Pucha, Yo Burra

Por LORENA TUDELA LOVEDAY

ESO me pasa por hueleguiso, hija, por querer ser perejil de toda salsa en lugar de mantenerme en los cuadrantes del cosmos que conozco. Me llama un día la idiota de la Maripí Pinillos para decirme que, pucha, o sea, le habían contado que en el terreno donde estuvo la casa de mi tía María Luisa Canaval y Moreyra de Basadre, o sea, había ahora un gimnasio puesto por un congresista, donde daban las mejores clases de spinning de Lima, porque mientras pedaleabas te pasaban películas en las que te mostraban cómo la gente de la India no tiene que hacer del fitness un acto de fuerza de voluntad sino de simple estarse existencialmente. Sonaba regio, ¿no te parece?
La cosa es que acepto ir a mirar y ahí empezó mi tragedia, hija, porque llegamos y en la puerta de esa especie de burdel de Coral Gables que había sido el tal gimnasio, pucha, había quince camionetas de la Policía, más el batallón completo de los Aguilas Negras, mientras que una Blanda Nélica Colán cualquiera, pucha, certificaba, con su sastrecito del mercado de Jesús María y su medallota hasta el tercer rollo, no sé qué cosa.
"Vámonos Maripí", le dije a la tarada, "esto me huele a chamusquina", a lo que la otra me contesta, "no hija, debe ser la inauguración de la cafetería, seguro van a venir Martucha, la Salgado y todas las otras gordas a gorrear ensalada de frutas". Pucha, en eso se nos acerca la Blanda Nélica y le dice a una especie de Piquichón que tenía al costado: "Estas deben ser burras...", y sin más, pucha, dos cholos del tamaño de dos Rapa Nui de la Isla de Pascua nos levantan en vilo, así como estábamos con nuestras lycras, y nos meten a unas camionetas cerradas con malla metálica, hija, y yo te confieso que si alguna vez me he sentido un poco puta por haberle quitado el marido a alguien, en esa circunstancia me sentí puta por la sensación de estar cayendo en una batida de la Arequipa. Lo único que pensaba en ese momento era en mis pacientes, pobrecitos, no sabes.

Hija, nos llevaron a un local de horror lleno de oficinas con ese olor a fundillo que te puede llegar a volver drogadicta si te descuidas, hasta que nos sentaron frente a un coronel con máquina de escribir de Comisaría, peine en el bolsillo, y pegado en la pared de atrás, un calendario de Susan León del año pasado, con los pelitos de abajo pintados con lapicero, qué más te puedo decir.
Maripí lloraba como una posesa y yo le tuve que dar por lo bajo un Prozac Compositum porque la idiota era capaz de declarar lo que fuera para salir de allí. Bueno, la cosa empezó cuando el coronel nos espetó: "Hermosas damitas, sabrán disculpar la molestia que les hemos ocasionado estando en la intersección de Basadre con El Rosario, pero es que en las actuales circunstancias del combate al narcotráfico parece que es afirmativa la participación de un padre de la patria poseedor de ese bello y elegante gimnasio al que ustedes dos, bellezas esculturales, acuden, y nos han informado nuestros agentes que ustedes podrían pertenecer al círculo íntimo de los supuestos implicados..."
Qué te puedo decir, al escuchar semejante huevada, hija, yo lo único que vi en mi imaginación fue a mí misma al borde de la piscina del hotel Sonesta de Miami (¡donde se alojaba Alan García!), tomando piñas coladas con el tal congresista Heresi (que dicho sea de paso, o sea, parece un bife de chorizo con una neurona licenciada sin goce de haber), además de Corrochano, las Kuriyama, un tal Chiappe (que una vez en un restaurante me pasó una tarjeta con quinientos dólares y una notita, pucha, en la que decía: "Soy el cuatro al hilo", y yo se la devolví con el siguiente mensaje: "Anda cósele con ese hilo el cóncavo profundo a tu abuela"); además de El Padrino, Los Gallos, Los Camellos y Las Ladillas, bailando merengue y metiéndonos tiros. El shock que sufrí ante la fantasía fue tal, hija, que se me apresuró la lucidez y le dije al coronel, con doscientos dólares de abanico:
-.. "Jefecito, ¿no necesitará unas escobas para mantener bien bonito su local?"
-.. "Nuestra fuerza reconocerá eternamente su contribución", me contestó.
Hija, agarré a Maripí de los pelos, la metí a un taxi y no hemos parado hasta la sauna hirviendo de El Golf, entre que nos sacábamos el horror existencial y pensábamos dónde podía haber verdaderamente un buen gimnasio para hacer spinning. Te juro que en este país todo es tan primigenio. Chau, chau (Rafo León).

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