Edición Nº 1592


 

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    ARTÍCULO

    4 de Noviembre de 1999

    Faldas de Peso
    Diálogo con Sonia Goldenberg sobre un encuentro en torno de las relaciones entre el poder, las faldas y algo más.

    Entre los días 5 y 7 de noviembre, el Hotel Los Delfines será escenario del megaencuentro Mujeres y Hombres. Siglo XXI, organizado por la ONG Tramas, que preside Sonia Goldenberg. La calidad de los participantes asegura una lúcida evaluación de las relaciones de género, especialmente en tiempos de un régimen que ha encumbrado a vociferantes féminas como medios de control social. Entre los ilustres visitantes figuran Gilles Lipovetsky (filósofo), Lavinia Byrne (teóloga), Gianni Vattimo (filósofo), John Stoltenberg (teólogo y feminista radical) , Carmen Alborch (política) y Susana Reisz (crítica literaria).

    Escribe JOSE GÜICH RODRIGUEZ

    Sonia Goldenberg en franca y risueña demostración del poderío femenino en los ’90. Derecha: De la idealización renacentista a la independencia femenina corrió agua bajo el puente.

    EL siglo XX será evocado, por los historiadores del futuro, como el siglo del ascenso femenino. Muchos sucesos de hondas implicancias culturales transformaron para siempre las relaciones de género -léase, entre hombre y mujer-. Lejanos quedan los tiempos en que mujeres aspirantes al voto, en países como Estados Unidos, eran literalmente arrastradas por la fuerza pública para guardarlas en custodia y, posteriormente, entregarlas a la tutela de los desconcertados y resignados maridos o padres. Aunque todavía subsisten arcaicos rezagos patriarcales –sobre todo en naciones tercermundistas– que pretenden relegar a la mujer al papel de simple comparsa o exiliarla al plano estrictamente doméstico, resulta innegable que el próximo milenio será ampliamente dominado por su impronta.
    No sólo conquistó el derecho a emitir una opinión política y a decidir el futuro de su sociedad: ella misma desempeña actualmente funciones estratégicas en el gobierno central de diversos países –incluso, la Presidencia–. Algo de esta revolución silenciosa es apreciable también en el Perú, pese a las taras machistas que aún pueblan el cerebro de muchos varones de estos lares o la manipulación que el oficialismo ejerce a través de sus implacables mastines del otrora sexo débil (tanto en los devaluados Poderes del Estado como en los medios de comunicación al servicio del régimen) y, por si esto fuera poco, al conservadurismo urticante de cierto clero, que exige "más femineidad y menos política en las mujeres". Sin embargo, entre los máximos logros brillan, con luz propia, una sensibilidad propiamente femenina, así como la construcción de una sexualidad libre de oscurantistas preceptos, más propios de un villorrio que de la aldea global.

    Sabina Berman e Isabelle Tardan, cineastas. Centro: el arte siempre recreó las visiones sobre la mujer. Derecha: Gilles Lipovetsky, filósofo.

    El hecho de asumir el propio cuerpo como un territorio a ser plenanente explorado y, por qué no, liberado de los miedos y de las calificaciones prejuiciosas, constituye una de las mayores subversiones de la modernidad. El evento Mujeres y Hombres. Siglo XXI, organizado por Tramas (Organización No Gubernamental presidida por Sonia Goldenberg) congregará a más de 60 personalidades -entre filósofos, sociólogos, escritores, periodistas, teólogos, políticos y empresarios-, con el fin de evaluar estos poderosos cambios de paradigma. Goldenberg explica con entusiasmo las motivaciones del megaevento. Uno de los participantes connotados es el filósofo y escritor Gilles Lipovetsky. El está convencido de que la emergencia femenina no es la transformación más profunda, sino la aceleración de los cambios en la última década de este siglo. Ese fenómeno se deja sentir en lo erótico, lo profesional y lo económico, y no en una forma necesariamente feminista. Los datos al respecto son impresionantes. Las oportunidades para la mujer, por ejemplo en EE.UU., son enormes. Basta examinar las estadísticas. El 65% de los automóviles son adquiridos por mujeres. Pero el cambio también se expresa en la intimidad. En cuanto a los ecos de esta situación en el Perú, Goldenberg sostiene que la demanda de participación es muy grande en lo político y en lo laboral. Las cosas también están cambiando aquí, aunque no en la escala asumida ya en otras latitudes. Tenemos congresistas, alcaldesas y ministras, pero aún hay restricciones en el Ministerio del Interior. Para la Presidencia, parece que aún falta un importante trecho, pero encuestas realizadas en todo el país revelan que los hombres aceptarían esa posibilidad y, es más, la alientan con entusiasmo. La mentalidad de hoy es diferente.

    De izquierda a derecha: John Stoltenberg, Lavinia Byrne, Carmen Alborch, Gianni Vattimo.


    Casi todos reconocen la capacidad de trabajo, la honestidad y las grandes condiciones para la administración de recursos escasos que la mujer peruana demuestra con creces. La generación actual de peruanos es de trabajadores.
    Ante la pregunta acerca de si considera que el gobierno aprovecha demagógicamente la participación de las mujeres en las decisiones del más alto nivel, la periodista y organizadora principal realiza un diplomático y femenino quite, en el mejor estilo taurino. Pienso que el poder político brinda un mayor espacio a las mujeres. Pero lo mismo ocurre en la oposición, que cuenta con respetables figuras femeninas. Los gobernantes que no sintonicen con estas transformaciones van a perder votos. Sería una ingenuidad no reconocerlo. Existe, al respecto, una conciencia de la oportunidad. Según Goldenberg, la preocupación esencial del evento se centra en la confluencia edificante entre hombres y mujeres en el umbral de una nueva era. El concepto del amor es más consensuado y más libre. Todo permite vislumbrar que las mujeres podrán ingresar a la vida pública en su femineidad. Es posible que el feminismo haya exagerado las diferencias. Yo creo, más bien, en una complementariedad.

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