
Entre 1985 y 1996, la industria generó sólo el
25% de la producción y, al mismo tiempo, originó el 38.6% del déficit comercial. En suma, está como hace medio siglo.
Recientemente, el presidente de la SNI, Emilio Navarro, puso de vuelta y media al sector empresarial y al Ejecutivo con sus declaraciones contrarias a la creación de un impuesto sustitutorio del IES. Roque Benavides, el titular de CONFIEP, se sintió en la obligación de pedir que Navarro rectifique lo referido a un pedido de renuncia de Fujimori. "Nosotros esperamos que baje la presión tributaria, no que el Presidente pida una solución", aclaró Navarro posteriormente. Lo cierto es que las declaraciones de este último reflejan, y desde hace tiempo, la desazón de los industriales. A juzgar por la siguiente nota, razones no les faltan. 
Emilio Navarro, presidente de la SNI y, derecha,
análisis que explica el malestar de industriales.
AUGE Y CRISIS PRECEDENTES
La anterior estrategia, la industrialización por sustitución de importaciones, generó una edad de oro durante 1950-1975, con un crecimiento del PBI de 5.4% anual. Es más, la producción manufacturera, excluyendo el procesamiento de recursos primarios, creció con mayor rapidez: 8.5% (ver cuadro). Pero después de 1975 siguió un largo período de crisis y de desindustrialización, caracterizado por el estancamiento económico, grandes altibajos del PBI y una creciente brecha externa.
Luego, durante los 20 años siguientes, el PBI creció a una tasa promedio anual de 1.3% y la industria manufacturera retrocedió a una situación similar a la que se encontraba a inicios de la década de 1960.
A fin de cuentas, después de una primera etapa de sustitución fácil de bienes de consumo, la estrategia aplicada no logró articular la economía y el mercado internos, y al mismo tiempo promovió una industria con sesgo antiexportador. En efecto, el tránsito a una segunda fase, de sustitución de bienes intermedios, significaba incrementar los costos de producción y, por lo tanto, elevar los aranceles de los productos finales para hacer rentable su producción.
La estructura escalonada resultante (aranceles más bajos para los bienes de capital, intermedios para los insumos, y más altos para los productos terminados) imprimió un sello antiexportador que exacerbó la dependencia de la manufactura con respecto a las importaciones, y truncó las posibilidades de una industrialización exitosa.
RESTAURACION NEOLIBERAL
A partir de agosto de 1990, como se sabe, el gobierno de Fujimori inició la aplicación del programa neoliberal inspirado en el Consenso de Washington. A diferencia de la década precedente, en la de 1990 el contexto internacional fue muy favorable. Promovió el retorno de los capitales externos, la reducción de las tasas de interés, y un consenso en favor de la estrategia de liberalización general de los mercados.
La apertura comercial contribuyó al ajuste entre demanda y oferta agregadas, al fomentar mayores importaciones. También, junto con el retraso cambiario y la drástica reducción de los salarios reales, facilitó la estabilización de los precios. El resultado fue una gran caída del tipo de cambio real que abarató las importaciones de manufacturas, al tiempo que elevó el costo de producción de las exportaciones industriales.
Consecuentemente, el déficit comercial de manufacturas creció hasta alcanzar, en 1995, el 51% del producto del sector. Es decir, un porcentaje similar al registrado en los primeros años de la década de 1960. La gran mayoría de las ramas manufactureras no procesadoras de recursos primarios perdieron competitividad, provocando un retroceso industrial sin precedentes. El coeficiente de las exportaciones manufactureras con respecto al producto del sector no sufrió cambios notables, manteniéndose estancado alrededor del 10% dando la contraria a la esperanza neoliberal.
La industria dejó, pues, de ser el motor del crecimiento y por cierto perdió importancia como generadora y multiplicadora de puestos de trabajo. Las ramas industriales, que ganaron competitividad entre 1985-1996, representaron sólo el 25% de la producción del sector. Además, en muchos casos la mejora de competitividad se basó más en el recorte de los salarios o la depresión de la demanda interna que en incrementos de la productividad. En realidad, casi las únicas exportaciones industriales que crecieron fueron aquellas vinculadas al procesamiento de recursos primarios, las mismas que subieron 84% entre 1990 y 1996.
En síntesis, la industria experimenta un sempiterno retorno.
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* Consorcio de Investigación Económica y Social/Universidad Católica. Autor de "De la industrialización proteccionista a la desindustrialización neoliberal", PUCP/CIE, junio, 1999.

