Edición Nº 1595


 

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    25 de noviembre de 1999
    Por FERNANDO ROSPIGLOSI


    Nuevos Vientos


    MIENTRAS en el Perú el gobierno de Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori está logrando imponer la idea que es invencible y que, pase lo que pase, se perpetuará en el poder, en el exterior parece que ya se hartaron de ellos y no están dispuestos a tolerarlos más.
    A las ya conocidas resoluciones aprobadas por el senado y la cámara de representantes de los EE.UU., se agrega ahora la próxima llegada al Perú de numerosas delegaciones de varios países e instituciones que vendrán a supervisar el proceso electoral.
    Ya no van a venir dos o tres días antes de la fecha de la votación, como en ocasiones anteriores, porque ya se dieron cuenta que eso sirve de poco. En ese momento el resultado ya está prácticamente decidido. Porque ahora el fraude no se hace como antes, robándose las ánforas y cambiando los votos. Ahora se manipula todo el proceso, tergiversando la Constitución y las leyes, controlando los organismos electorales, utilizando los recursos públicos con fines electoreros, espiando y demoliendo a los adversarios.
    Es decir, no son elecciones libres y competitivas, en igualdad de condiciones, sino comicios amañados en los que, en realidad, no hay manera de derrotar al presidente reeleccionista.
    Internamente hay pocas posibilidades de impedir esa manipulación. La cúpula cívico militar que gobierna autoritariamente el Perú, ha mostrado que puede hacer lo que le venga en gana, como liquidar el referéndum sobre la reelección, cambiar la composición y el sistema de votación del Jurado Nacional de Elecciones, usar los recursos públicos en función de la re-reelección sin freno ni control, someter completamente la Tv. de señal abierta, calumniar y difamar impunemente a los adversarios del régimen, y obstaculizar decisivamente sus campañas proselitistas.
    Pero la observación internacional tiene otro alcance. Si las misiones que ya empiezan a llegar al Perú comprueban que lo anterior es cierto, eso creará un ambiente externo que socavará seriamente el respaldo o tolerancia de la que se ha beneficiado el régimen cívico militar hasta ahora.
    Al parecer, un campanazo de alarma que ha despertado a muchos en los EE.UU., ha sido la situación de Venezuela, donde el gobierno del comandante (r) Hugo Chávez está construyendo velozmente una dictadura con careta democrática.
    Chávez ha hecho lo que hacen todos los regímenes autoritarios: concentrar el poder eliminando, en la práctica, la división de poderes. Y perpetuarse en el gobierno mediante la reelección inmediata. Al tiempo que controla y politiza las FF.AA., que se convertirán en un sustento básico de su gobierno.
    El punto es que Venezuela, que exporta casi toda su enorme producción petrolera a EE.UU., sí es un país importante para la superpotencia del norte. Lo ocurrido en ese país probablemente ha hecho reflexionar a los decisores de la política estadounidense sobre los peligros de la tolerancia con regímenes autoritarios barnizados de democracia.
    Además, por supuesto, de la evaluación de que si el gobierno de Montesinos y Fujimori continúa más allá del 2000, se convertirá en un factor de inestabilidad.
    Como es obvio, los militares de otros países se han dado cuenta que existen caminos para burlar la prohibición norteamericana y de la comunidad internacional de dar golpes de Estado en Latinoamérica. Es decir, que si bien están terminantemente impedidos de sacar los tanques y ocupar el palacio presidencial, existen vías alternas como la peruana y la venezolana.
    Los uniformados ecuatorianos ya están preparando su propio camino y emiten pronunciamientos públicos cada vez más agresivos. Paraguay, donde la ineptitud, corrupción y conflictos internos del nuevo gobierno siguen profundizando la inestabilidad, está también en la mira de los militares.
    En suma, a finales del siglo XX la amenaza de las dictaduras militares envueltas con nuevos ropajes, se cierne otra vez sobre el continente. El asunto es que si continúan cayendo países, aunque sean pequeños, la brecha estará abierta y sólo será cuestión de tiempo el que otros sigan ese camino, como ha ocurrido antes.
    Eso explicaría la creciente preocupación internacional y las legítimas y positivas presiones que se ejercerán sobre el régimen autoritario peruano, para forzarlo a aflojar la indebida manipulación del proceso electoral.
    Pero todo lo que pueden hacer los gobiernos y organismos extranjeros, es influir para propiciar elecciones más libres y competitivas, reduciendo las posibilidades de fraude y manipulación, y frenando la violencia del régimen sobre sus adversarios. Lo fundamental lo tenemos que hacer los peruanos.
    Empezando por abandonar ese absurdo ambiente depresivo, fomentado por la maquinaria propagandística del régimen. Y deponiendo el ilimitado apetito de poder, que está desbordando largamente los límites de las legítimas ambiciones políticas.


    Email:frospig@amauta.rcp.net.pe

     

     

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