
Alberto, En Qué Me Has Metido
3. Que mi contrato salga por el Banco Mundial porque si entro a planilla y en el próximo Día del Empleado Público me invitan a almorzar a Cieneguilla, me voy a vivir a Luxemburgo.
Alberto atracó e inmediatamente empecé y no sabes, o sea, el primer día nos sentamos él y yo a recordar, hija, cuando estábamos los dos en Letras de La Católica, el mundo era previo a este cínico estercolero y todo lo hablábamos más o menos así: "no puedo ir a tu fiesta del sábado porque no están dadas las condiciones objetivas en el seno del pueblo y además que la formación social está en plena teoría de la dependencia del campo a la ciudad", cómo te explico.
Pucha, o sea, agarramos una pista regia acordándonos de ese viaje que hicimos a la selva para conocer directamente la realidad nacional de la lucha de clases, ¿ya?; y pucha, o sea, el pobre Alberto una noche salió al monte a hacer pila y cuando quiso regresar, se dio cuenta de que estaba poco menos que camino a Brasil, y al día siguiente hubo que contratar piros para buscarlo. Lo encontraron, hija, sentado en un shihuahuaco hecho un alfiletero por las picaduras de los mosquitos, repitiéndose a sí mismo, "por qué no traje el repelente Premier, maldición" y como uno de los piros era chamán ayahuasquero, pucha, reinterpretó sus palabras y sentenció: "el gordito va a terminar siendo del país su premier", y mira tú lo que es la vida.
En fin, hija, mi tarea de hoy es súper pesada: tengo que reunir a Efra y a Gringo y hacerles terapia de a dos a ver si se dejan de hablar huevadas sobre quién es el verdadero ministro de Economía, ¿ya? Después, o sea, tenemos un cóctel en la Embajada de Birmania, súper importante; y al mediodía, o sea, hay que estar con El Chino Cuchufleto en el Consejo de Ministros y yo, ni más ni menos que yo, Lorena Tudela Loveday, pucha, tengo que presentarle al interfecto un nuevo proyecto de Reforma del Estado regio que he hecho, en el que por Decreto Supremo se prohíbe que las secretarias pongan sus peluchitos sobre el monitor de sus computadoras, entre otros puntos, por supuesto. Pero bueno, hija, un día la vida te pone acá y al otro, más allá, cómo será pues. Chau, chau. (Rafo León).
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