos entre sus papeles uno con el logotipo del diario. Ahí había escrito, de su puño y letra: "volveremos".
-Ahora último han hecho cambios importantes en el periódico, sin embargo, muchas personas creen que "El Comercio" ha perdido su prestancia, que se ha frivolizado...
-El tema es que después de haber hecho unas encuestas -9 focus group- percibimos un común denominador: la tendencia era que todos veían al diario como algo distante, no llegaba a la juventud. Por eso el rediseño. Pero otro cambio importantísimo comenzó en 1993, con la reestructuración de la administración de la empresa, contratándose gerentes profesionales no vinculados con la familia.
-¿Cómo vieron don Aurelio y Alejandro esos cambios?
-Bueno, al principio les aterró la innovación en la primera plana con la columna "Buenos Días" y el traslado de la página editorial de la segunda a la penúltima página. Pero eso tenía un motivo. "Buenos Días" es un resumen de lo que el lector va a encontrar y lo otro, una consideración con nuestros lectores. Primero se les informa y después el diario da su opinión.
-¿Don Aurelio se llegó a reconciliar con las innovaciones?
-Por supuesto y Alejandro también. Apoyaron todo. Había que adecuarse a los tiempos. (T.M.N.)

