
Un terremoto podría ocurrir hoy mismo o dentro de 20 años. Lo dicen los científicos y lo registra nuestra historia sísmica. Por eso la importancia del simulacro que organizó Defensa Civil el lunes pasado y que , según los expertos, debería repetirse con mayor frecuencia. pues la memoria de los peruanos suele ser frágil. Además y como señala el geofísico Alberto Giesecke se trata de incrementar la capacidad para reducir las pérdidas por causa de terremotos y fenómenos afines.
HUARAZ
1970
El peor desastre natural ocurrido en América.
Terremoto y aluvión dejaron un saldo de 80 mil muertos
¿LIMA
1999?
Portar linternas, alejarse de los vidrios y evacuar
rápidamente.
Según el científico, la humanidad se está convirtiendo en una especie "predominantemente urbana". Se estima que en los próximos 25 años la población urbana será dos veces mayor que la rural. A fines de siglo, que por cierto está a la vuelta de la esquina, llegará a 25 el número de megaciudades con 25 o más millones de habitantes, al mismo tiempo que unas 500 ciudades contarán con un millón o más de pobladores.
"Se pueden solucionar muchos de los graves y complejos problemas que caracterizan a las megaciudades, pero uno de los más complicados y difíciles es, precisamente, el de su vulnerabilidad a los grandes terremotos", sentencia Giesecke.
Al respecto, es bueno recordar que el 28 de octubre de 1746, el Callao albergaba 4,000 personas. Ese mismo día el número se redujo a 200 luego que un tsunami arrasara con navíos, muelles, viviendas y vidas. El agua llegó hasta Carmen de la Legua, nada menos. Media hora antes, Lima tembló espectacularmente a la vez que perdía 2,975 de sus 3,000 casas y enterraba a 1,141 almas.
A la izquierda, el Pacífico sería el epicentro
hipotético de un terremoto de 7 grados en la
ciudad de Lima. Casi todo el territorio nacional es zona sísmica.
No obstante, tanto La Punta como el Callao siguen conviviendo con el mar. Exactamente al mismo nivel. Excepto que ahora la cantidad de pobladores sobrepasa fácil los 700,000 y existe un programa de evacuación por si ocurre el terrible desastre. Se supone que entonces los chalacos -bien informados, conscientes y responsables- dispondrán de 20 a 25 minutos para desplazarse hasta algunos refugios, siendo el más amplio de ellos el parque zonal Yahuarhuaca.
En 1746 el sismo duró tres padrenuestros y dos avemarías y la intensidad se midió abriendo los brazos en forma de cruz. Hoy en día los científicos cuentan con instrumentos que registran los eventos individuales con puntual indicación de severidad y tiempo, aunque nadie tenga la bola de cristal que señale la fecha y lugar dónde se producirá un terremoto. El Japón -cuenta el Ing°. Giesecke- invirtió dos décadas y toneladas de dinero tratando de encontrar la clave que los lleve a la predicción. Tales esfuerzos se detuvieron porque fueron vanos. Pero lo que no se puede detener es el reloj que mueve la Tierra. Se habla de probabilidades y con información obtenida, en el caso peruano y de Lima específicamente, de 400 años de historia sísmica. Se puede aseverar así que "en algún momento habrá un terremoto". En consecuencia, los simulacros de sismo que cada año organiza el Instituto Nacional de Defensa Civil, no son juegos de niños. Se pretende, sobre todo, que la gente reaccione con propiedad ante los fenómenos naturales a fin de evitar pérdidas humanas. Que asegure sus viviendas y que minimice el peligro que significa el pánico.
El simulacro dio como resultado 3 mil muertos. Se presume, sin embargo, que un sismo severo puede provocar la muerte de uno de cada 50,000 habitantes. Derecha, 1970, dramática realidad.
Ahora bien, para los ingenieros, el llamado "período de retorno" (la actividad sísmica se repite históricamente, insistimos) es de 50 años. Significa que los edificios que se construyen deben tener una capacidad de resistencia "vida útil" de medio siglo. "Es un parámetro útil -refiere Giesecke- que se resume de la siguiente manera: las probabilidades de ocurrencia de un sismo que produzca aceleración del terreno no deben sobrepasar determinado nivel en un período de 50 años con un error del 10 por ciento".
¿Qué pasa pues con las casas de adobe, los tugurios de Barrios Altos o el Rímac y los edificios que ya han sufrido severos sismos como los de 1970 y 1974? ¿Qué daños podría sufrir una casa de dos pisos ubicada en La Molina donde el terreno es literalmente, una taza de agua y los cerros amplifican las zonas sísmicas?
Comandante Raúl Gutiérrez de Defensa Civil, "Primera recomendación: mantener la calma". Derecha : El Ing. Alberto Giesecke propone un mayor presupuesto para prevenir desastres naturales.
Ese es el principal problema de Lima, sus edificaciones y su suelo (ver mapa). De acuerdo al Ing°. Francisco Ríos Vara, especialista en prevención y planificación de desastres del SISMID, todo depende de la manera en que uno haya construido su vivienda. En La Molina, el lugar más vulnerable de Lima, donde la capa freática se encuentra prácticamente hundiendo las manos, los pilotes de refuerzo deberían ser mucho más largos que en una construcción levantada en San Isidro o Jesús María. Igual debería ocurrir en Chorrillos. Por otra parte, el suelo del centro de Lima, el más sólido, sostiene paradójicamente las edificaciones más endebles (Si el gobierno central avalara el crédito que la Municipalidad quiere solicitar al BID, para, entre otras cosas, recuperar los tugurios, otra sería la historia). Un fuerte sismo, vaticina Defensa Civil, se llevaría abajo cerca de 500 mil casas en todo Lima.
Mayor vulnerabilidad de suelo, mayor intensidad del sismo. El caso de La Molina y Chorrillos. Derecha: Ing. Ríos advierte el peligro de materiales inadecuados, como los ladrillos sin cocer.
"A veces no se puede diferenciar el efecto del suelo del efecto de las malas construcciones", advierte por su parte el Ing°. Giesecke. "Y el dilema -continúa- no es cómo construir en el futuro sino qué hacer con lo que ya existe". Para él, una solución pertinente en los tugurios de Lima sería, como también lo planteó Defensa Civil en algún momento, adecuar dos o tres habitaciones para que sirvan de refugio. Respecto a las construcciones de adobe (en la Región Andina, 50 millones de personas viven en casas de adobe), el CERESIS ideó reforzar las paredes con una malla, alternativa que nació después de cuatro años de experimentos. "La malla sirve para que la casa no se desmorone en 7 u 8 segundos como suele suceder sino en 20 segundos. Así, los habitantes tendrían tiempo de evacuar y no morirían, de eso se trata".
Hay otra cosa que sostiene Alberto Giesecke y que es muy importante: "El número de víctimas por terremotos en el área andina excede largamente al número de víctimas por conflictos bélicos en la misma zona, sin embargo, la diferencia entre lo que gastamos para prevenir desastres naturales es abismal respecto a lo que se invierte en armamento militar". Es de sabios reconocer que el enemigo es otro.
En 1660 la erupción del Guagua Pichincha arrojó una lluvia de piedras de fuego sobre la ciudad.
LA erupción del volcán Guagua Pichincha, la semana pasada, dibujó un hongo de vapor de agua, ceniza y arena, que se elevó unos 20 kilómetros sobre la ciudad de Quito. Fue el bostezo de un largo sueño de más de 300 años inactivo. El Guagua como le llaman los quiteños a esta montaña escupefuegos, forma parte del macizo volcánico en cuyas faldas se levanta la capital del Ecuador. Se eleva sobre los 4,737 metros, y aunque por estos días está coronado de nieve, en realidad no tiene hielos perpetuos, excepto en algunas de sus quebradas, de donde los campesinos la sacan para venderla en Quito. No está de cara a la ciudad, por lo que el riesgo de la capital ante una gran explosión disminuye considerablemente Está detrás del Rucu-Pichincha, picacho sobre el que sí descansa la capital ecuatoriana. Es, además, el primer volcán de actividad histórica y a la vez el único en la Cordillera Oriental del Ecuador. Entre 1556 y 1660 ha registrado varias erupciones violentas. La que más pánico causó fue justamente la del 24 de junio 1660. Una lluvia de piedras de fuego fue arrojada sobre la ciudad, seguida por fuertes movimientos de tierra que aumentaron el terror. Un año después todavía se sintieron temblores.Todos atribuidos a las entrañas del volcán. Ojalá que esta vez su despertar sea benévolo. Por la tranquilidad de los quiteños. (LACH)

