|
Portada
Nos
Escriben...
Mar
de Fondo
Heduardo
China
te Cuenta...
Ellos
& Ellas
Culturales
Caretas
TV
Controversias
Lugar
Común
Piedra de Toque
Mal Menor

|
|
 |
 |
25 de noviembre de 1999 |
Por
FERNANDO ROSPIGLOSI |
Nuevos
Vientos
MIENTRAS
en el Perú el gobierno de Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori
está logrando imponer la idea que es invencible y que, pase lo
que pase, se perpetuará en el poder, en el exterior parece que
ya se hartaron de ellos y no están dispuestos a tolerarlos más.
A las ya conocidas resoluciones aprobadas por el senado y la cámara
de representantes de los EE.UU., se agrega ahora la próxima llegada
al Perú de numerosas delegaciones de varios países e instituciones
que vendrán a supervisar el proceso electoral.
Ya no van a venir dos o tres días antes de la fecha de la votación,
como en ocasiones anteriores, porque ya se dieron cuenta que eso sirve
de poco. En ese momento el resultado ya está prácticamente
decidido. Porque ahora el fraude no se hace como antes, robándose
las ánforas y cambiando los votos. Ahora se manipula todo el proceso,
tergiversando la Constitución y las leyes, controlando los organismos
electorales, utilizando los recursos públicos con fines electoreros,
espiando y demoliendo a los adversarios.
Es decir, no son elecciones libres y competitivas, en igualdad de condiciones,
sino comicios amañados en
los que, en realidad, no hay manera de derrotar al presidente reeleccionista.
Internamente hay pocas posibilidades de impedir esa manipulación.
La cúpula cívico militar que gobierna autoritariamente el
Perú, ha mostrado que puede hacer lo que le venga en gana, como
liquidar el referéndum sobre la reelección, cambiar la composición
y el sistema de votación del Jurado Nacional de Elecciones, usar
los recursos públicos en función de la re-reelección
sin freno ni control, someter completamente la Tv. de señal abierta,
calumniar y difamar impunemente a los adversarios del régimen,
y obstaculizar decisivamente sus campañas proselitistas.
Pero la observación internacional tiene otro alcance. Si las misiones
que ya empiezan a llegar al Perú comprueban que lo anterior es
cierto, eso creará un ambiente externo que socavará seriamente
el respaldo o tolerancia de la que se ha beneficiado el régimen
cívico militar hasta ahora.
Al parecer, un campanazo de alarma que ha despertado a muchos en los EE.UU.,
ha sido la situación de Venezuela, donde el gobierno del comandante
(r) Hugo Chávez está construyendo velozmente una dictadura
con careta democrática.
Chávez ha hecho lo que hacen todos los regímenes autoritarios:
concentrar el poder eliminando, en la práctica, la división
de poderes. Y perpetuarse en el gobierno mediante la reelección
inmediata. Al tiempo que controla y politiza las FF.AA., que se convertirán
en un sustento básico de su gobierno.
El punto es que Venezuela, que exporta casi toda su enorme producción
petrolera a EE.UU., sí es un país importante para la superpotencia
del norte. Lo ocurrido en ese país probablemente ha hecho reflexionar
a los decisores de la política estadounidense sobre los peligros
de la tolerancia con regímenes autoritarios barnizados de democracia.
Además, por supuesto, de la evaluación de que si el gobierno
de Montesinos y Fujimori continúa más allá del 2000,
se convertirá en un factor de inestabilidad.
Como es obvio, los militares de otros países se han dado cuenta
que existen caminos para burlar la prohibición norteamericana y
de la comunidad internacional de dar golpes de Estado en Latinoamérica.
Es decir, que si bien están terminantemente impedidos de sacar
los tanques y ocupar el palacio presidencial, existen vías alternas
como la peruana y la venezolana.
Los uniformados ecuatorianos ya están preparando su propio camino
y emiten pronunciamientos públicos cada vez más agresivos.
Paraguay, donde la ineptitud, corrupción y conflictos internos
del nuevo gobierno siguen profundizando la inestabilidad, está
también en la mira de los militares.
En suma, a finales del siglo XX la amenaza de las dictaduras militares
envueltas con nuevos ropajes, se cierne otra vez sobre el continente.
El asunto es que si continúan cayendo países, aunque sean
pequeños, la brecha estará abierta y sólo será
cuestión de tiempo el que otros sigan ese camino, como ha ocurrido
antes.
Eso explicaría la creciente preocupación internacional
y las legítimas y positivas presiones que se ejercerán sobre
el régimen autoritario peruano, para forzarlo a aflojar la indebida
manipulación del proceso electoral.
Pero todo lo que pueden hacer los gobiernos y organismos extranjeros,
es influir para propiciar elecciones más libres y competitivas,
reduciendo las posibilidades de fraude y manipulación, y frenando
la violencia del régimen sobre sus adversarios. Lo fundamental
lo tenemos que hacer los peruanos.
Empezando por abandonar ese absurdo ambiente depresivo, fomentado por
la maquinaria propagandística del régimen. Y deponiendo
el ilimitado apetito de poder, que está desbordando largamente
los límites de las legítimas ambiciones políticas.
Email:frospig@amauta.rcp.net.pe
|