Edición Nº 1592


 

  • Portada
  • Nos Escriben..
  • Mar de Fondo
  • Heduardo
  • China te Cuenta...
  • Ellos & Ellas
  • Culturales
  • Caretas TV
  • Controversias
  • Piedra de Toque

     

  •  

     

    ARTÍCULO

    4 de Noviembre de 1999

    INFORME ESPECIAL DESDE SATIPO

    A la Caza de Sendero
    Ejército continúa operativo "Aniquilación" para capturar a huestes senderistas. Al cerco militar se suma el cerco informativo.

    Tres mil efectivos, helicópteros, puestos de vigilancia, control militar en casi todos los pueblos del valle del Ene. A un mes del derribamiento de un helicóptero MI-17 en la zona de Alto Anapati, el pasado 2 de octubre -perpetrado, presuntamente, por las columnas senderistas dirigidas por "Alipio" o "Artemio"-, los operativos continúan con fuerza y los dirige nada menos que el general Luis Alatrista, jefe de la División de Fuerzas Especiales (DIFE), lo que da una idea de la importancia de ellos. CARETAS estuvo allí y fue testigo de la tensión que se vive en esta zona que, a comienzos de esta década, fue escenario de continuas incursiones armadas y tierra propicia para campamentos sediciosos (como el de la foto con que abrimos este informe) y que aún hoy muestra signos de estar atrapada en la espiral de la violencia política. No por gusto la llamaban "Vietnamito".

    Escribe MANUEL ERAUSQUI

    Campamento senderista fotografiado por el corresponsal de la revista alemana Der Spiegel, Thomas Muller, desde un helicóptero del Ejército Peruano, en diciembre de 1996, cerca de donde actualmente se produce el operativo "Aniquilación".

    HELICOPTEROS del ejército, plenamente artillados, alzan vuelo en una búsqueda sin cuartel contra las huestes de "Alipio" y "Artemio" por toda la selva de Junín. El fuerte operativo puesto en marcha a lo largo del río Ene y el incremento de tropas a 3,000 efectivos militares, según versiones castrenses, convierten a este cerco en uno de los más grandes realizados hasta ahora.
    En la inmensidad del monte, Sendero ha mantenido una lógica de escape trepando a mayores alturas, donde su ubicación se hace más difícil y donde puede evitar los mosquitos que transmiten malaria o la fiebre amarilla (o parasitan el agua). La otra opción de fuga consistiría en ingresar, disgregados de uno en uno, a los poblados del río Ene, fingiendo ser campesinos. Total, ellos también pueden tener documentos y evadir el estricto control militar que ahora está en casi todos los pueblos.
    Ante la necesidad imperiosa de obtener resultados, el general Luis Alatrista Rodríguez, jefe del operativo denominado "Aniquilación", ha instalado en la mayoría de los caseríos puestos de vigilancia para controlar las entradas y salidas de todos los poblados del Valle del Ene. Las fuerzas del orden no perdonan a nadie la presentación de documentos. El no tenerlos cuesta el encierro indefinido en un cuartel. El general Alatrista se ha convertido en el hombre fuerte en esta complicada y convulsionada zona, incluso quitándole capacidad de decisión al general Juan Javier Lira, jefe político militar de esta región.
    De rostro adusto y de un carácter enérgico, Alatrista, instalado en la base de Mazamari, corre todos los días a las seis de la tarde en la pista de aterrizaje de la base de Mazamari una media hora. Custodiado por un soldado, evita todo tipo de contacto con la prensa y ha sumido a toda la base en un hermetismo total. CARETAS intentó conversar con él, pero el diálogo fue inútil. Abordado al final de sus ejercicios, se mostró furioso y se rehusó a declarar. Apenas hizo un gesto y dijo, al paso "hablen con mi comando en Lima".

    General Luis Alatrista, jefe del operativo “Aniquilación”, en discreto descenso. La versión sobre su secuestro ha sido descartada

    Perteneciente a la promoción 1972 de infantería del Ejército, Alatrista fue comandante del batallón Nº. 19 en la guerra del Cenepa. En 1996 formó parte del operativo Chavín de Huantar, al año siguiente ascendió a general y en 1998 fue nombrado jefe de la DIFE. Hoy es quien marca el derrotero de este operativo que por el momento no tiene resultados.
    Los cielos de esta zona se ven ahora surcados por helicópteros artillados con proyectiles antipersonales (rockets), listos para atacar a los subversivos. Según el general (r) Walter Ledesma, estos pueden actuar en un lugar tan complicado como éste y los proyectiles tienen un alcance de 100 a 500 mts, "pero la tupida vegetación de la selva limita la onda explosiva".
    Las columnas de Sendero Luminoso no pasarían de 300 hombres, quizás no todos con armas. La impresión de tener un mayor número de gente en sus filas se debe al secuestro de pobladores, utilizados como agricultores en los provisionales campamentos que tienen en los montes. Estos, además, servirían de carne de cañón en una eventual confrontación con efectivos militares.
    A pesar de estar en inferioridad numérica, SL sigue siendo sumamente escurridizo. La lógica de los sediciosos, como después del ataque perpetrado el 2 de octubre pasado en Alto Anapati, consiste en huir divididos en grupos, camuflarse en diferentes puntos de la selva y esconder sus armas para pasar como simples campesinos, lo que los hace inubicables.
    Aunque en menor intensidad, estos movimientos no son nuevos en la zona. En años recientes había campamentos senderistas bien instalados en la zona y se le llamaba incluso "Vietnamito", debido a los continuos combates que allí se suscitaban. Las incursiones violentas a los pueblos se dieron hasta, más o menos, 1993, pero hasta 1996 todavía se encontraban algunos enclaves subversivos.

    Golpes y contragolpes. Un herido llega a la base de Mazamari, al parecer luego de un enfrentamiento. Derecha: un cohete rocket listo para artillar un helicóptero.

    El fotógrafo alemán Thomas Muller, corresponsal de la revista Der Spiegel, llegó incluso a fotografiar campamentos subversivos, a fines de 1996 (ver foto de apertura). La repentina incursión del MRTA en la residencia del embajador japonés hizo que dichas fotos no fueran publicadas en ese momento, cosa que CARETAS hace ahora en exclusiva. Masacres como las del poblado de Tsiari, en abril de 1993, donde SL se ensañó con 120 nativos asháninkas, a quienes victimó a machetazos, o el ataque a la plaza de armas de Mazamari, también en 1993 (noviembre), son cosas del pasado. Pero el fuerte despliegue de tropas y el rumor de enfrentamientos han revivido los recuerdos y ha provocado que muchas comunidades del río Ene dejen sus hogares, presas de cierta paranoia de guerra.
    T oda la zona del Valle del río Ene, al margen del problema de la presencia senderista, se encuentra en extrema pobreza y tiene una tasa de analfabetismo del 66 por ciento, manifiesta la doctora Ada Chueca, funcionaria del Centro Amazónico de Antropología y Aplicación práctica (CAAAP).
    Los problemas de estos pobladores no quedan allí. Hay numerosas enfermedades, varias de ellas mortales. Los centros de salud, en su mayoría, no tienen personal suficiente ni medicinas apropiadas. Hasta ahora, las tropas del general Alatrista no ponen punto final a una guerra circunscrita a la agreste selva central, donde las temibles emboscadas senderistas todavía acechan.

    Senderos de Fuga
    Las columnas subversivas tendrían varias rutas de escape. Una por Otuto y Pucutá, para llegar a Huancayo. Otra por el río Ene, cruzando el Cañón del Diablo, hacia una selva más tupida. Obsérvese el cerco militar tendido en la zona.


     

    Subir