Edición Nº 1592


 

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    ARTÍCULO

    4 de Noviembre de 1999

    Internet 30 Años
    La red de información que cambió la vida moderna cumple años y busca santo patrón.

    Escribe GREGORIO MARTINEZ

    ALGUNOS navegantes cibernéticos quieren a San Isidoro como santo patrono de Internet. Publicaciones serias como Newsweek, The Washington Post, Le Monde han comentado al respecto. San Isidoro, arzobispo de Sevilla en el siglo VII, es autor de Etimología, la primera enciclopedia sobre el origen de las palabras. Este es su mérito y su nexo con la net. Pero hay una gran piedra en el camino. San Isidoro fue un rabioso antisemita. En tal caso, el lujurioso San Agustín tiene mayor afinidad con Internet. Cuando se preguntó cuántos ángeles podían caber en la punta de una aguja, el obispo de Hipona no dijo un disparate, como muchos lo han repetido a lo largo de centurias, sencillamente estaba soñando con el microprocesador electrónico. Mala suerte para San Agustín que el año 1232 nació en Cataluña el santo laico Ramón Lull, un visionario que creía que cada campo del conocimiento estaba regido por axiomas, de modo que construyó, en la realidad, no en sueños, un cartabón llamado el Gran Arte que podía responder miles de preguntas sobre cualquier disciplina. Sin duda, Ramón Lull no tiene contendor en el terreno de la santidad cibernética.
    Hace 30 años, cuando el ahora viejo senador Neil Armstrong puso los pies en la Luna, todavía en ese entonces nació Internet. La parió, gracias a embriones de Rockwell y AT&T, una dependencia del Pentágono establecida en Texas. Pero la criatura que dio a luz Defense Advanced Research Projects Agency (DARPA) se mantuvo tullida durante años, encerrada en los ámbitos de la inteligencia militar. Después se desplazó con muletas, de manera restringida, en el sector civil, todavía sin fanáticos que quisieran darle un santo patrono. No perdamos de vista que Ramón Lull se anticipó a la idea del conocimiento global que Giovanni Pico della Mirandola propuso en el renacimiento. Línea en la cual, después, Baruch Spinoza desarrolló sus conjeturas matemáticas para demostrar la existencia de Dios. Pie que finalmente le sirvió a Leibnitz para sentar las bases de la lógica matemática, materia de la que saldrá el lenguaje de la computadora.

    Recién en 1994, cuando Marc Andreessen inventó el browser, entonces Internet se convirtió en la vedette que es actualmente. Marc Andreessen, cofundador de Netscape, tenía 23 años y vio en Internet un potencial ilimitado, algo que jamás pasó por la cabeza de Bill Gates, el magnate de Microsoft. Justamente el invento de Andreessen, el Navigator, es la causa que originó el juicio que hoy confronta Microsoft, acusada de monopolio por el gobierno de Estados Unidos.
    Una vez que Bill Gates reconoció la mina que había en Internet, inmediatamente ordenó a sus huestes de expertos que desarrollaran un browser a imagen y semejanza del Navigator. Así resultó el Explorer y Bill Gates, imitando la táctica que John Rockefeller usó con el kerosene, decidió aniquilar a Netscape y cualquier otro competidor. El arma: regalar el browser junto con el programa windows 98. Como en Estados Unidos el poder judicial es independiente, la poderosa Microsoft, con todos sus billones, fue agarrada del pescuezo y puesta en el banquillo de los acusados. Hoy en día, la empresa de Bill Gates ha roto un récord que jamás nadie soñó: su riqueza, 500 mil millones de dólares, supera todo el monto de dólares que existe el mundo, incluidos los bolsillos de cada quien, los bancos o los cargamentos de billetes sustraídos por los gobiernos corruptos, cifra que sólo llega 450 mil millones, más el puchito que ha escondido la presidencia del Perú de la venta de empresas estatales. (Fuente: Book of Facts, 1999).
    Igual que una perfecta vedette, Internet se puso por encima del lío de sus pretendientes. Ahora no es sólo la extensión del ojo, como hubiera querido Marshall McLuhan, es también la mano que aprieta, el oído pendiente y hasta el tacto digital en el caso de los licenciosos. La mano que aprieta porque podemos ir al mercado y comprar paltas sin salir ni movernos un paso. En poco tiempo, halagar el olfato será también cosa corriente, algo que la televisión y el cine siempre anhelaron. Quizás por temor de que se esfume tanta belleza es que los argonautas de Internet quieren un santo. Después del catalán Ramón Lull, el utópico Tomás Moro, el primer ideólogo de la sociedad sin clases, podría haber sido un candidato de peso. Lástima que ya los abogados lo tomaron como patrono, en 1935, apenas el Vaticano le dio la santidad por haberle dicho al rey Enrique VIII: majestad, primero es Dios que vos. En buena ley, los abogados mejor deberían tomar como patrono a Santo Tomás el excéptico, aquel que metió el dedo en la llaga de Cristo.
    Todo el mundo pudo ver en la televisión cuando el astronauta norteamericano Neil Armstrong caminó en la Luna. Yo lo vi en el televisor de la escuelita de Surquillo donde trabajaba como maestro de parvuliches. Fue algo impresionante y a la vez remoto, la hazaña fugaz de una tecnología arcana. Pero en 1997, en el momento que el carrito Sojouner rodó sobre la superficie de Marte, muchos pudieron ver y manejar el espectáculo, la proeza de la NASA, a través de Internet. Si alguien deseaba admirar más detalles del paisaje del planeta Marte, podía virar la imagen hasta 180 grados. Luego, jugando con el ratón conseguía sentarse frente a una charla de expertos en viajes espaciales, ver fotos, leer información científica o esotérica. Incluso podía intercambiar ideas con gente incrédula que rechazaba el hecho como una patraña del Pentágono filmada en el desierto de Nevada, cerca al Area 51.
    En cinco años Internet ha causado una verdadera revolución en los medios informativos. Cuando la computadora parecía destinada sólo a un sector de la sociedad, Internet la ha convertido en el utensilio más deseado en cualquier hogar rico o pobre, educado o no. Es justamente como el Gran Arte, el cartabón de axiomas que construyó Ramón Lull y al que le podíamos preguntar lo que se nos antojara. Igual, Internet tiene ahora la respuesta para todo y nos conecta con quien sea, basta que tenga un utensilio compatible ya sea en la Antártida o en Oxapampa. Sin embargo, dicen los entendidos en el asunto como Jim Clark, hombre fuerte de Nestcape, que el verdadero reventón está por llegar. En Internet florecerán miles de empresas y negocios con el poderío de Amazon.com. En buena cuenta, Internet era la Bella Durmiente durante 25 años. En estos últimos 5 años se ha despertado, encantadora, para seducirnos a todos, aun a los desamparados del planeta.
    Por eso mismo resulta sublevante que un grupo de niños muera por falta de auxilio, porque la comunicación falló. Que en medio de tanta tecnología no se pueda rescatar a una niña que cae en un abandonado pozo tubular. Frente a esta contradicción, así como los entusiastas de Internet quieren un santo, los que nunca han navegado en el espacio cibernético recurren a San Martín de Porras para consolarse. Pero no hay remedio ni uno ni medio, veo que en Internet abundan los website que pugnan por la canonización de Sarita Colonia, la Beatita de Humay, la Beatita Melchorita de Sunampe, el Padre Urraca, Fray Ramón Rojas más conocido como Padre Guatemala. Aun uno que reclama la canonización de Rosita Pachas, del distrito de Pachacútec, en Ica.

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