Chile
Integración Para el Futuro
En el 189° aniversario de su independencia, Perú y Chile: en sociedad para entrar a un nuevo siglo.

La sabiduría de los pueblos y de quienes rigen sus destinos consiguen restañar hasta las más profundas heridas. Del fragor de la guerra, por encima de vencedores y vencidos, surgen naciones que, superadas sus diferencias, aprenden que existe un destino común para los países que comparten algo más que una frontera. La experiencia europea, de vertiginosa integración económica y política, es prueba de que el dolor y la muerte pueden terminar dando cabida a la prosperidad. Allí donde dos sangrientos conflictos de alcance mundial empobrecieron a millones y crearon resentimientos por generaciones, hoy ondea la bandera de la Unión Europea. Una sabia lección que también comienza a crear conciencia en el sentir latinoamericano.
Por encima de diferencias y temores no siempre justificados, Perú y Chile comienzan a pasar de los deseos a la acción compatibilizando economías y expectativas comerciales. Los temas pendientes tras lo acordado en los tratados de 1929 -y que sellaron definitivamente los destinos de Tacna y Arica-, luego de 70 años de dilación, dan muestra de la buena voluntad que mueve a sus gobiernos. Esperemos que ése sea el justo colofón al Acuerdo de Complementación Económica firmado hace poco más de un año entre ambos países -y que garantiza, como ya ha comenzado a hacerlo, el crecimiento sostenido de nuestra balanza comercial-, puesto que para lograr la cristalización de éstas y otras iniciativas de desarrollo conjunto, es necesario definir aquello que esté pendiente en esta zona de frontera. Sólo así, cerrando esta primera etapa, se podrá implementar una sociedad comercial que ponga a los puertos de Perú y Chile en óptimas condiciones para jugar ambos, como muchos analistas lo esperan, sus posibilidades en la rica cuenca del Pacífico. Se han comenzado a sentar las bases de una ansiada integración que haga realidad las expectativas de millones. Esa es la apuesta mayor a sólo meses del inicio de un nuevo milenio.

SUPERANDO distancias del pasado, Chile y Perú son pueblos hermanos. La independencia americana -y su posterior defensa en Abtao y el Callao durante 1866- fue un triunfo logrado codo a codo entre ambos países. Antes de ello, los incas ya habían tenido noticia de las riquezas y vastedades de aquella hermosa franja de tierra que une a la cordillera con el océano Pacífico. Desde entonces han sido más los encuentros que los desencuentros y hoy, a pocos meses para iniciar un nuevo milenio, nuestros pueblos comparten aires de renovación política (con elecciones presidenciales chilenas en diciembre de este año y un proceso electoral peruano en abril del 2000), en medio de un proceso de globalización mundial que les impone apostar, desde diversos flancos, por el desarrollo de esta parte de nuestro continente.

Cancilleres de Trazegnies y Valdés, buenas maneras para concluier el Tratado de 1929.

En el Perú los chilenos y sus descendientes configuran una de las colonias más emprendedoras y de eso puede dar fe nuestro sistema financiero. Las inversiones chilenas, que en la actualidad superan los 3 mil millones de dólares en sus diversos rubros -industriales, de servicios e inmobiliarios, por citar sólo una parte-, comenzaron a llegar con mayor énfasis durante los primeros años de esta década. La estabilización de nuestra economía, las seguridades del sistema financiero y, luego, la pacificación del país, contribuyeron a afianzar este fenómeno. Este año revela una tendencia al alza, como bien señala más de un analista, si bien es aún necesario superar los rigores recesivos de nuestra economía. Y es que aquí recursos, condiciones sociales y voluntades empresariales existen para ello.
El Acuerdo de Complementación Económica firmado por Chile y Perú a mediados de 1998 ha dado, en ese sentido, un balance muy alentador: de los 110 millones de dólares en exportaciones peruanas que era el resultante de años anteriores, hemos pasado a cerca de 160 millones hasta julio de este año. Este crecimiento permite aguardar mejores tiempos para prosperidad de este intercambio comercial. Más aún si vemos que el Perú es, dentro del volumen de exportaciones chilenas, el cuarto país destinatario en América Latina con alrededor de 300 millones de dólares anuales.
Además de esto existen decenas de proyectos cuya factibilidad es materia de estudio. La responsable explotación de recursos naturales para dar paso a materias primas, yacimientos mineros y la administración de servicios en el sector energético son posibilidades que involucran a más de una corporación y que ya comenzó a unir a empresarios de ambos países. Y no es ése el único campo en el que nuestros países están hallando puntos de encuentro. Los acuerdos finales en torno a los tratados de 1929 han comenzado a discurrir por un cauce donde la cordialidad y el interés común constituyen el alentador sino de ambas cancillerías. A 70 años del pacto que selló la suerte de Tacna y Arica, ambos gobiernos perfilan en la actualidad una solución donde el beneficio para estas regiones -y sus expectantes posibilidades como zona de entrada y salida de comercio marítimo en el Pacífico- es un punto medular. Ambos cancilleres se han pronunciado con cautela y decidida vocación conciliadora en torno a esta salida, y sus puntos de vista están siendo saludados internacionalmente, a pesar del largo tiempo transcurrido.

Embajador Francisco Pérez Walker y una gestión que apuesta por la integración.

Francisco Pérez Walker, embajador de Chile en el Perú, también apuesta por la integración como herramienta para afrontar los retos que estos años de apertura económica imponen a nuestro continente. Pérez Walker, quien es reconocido por tirios y troyanos como un decidido amigo del Perú, ha impulsado diversas iniciativas de integración más allá del discurso y ha jugado un papel esencial en la consolidación de nuestras relaciones, superando más de un momento álgido y teniendo la mira siempre puesta en nuestras posibilidades de intercambio bilateral.
Por eso políticos del más variado rango, entre parlamentarios, presidentes de Cámara, ministros y el propio canciller chileno, nos han visitado durante estos últimos años, fortaleciendo las relaciones de gobierno a gobierno. Asimismo, un creciente número de hombres de negocios han tenido la oportunidad de otear in situ el variado campo que el Perú les ofrece para sus inversiones y negocios. La integración es un proceso en marcha y, como afirma Víctor Fajardo, consultor industrial radicado casi una década en el país, "Estamos en un momento que permite esperar no sólo el incremento, sino el éxito de las inversiones chilenas y de otros países en el Perú. Una vez que se consiga superar la recesión, más chilenos entenderán que este país ofrece un excelente campo para sus negocios".
Entonces no es pecar de optimismo cuando este nuevo aniversario patrio que se celebró el pasado 18 -y que busca unir al pueblo chileno coyunturalmente dividido en torno a la figura y suerte del ex presidente Augusto Pinochet- nos revela a un vecino próspero que pese al particular momento que vive no duda en tender su amistosa mano al Perú. La recesión, fenómeno global de esta época, ha golpeado durante el último año su economía, amenazando su envidiable marca de crecimiento económico. La disminución de sus tasas de pobreza sigue siendo otro reto y las medidas correctivas no se han hecho esperar, pero aún parece largo el camino de la recuperación. Es allí donde el ancestro araucano se revela y nos muestra a un pueblo fieramente comprometido con el progreso y, hoy más que nunca, con la integración entre nuestros pueblos.


Versos Amigos
Lírico y amistoso punto de encuentro entre nuestros pueblos.

Nobel Pablo Neruda nos visitó varias veces.

LA amistad entre peruanos y chilenos se ha nutrido, más allá de las cercanías geográficas, a través de las musas poéticas. Pablo Neruda, Premio Nobel que solía visitarnos con cierta regularidad, dedicó uno de sus más hermosos poemas a la grandeza del legado incaico: "Alturas de Machu Picchu", de 1945, da prueba de su admiración y pasión por el pasado autóctono y las posibilidades futuras de nuestra América. Mucho antes de eso nuestro José Santos Chocano gustaba de Chile, de sus climas y paisajes que también le sirvieron de inspiración. Décadas más tarde el gran Vicente Huidobro compartiría admiración, apoyo y simpatías surrealistas con César Vallejo en la Ciudad Luz.

Las imponentes alturas de Machu Picchu inspiraron un hermoso homenaje neruniano.

Otras muestras de intercambio epistolar donde la amistad está presente es con Nicanor Parra y un aprecio mutuo e imperecedero con José María Arguedas; de la popular cantante y poeta Violeta Parra hacia su amiga Chabuca Granda, y también de parte de Enrique Lihn, poeta que disfrutaba cada una de sus estadías en Lima y que llegó tantas veces entre las décadas del setenta y ochenta hasta que, meses antes de morir, participara en recitales para los jóvenes de la Universidad Católica en 1987. Aquella fue una hermosa forma de integración.



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