El Maquillaje
De las Cuentas Nacionales
¡No nos ganan! Ahora resulta que, según la estadística oficial, seguimos con el montaje de automóviles y producimos tanta madera como Finlandia o Canadá.

Escribe
RAFAEL HIDALGO PEREZ

A tenor del último reporte del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), el PBI global entre enero-julio ha crecido en 2,5%. Todo hace pensar que la meta de crecimiento de 3% de 1999 se va a cumplir. Hasta el cierre de esta edición, el INEI no informaba del crecimiento del PBI de agosto. No obstante, los bancos de inversión, que habitualmente son súper optimistas, han previsto una caída del PBI de agosto de -1%, mientras que Credibolsa espera que crezca en 0,4%.
Sin embargo, este pequeño contratiempo no amilana al primer ministro Víctor Joy Way, que en Washington y Nueva York ha señalado que "el Perú y México son los únicos países de la región que crecerán en 1999" (foro organizado por Dow Jones 29/9/99).
No obstante, los inversionistas no confían mucho en estos resultados, porque a despecho de este período de crecimiento (enero-agosto), la tributación ha descendido en -12,3%.
Es por ello que en el primer semestre de esta bonanza, la inversión privada ha caído en -23,5%, las exportaciones no tradicionales en -13,46% y las importaciones -25,6%. Lo único que ha crecido -aparte de los niños y las plantas- es la morosidad bancaria, en 11,35%, y el monto de las letras protestadas, 97,5% (Cámara de Comercio de Lima).

EL BAILE DEL CANGREJO

El ex ministro de Economía Carlos Boloña acaba de sumarse a un antiguo reclamo de los profesores Bruno Seminario (Universidad del Pacífico) y Félix Jiménez (Universidad Católica), al señalar "que el gobierno está jugando con las estadísticas" (Somos N°. 699).
Para graficar las incongruencias numéricas, Boloña recuerda que basta que crezca el sector primario (minería, agricultura y pesquería, equivalentes al 40% del PBI) para que el PBI global se incremente en 2,3%, mientras el resto de los sectores (que representan el 60% del PBI) se debaten en una profunda crisis.
El propio Renzo Rossini, gerente de Estudios Económicos del BCR, reconoció hace más de dos años estas deficiencias (Gestión 5/9/97).
Pero Félix Murillo, director del INEI, ha señalado, por décima vez en los últimos seis años, que incumplirá su compromiso de tener listo para noviembre el valor actualizado del PBI con precios de 1994, "porque 15.000 empresas aún no le responden una encuesta" ("Agenda del Día", CPN Radio 30/9/99). Extraño. Cuatro meses atrás publicó una columna en la que señalaba que "sólo me falta que contesten 11.000 empresas" (El Comercio 1/6/99). El baile del cangrejo.
Murillo ahora dice que tendrá listo el nuevo PBI para el primer semestre del año 2000. No ha precisado si es antes o después de las elecciones. Empero, Boloña cree que "el gobierno ha prohibido la actualización del PBI hasta después de las elecciones, para luego decir: me equivoqué, las cifras reales son cero o negativas".
Según el actual PBI (que toma como año base 1979) el Perú creció en promedio en la década del '90 en 3,2 %, cifra que es menor al promedio de 3,4 % y 4,4 % en la década del '70, como acaba de precisar Felipe Ortiz de Zevallos, de APOYO.
¿Con el PBI actualizado y calculado con precios de 1994 este promedio disminuiría? Parece que sí, por cinco razones:
Primera.- Murillo no parece advertir que en el año base (1979) las exportaciones de bienes y servicios representaban el 27,1 % del PBI (por el boom de precios de las materias primas), mientras que en 1998 estas exportaciones sólo representan el 11 %. Ni siquiera la mitad. Es por eso que, si bien el crecimiento de las exportaciones del sector minero, pesquero o agrícola causa legítima euforia entre empresarios y bancos de inversión, sobredimensiona en más del doble su efecto en el PBI.
Segundo.- Otro dato que es tomado con pinzas por los expertos internacionales es que pese al Fenómeno de El Niño de 1998, el PBI creció en 0,3%, mientras que en 1983, con una alteración climática similar, el PBI cayó en -12 %.
El ex presidente Fernando Belaunde tuvo un diluvio cuarenta veces más grande que el presidente Alberto Fujimori. (Es ilógico. Más si se toma en cuenta que la precipitación pluvial de 1998 (2.040,1 mm.) fue similar a la de 1983 (2.090,1 mm.), según los registros del SENAHMI.
Tercera.- la medición del PBI industrial, que representa el 24 % del PBI ( a precios de 1979, en pleno auge de la promoción industrial para sustituir importaciones), incorpora una alta producción de bienes intermedios. Ahora, casi todo se importa. Tan desfasado resulta este PBI, que pondera, por ejemplo, las industrias de ensamblaje de autos, que hace mucho tiempo han desaparecido.
Cuarta.- Donde la negligencia del señor Murillo llega al absurdo es con el índice de la industria de madera y muebles, que por razones de simple sentido común el INEI dejó de publicar y actualizar en 1997. Ese año, según el increíble reporte del PBI por Actividad Económica (Cuentas Nacionales-Capítulo II), este rubro aportó al producto S/. 4.502 millones (US$ 1.656 millones). De campeonato. Con esa producción (37 % mayor que la explotación de minas y petróleo, y 15 % más voluminosa que la industria textil), el Perú podría considerarse un país maderero a la altura de Finlandia o Canadá.
Tan absurdo índice de las maderas lo incluyó el BCR hasta la Memoria de 1993, y luego decidió hacerlo desaparecer.

MAQUILLANDO EL PBI

Arrastrar una serie estadística por 20 años introduce siempre una serie de distorsiones. En el caso peruano, esto se agrava porque la hiperinflación de 1988-90 potenció el desorden al utilizar el Indice de Precios al Consumidor (IPC) -calculado en base a una canasta cuyo componente mayoritario son los alimentos- para actualizar los diferentes PBI sectoriales.
Y ahora, el propio Murillo ha terminado enredándose en sus investigaciones.
El promedio nacional de ingresos mensuales calculado por la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO) al tercer trimestre de 1998 (Convenio entre el INEI y el Ministerio de Trabajo) arroja un monto por persona de S/. 585,00, es decir, S/. 1.050 por familia al mes (si se asume que el percentil de ingresos familiares es de 1,8 ingresos) o sea un ingreso anual familiar de S/.12.600.
Pero, según el PBI global del BCR para 1998, el ingreso familiar promedio anual en el Perú es de S/. 43.000. (Dividiendo el PBI de 1998 de S/. 215.000 millones entre aproximadamente cinco millones de familias; es decir, 25 millones de habitantes), tal como precisa el experto Jorge Bernedo, de "Análisis Laboral".
Dicho de otra manera, según el censo de ingresos del INEI, el PBI de 1998 debería ser la tercera parte (S/. 63.000 millones) del PBI oficial (S/. 215.000 millones). Murillo versus Murillo.
Con este PBI oficial sobredimensionado, los porcentajes de la presión tributaria (14 % del PBI), gasto del gobierno (15 % del PBI), déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos (5 % del PBI) y el pago de la deuda externa (2,5 % del PBI), se hacen sumamente manejables para el gobierno y, por supuesto, los cobradores externos del país. Michel Camdessus del FMI no muestra mayor premura por exigir que el gobierno actualice su metodología de cálculo del PBI, ni porque en EE.UU. y en otros países de la región, el año base tiene como máximo una antigüedad no mayor de cinco años.
Por cierto, CARETAS viene solicitando desde el 5 de julio una entrevista con el jefe del INEI para aclarar estas incongruencias No ha recibido respuesta. ¿De qué se corre don Félix?

Murillo del INEI: la danza del cangrejo.

MAQUILLANDO LA INFLACION

Otro gato encerrado. ¿Cómo explicarse que la inflación acumulada a setiembre llegue a 3,1%, si por ejemplo el precio del galón de la gasolina de 90 octanos ha crecido en 7,59 %?
Los sectores C, D, y E deben verse en figurillas para financiar la elevación de 20 % del precio del pasaje que ha subido de S/. 1,00 a S/. 1,20.
Pocos conocen que el índice inflacionario mensual depende en un 30 % de las variaciones que sufren tres productos alimenticios: la papa, la cebolla y el limón, como señala el principal asesor del ex ministro Jorge Camet.
Es decir, la canasta del INEI de Murillo se encuentra íntimamente ligada a los ingredientes de una sabrosa "Causa a la Limeña".
La congresista Graciela Fernández Baca recuerda que desde hace dos años el INEI no difunde la hoja de ponderaciones (a nivel de variedad), que antes se conocía como la forma H y que muestra el peso de cada alimento en los cálculos. Sólo se publican los ocho grandes grupos. Este es otro de los secretos de Murillo.
Más aún, esta canasta para medir la inflación ha sido diseñada para el consumo de Lima Metropolitana. ¿Y el resto del país?
La canasta está sesgada hacia el consumo de los sectores D y E, donde la alimentación representa más del 50 % de sus gastos totales.

MAQUILLANDO LA MOROSIDAD BANCARIA

Según cifras de la SBS, la morosidad bancaria asciende a 11,29 % (15/6/99) de las colocaciones (US$ 11.545 millones).
Pero esta cifra de cartera pesada, cercana a los US$ 1.300 millones, fácilmente se podría duplicar, porque, por ejemplo, se ha excluido la deuda impaga del sector pesquero, que asciende a otros US$ 1.200 millones (Semana Económica 684).
Pocos conocen que esta deuda se encuentra al descubierto porque no cuenta con cobertura de provisiones. Por ello, los bancos no hacen olas para que las pesqueras vayan a la Comisión de Salida de Indecopi. Si lo hicieran, según las normas, tendrían que sacar dólares de sus colchones para provisionar estas deudas.
Retirando estas ilusiones númericas, si además se considera que la morosidad del sector minero es la mitad del promedio de los otros sectores, fácilmente este número se puede elevar. El propio ex presidente del BCR Jorge Chávez considera "que la morosidad medida rigurosamente debe estar afectando al 25 ó 30 % de la cartera de créditos" ("Empresa Privada" N°. 18).
Los casos del Banco República y el Banco Latino son aleccionadores para contrastar la idoneidad de las cifras de la SBS.

MAQUILLANDO LA PRIVATIZACION

De los US$ 8.822 millones que registra la COPRI como ingresos por la privatización, mejor ni acordarse.
Por un lado, el viceministro de Hacienda, Alfredo Jaililie, señala que sólo queda en caja el 9 % de estos ingresos (más los intereses que generaron estos fondos) y por el otro, la Cuenta General de la República dice que en caja queda el 58 % de estos fondos. ¿A quién creer?
Lo que ha ocurrido con estos ingresos, que ascienden a S/. 30.000 millones (suma similar al Presupuesto de 1999, que merece un debate en el Congreso), permanecerá oculto, porque el presidente Fujimori ha prohibido al ministro Joy Way ventilar el tema. Sólo se ha revelado que el gobierno ha gastado US$ 1.500 millones en armamentos, y punto. Son secretos de la seguridad nacional.
El Día de las Fuerzas Armadas (23/9/99) el tema de la compra de armas era la comidilla a la hora de los cócteles entre los coroneles y generales de brigada. Pese a que a estos oficiales les han duplicado su dotación mensual de gasolina de 97 octanos ( de 200 a 400 galones en efectivo), no deja de inquietarlos tan espinoso asunto. ¿Dónde están los nuevos equipos?
El general Jaime Salinas Sedó acaba de señalar que "las FF.AA. no han utilizado US$ 1.500 millones en armas".


La Deuda de Fuji
El efecto Yambal en la deuda externa.

El Presidente Alberto Fujimori ha desmentido que la deuda pública durante su gobierno se haya elevado en US$ 6.000 millones pese a que ha pagado cerca de US$ 12.000 millones. (Caretas 1587). Pero la verdad de la milanesa es que encontró una deuda pública de US$ 13.361 millones (30/6/90), que hoy bordea los US$ 19.190 millones (30/6/99). Empero, Fujimori ha señalado que el incremento se debe a la regularización de US$ 5.800 millones de intereses. No es así. Lo que sucede es que nuestros acreedores externos nos han aplicado el mismo tratamiento que da la banca de consumo a sus deudores. El ex ministro Boloña ha señalado que en las cuentas con la banca comercial existen cobros excesivos de US$ 3.800 millones. También suma en US$ 200 millones adicionales el insólito reconocimiento de la deuda del Pachitea y Mantaro y la deuda privada del Banco Popular. Por si fuera poco, la deuda con Japeco pactada en dólares (US$ 300 millones) se aceptó pagar en yenes revaluados, con lo que subió a US$ 1.100 millones. En la deuda rusa pactada en rublos devaluados se la convirtió a dólares por lo que la deuda pasó de US$ 100 a US$ 1.100 millones. En estos dos rubros hay una inflada de US$ 1.800 millones. Esta y otras hazañas constituyen la trama de los US$ 5.800 millones adicionales. Por ello, el BCR ha tenido que volver a escribir la historia. Mientras en la Memoria de 1998 la deuda pública llegaba en 1990 a US$ 18.934 millones, en la Memoria de 1990 era de US$ 13.572 millones.



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