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25 de noviembre de 1999 |
Por
AUGUSTO ELMORE |
CUANDO
algún tonto desea encontrar un chivo expiatorio con relación
a problemas internacionales del Perú (aunque éstos sean
debido a sucesos que ocurren dentro del país), siempre encuentra
a quien echarle la culpa: la diplomacia peruana. Y repite la monserga
esa de que los diplomáticos peruanos se la pasan en agasajos y
recepciones, tal como dijo hace más de una semana un connotado
congresista oficialista. Quien conoce la labor de nuestros diplomáticos
sabe muy bien que eso no solamente no es cierto, sino que es rigurosamente
falso, cosa que parece ser la misma pero no lo es. La diplomacia peruana
sirve los intereses del país en la forma debida y con trabajo y
dedicación, y no solamente compartiendo tragos en reuniones y saraos.
Estos ayatollas de pacotilla se ensañan muy a menudo contra los
miembros de un ministerio que recibe una pigricia de la gran torta estatal.
Nadie con dos dedos de frente podría culpar a la embajada del Perú
en Washington por la Resolución 209 del Senado norteamericano, porque
los senadores estadounidenses no se chupan el dedo. Al menos no todos. De
allí que los 800,000 dólares que se van a invertir para revertir
la Resolución va a ser plata tirada a la calle. A una calle de Washington,
lo que es lo peor. Si al menos fuera a una de Lima la cosa sería
otra.
Personaje peruano del Milenio: Miguel Grau, a mi parecer. Porque siendo
un marino su figura encarna todas las virtudes cívicas. Aún
su muerte, que constituyó un desastre para el Perú, fue en
verdad un triunfo.
¿Es que hay régimen más parecido al de Leguía
que el de Fujimori? Hasta el acuerdo celebrado recientemente con Chile tiene
un aire familiar y corresponde a circunstancias políticas más
o menos similares, aunque hay que resaltar que lo que obtuvo Leguía,
es decir la restitución de Tacna al Perú, fue un paso muchísimo
más importante. Ojalá que, por su idéntico empecinamiento
en la re-reelección el final de este gobierno no se parezca al final
de Leguía.
Comienzo auspicioso el de la selección peruana dirigida por Maturana:
2-1 frente a Eslovaquia. Lo malo es que una golondrina no hace verano.
¿Será que la culpa de todo la tenía Oblitas?
¿Cuántos millones se gastaron en la emisión de la libreta
electoral mecanizada, que ahora los desprevenidos ciudadanos que la sacaron
se ven obligados a reemplazar? ¿Cuánto gastó el gobierno
y cuánto hizo gastar, en tiempo y dinero, a cada uno de los mansos
peruanos que hicieron el cambio y que ahora tienen que hacerlo otra vez?
¿Será esa una estrategia psicosocial para medir la paciencia
de los peruanos?
Se acerca un feriado bendito, de rechupete, como se decía antes.
Es el del 8 de diciembre, que cae en martes, razón por la cual el
ejecutivo, de acuerdo con la nueva costumbre instituida de trabajar cada
vez menos, debería decretar feriado toda la semana. Ese sí
que sería un puente de príquitimangansúa, como también
se decía antes, mejor que el Golden Gate. ¡Feriado del sábado
4 al domingo 12! Así sí que se incentivará el turismo
interno: el de Miraflores-Lima-Miraflores por lo menos.
Hubo una vez cuatro o seis farolas coloniales, o estilo colonial, que aparte
de alumbrar la cuadra 2 del jirón Jauja, en Barrios Altos, adornaban
la zona para satisfacción de los vecinos. Lástima que un malhadado
día Invermet o Edelnor -nadie sabe quién ni nadie tampoco
quiere asumir la responsabilidad- retiraron dichas farolas y la calle perdió
esos útiles adornos que eran el orgullo de los vecinos. ¿Habrá
quién los reponga, o Invermet y Edelnor seguirán jugando al
Gran Bonetón?: ¿Yo señor? ¡No señor! ¿Pues
quién las tiene?: ¡El Gran Bonetón!
Para dejar de jugar, al menos la Municipalidad, que tanto se ocupa por el
ornato de la ciudad, debería ordenar se repongan esas farolas por
las que claman los vecinos. Por ser justicia, etc.
Las últimas cuatro palabras del párrafo anterior se usaban
antes en los escritos dirigidos a las autoridades, solicitando justicia.
¿Habrá alguien que siga el modelo? ¿O ya no se le ocurre
a nadie pedir algo "por ser justicia"? (Salvo en la Corte Interamericana
de Derechos Humanos, claro).
Hace un par de semanas un conocido periodista le aclaró a un candidato
a la presidencia que el índice de pobreza extrema en el Perú
era tan sólo de 16%, de acuerdo, dijo, a cifras del Banco Mundial
y sabe Dios quién más. 16%. ¿Por qué será
que los que viajan a los caseríos del interior del país, y
ni siquiera tan lejos, todos los que visitan una barriada o aún menos
se detienen ante un semáforo en Lima, quedan con la impresión
de que ese porcentaje es mucho mayor? ¿Qué será la
extrema pobreza, en todo caso? Porque de hambre en verdad no se muere nadie,
la gente se muere de tuberculosis. Luego de haber pasado hambre. Pero los
funcionarios del Banco Mundial no están entre ellos, por supuesto.
Quizá todo se deba solamente a que los extremadamente pobres son
sólo unos llorones enfermizos, como los tacneños y los loretanos,
por ejemplo.
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