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Edición Nº 1592 |
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Por JAIME BEDOYA Encuentros
con Hombres Notables
HAY una ética del favor. Al servir, uno es servido. No tengo nada en contra de Raúl di Blasio. Tampoco a favor, aunque sospecho que debe ser diestro frente a una parrilla. Cuando veo sus video clips siento la misma curiosidad morbosa de quien ve un accidente de tránsito en cámara lenta. Como ese del motociclista que es desintegrado por un camión que se lo lleva de encuentro. Di Blasio ha sido llamado por algunos El Piano de América, el Clayderman Morocho, el Liberace del Tercer Mundo. No es poco para un pibe de Zapala, fan de los Beatles y ex tecladista de Los Diabólicos, que tras años de estancamiento como pianista de marisquerías en Viña del Mar un día a los 33 años tiró una moneda al aire diciendo si sale sello, seré Di Blasio. Hacía un favor. Esperaba en el auto en el parqueo de Prima Pasta, trattoria miamense en una desolada intersección de la Collins, a que una amiga recogiese un champú1 revitalizante que debía ser enviado a Lima con carácter de urgencia. Contaba los intervalos entre la intermitencia de un aviso de neón. Salió a los cinco minutos llevando el champú en la mano y un tono pálido en la piel. Dijo adivina quién está adentro. Pregunté quién y respondió con el siguiente relato. Un argentino con gafas polarizadas azules que besaba a una rubia le cerró el paso al entrar. ¿A quién buscas? Ella nombró a su amiga. Sígueme. La ruta fue larga y en penumbra. En las paredes habían espejos y fotos de celebridades de segundo orden con autógrafos dedicados a un tal Arturo. El alfombrado era rojo, las servilletas de papel. Di Blasio y su entorno2 estaban ubicados en un salón apartado, cosa extraña ya que eran los únicos en el lugar. Todos, sin excepcion, tomaban lemoncellos3 en copas plásticas de champagne. Di Blasio dijo que el lemoncello era peruano. ¡Raúl sos grande!, lo alabó alguien del entorno. Todos llevaban camisetas blancas y bamboleaban sus lemoncellos al son de la música ambiental.4 Di Blasio lucía un look casual. Jean gastado hasta media canilla, dejando ver unos mocasines mostaza de punta revertida y suela antideslizante. Los ornamentos se reducían a una pulsera de oro. Sus manos eran gordas, de dedos largos y cónicos. La breve palma no era proporcional a sus dedos. Tenía muchos pelos en las manos, no parecían de pianista5. El peinado de Di Blasio se basaba en un rapado en la nuca, propiciando el suave vuelo de una breve melena. Esto encuentra funcionalidad en los conciertos en vivo. Hay sospechas malsanas de que es completamente calvo y que parte de su cabello es tejido. No hay pruebas. Cierto es que en 15 cms. partiendo de la nuca hacia arriba no existían pelos. Sobre la mesa quedaban restos de ensalada caprese, manchas de aceite de oliva y copas de lemoncello. Raúl fue muy educado. El tiempo que duró la visita él se mantuvo de pie. Cuatro argentinos más lo imitaron. En estas cirscuntancias vieron cómo la peruana que los acompañaba sacaba de su cartera el champú, éste atravesaba la mesa y era entregado a otras manos. Nadie dijo nada. No lo creo, dije al terminar de oír el relato. Pasé lentamente por la puerta y en efecto pude distinguir a un grupo al fondo del lugar. Era imposible saber si alguno de ellos era Di Blasio y sonreí con incredulidad. Esto causó hondo malestar y no hubo conversación durante el largo camino hasta su casa en Kendall. Al bajarse, sosteniendo la puerta, dijo: En diciembre lanzará su ultimo cd, una fusión de música navideña y caribeña. Luego dio un portazo. En su arrebato se quedó con el champú. Algún cabello maltratado debe estar necesitándolo. ______________ 1. Hecho a base de un fruto indio llamado macassar (schleichera trifuga
wild).
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