Edición Nº 1596


 

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    ARTÍCULO

    2 de diciembre de 1999

    Una Guerra en el Paraíso
    CARETAS 1595 dio a conocer la historia del líder asháninka Gedión Charete que murió en manos de SL luego de participar con el Ejército en el marco del operativo Aniquilación que dirige el general EP Luis Alatrista. Pero, como si la tragedia no fuera poca, su hermano menor, Jhonatan, perdió un pie el pasado 16 de noviembre después de salvar a toda una patrulla de una segura emboscada en una zona cuya violencia parece no cesar: El 26, dos soldados y cuatro terroristas cayeron en un combate en la espesura de la selva de Satipo en Junín. De hecho, los Charete son un clan de valerosos ronderos que saben lo que es el dolor y las muestras son evidentes. Aquí la crónica.

    Escribe ORAZIO POTESTA
    Fotos THOMAS MüLLER

    La Saga de los Charete
    La tragedia de los Charete continúa: A la pérdida de Gedión se suma ahora la mutilación de Jhonatan por causa de una mina de Sendero Luminoso.

    Jhonatan con sus padres Julia y Daniel y su hermano Lucas en el Hospital Militar.

    LOS esposos Daniel y Julia Charete saben con claridad que no existen técnicas para olvidar a un hijo muerto. Pero ahora les asusta no saber lo que es vivir con uno lisiado.
    Fue una semana negra: El 9 de noviembre, en Junín, el bravo Gedión (29) fue ametrallado y el 16 el joven guerrero Jhonatan (22) perdió el pie derecho por una mina de Sendero Luminoso. El izquierdo lo tiene en peligro.
    Gedión (ver CARETAS 1595) fue uno de los mejores guardianes de la selva central y murió cuando un grupo de terroristas emboscaron a la patrulla que acompañaba y a la que había ayudado a tomar por asalto un campamento de Sendero Luminoso. No hubo militares muertos.
    Jhonatan también era guía de las patrullas del Ejército que salían de la Base Militar 324 Natalio Sánchez (Junín) a la caza de terroristas.
    Los dos se refugian en la fe. Daniel es pastor evangélico y su esposa se dedica a criar a sus nietos sin padre y a sus sobrinos -potenciales huérfanos- que juegan en los campos de cultivo rodeados de perros y plantas: "Tienen que conocer otro destino. Esa es la esperanza que tengo". Esto lo dijo Julia con una voz apagada que sale de un cuerpo de no más de 50 kilos.
    La semana pasada, Daniel y Julia llegaron a Lima por primera vez junto a Lucas (40) -otro de sus hijos que también es rondero- para visitar a Jhonatan en el Hospital Militar pero por poco se les quema el pan.
    Julia tenía una libreta electoral despintada por la humedad de la selva y a Daniel se le había extraviado cuando su pueblo Psoma Beni fue desplazado en 1990 por los ataques de SL. Sin documentos no podían entrar al Hospital Militar a ver a Jhonatan. Con Lucas fueron a tocar puertas para ver si podían conseguir un par de DNI en 24 horas pero en un click tragicómico un funcionario les dijo que más fácil era resucitar a un muerto. Los Charete se quedaron mudos.
    Hasta ahora Daniel se pregunta si fue un milagro lo que les pasó en el Hospital Militar. Estaban resignados a recibir un portazo, cuando un oficial de pelo negro y delgado -los Charete no lo recordaban- les pasó la voz: "¿Ustedes son los padres de Gedión? El ayudaba a mi patrulla a entrar al monte. Era fuerte. Que pena que haya muerto". Los hizo pasar sin mayor trámite.

    LE TOCO A JHONATAN

    En su cama y con un aparato metálico que le rodea y sujeta la pierna derecha para que la piel no se le despegue de los huesos -el muñón de la izquierda tiene un kilo de vendaje- Jhonatan recibió el viernes 25 a sus padres y a su hermano por primera vez desde que sufrió el accidente.
    Todos soltaron lágrimas. Todos se abrazaron. Jhonatan contó a CARETAS lo que ocurrió antes y después de su accidente en una zona (Satipo) que en los últimos meses ha sufrido numerosos y pensados atentados terroristas como el del 2 de octubre pasado, cuando un helicóptero MI-17 del Ejército fue destruido luego de ser emboscado por SL y con la muerte de cinco militares.
    "Yo y los ronderos -dice Jhonatan- sabíamos que ese día SL iba a atacar Chichirene (el pueblo que ahora acoge a los Charete luego de ser desplazados de Psoma Beni) a las 4 de la madrugada".
    Hombres sospechosos habían visitado el pueblo sin motivo real. El Ejército tomó precauciones y los ronderos también: Armas y municiones a la mano. Los terroristas retrocedieron.
    "Sendero Luminoso no atacó el pueblo -cuenta Jhonatan- y se quedó escondido". Lucas acota: "Pero los ronderos vieron a lo lejos a los terroristas en el monte".
    Un capitán decidió mandar una patrulla al galope. Ya eran las seis de la mañana cuando 12 hombres salieron a buscarlos.
    Jhonatan ya no podrá patrullar como sus hermanos ni recorrer a plenitud la selva central. Como si fuera poco, su pierna izquierda está en peligro.


    Pero al cabo de minutos, un coronel nervioso e iracundo ordenó su regreso porque existía la posibilidad tenebrosa de que hubiera una emboscada como la que mató a Gedión.
    Un teniente le dijo a Jhonatan que vaya a buscar a la patrulla. Era necesario un hombre fuerte y conocedor de la zona para no demorar mucho. Jhonatan ubicó a la patrulla que estaba a ocho minutos de distancia y pasó cerca de la mina que le iba a volar el pie izquierdo. Doce soldados también pusieron el pie a centímetros pero nada les pasó.
    El accidente ocurrió al regreso. Pudo haberle pasado a cualquiera. Fue la mala suerte de un muchacho de 22 abriles que minutos antes había salvado de morir a toda una patrulla.
    La explosión fue seca pero levantó toda la tierra posible: se mantuvo como una cortina marrón que impedía encontrar a Jhonatan. Voló un metro (se suele ir a parar un poco más lejos) y cayó al suelo consciente de lo que le pasaba. No sintió mucho dolor en ese momento y por eso pensó que estaba entero todavía. Todo cambió cuando el oficial que lo atendía le dijo que no mirara hacia abajo. Jhonatan empezó a sospechar.
    No supo lo que le pasó a su pie hasta una hora después del accidente cuando reconoció que lo que le hacían (torniquetes y rotura del pantalón) era el típico proceso que sufría la víctima de una mina. Lo había visto tantas veces.

    MAS HIJOS MUERTOS

    En 1987, Daniel y Julia Charete, sepultaron a Isaías, el cuarto de sus nueve hijos, que en ese entonces era presidente de la Organización Campa del Río Ene (Ocare) que se opuso desde un principio a SL y que además fue fundado por Daniel hace dos décadas.
    "A Isaías -recuerda Daniel- lo buscaron los terroristas en su casa y le amarraron y le pegaron. Lo encontramos al día siguiente con el cuello cortado".
    Y en 1985, se enteraron de que a Luis (el mayor de todos) y a Pablo (el segundo) también los había matado SL en el monte.
    Pero Luis y Pablo no luchaban contra SL. Habían sido reclutados a la fuerza cuando eran adolescentes y obligados a realizar atentados. Un paisano contó a Daniel y a Julia que ambos fueron sacrificados luego de quedar heridos en un tiroteo.
    Lucas Charete al mando de su patrulla. Todos los sentidos en guardia para detectar a SL. Los operativos duran a veces días enteros. Es necesario un descanso, pero sin dejar los rifles. Los Asháninkas reclaman que el gobierno apoye a las familias de sus héroes.



    QUEJAS DE UNA MADRE

    Julia dice que no dejará que otro de sus hijos colabore con el Ejército. Y esto lo dice pese a que David (25) pronto será el jefe de las rondas campesinas de Chichirene y presidente de Ocare en reemplazo del finado Gedión. Tal vez no lo sabe.
    Julia está decepcionada: "A Jhonatan lo obligaron a buscar a la patrulla. Y después, al regreso, le dijeron que vaya adelante. Por eso pisó la mina. A Gedión lo mataron por lo mismo".
    Jhonatan fue evacuado por el Ejército a Satipo y luego a Lima en cosa de horas para que sea atendido en el Hospital Militar. Con Gedión no hubo tanta celeridad. "Lo hirieron -declara Julia- a las 10 de la mañana y en la tarde un capitán me dijo que ya estaba en Lima para que lo curen".
    Pero Gedión llegó recién a las cinco de la tarde a Satipo y muerto. Nunca lo enviaron a Lima. Los Charete se preguntan por qué no lo subieron a un helicóptero apenas recibió los balazos. Los Charete exigen que el gobierno les otorgue una pensión por la muerte de Gedión y la invalidez de Jhonatan.
    ¿Qué hace que una familia se haga indesligable a un pueblo a través de sus hijos? ¿Será el destino? ¿O el influjo de los padres? En el caso de los Charete pareciera que hay un poco de ambas cosas. Daniel y Julia siempre cogieron la Biblia para buscar los nombres de sus hijos. Gedeón fue un guerrero bíblico que luego de derrotar con su ejército a las huestes madianitas fue nombrado juez de Israel.
    Otro del clan: Josué Charete (27) vigila el poblado de Chichirene ubicado en Junín.
    Derecha: José Charete (17) recibe instrucción militar. Falta poco para que también salga a patrullar.


    Y Jhonatán fue un príncipe hebreo que lucho con valor contra los filisteos y salvó la vida al rey David.
    Y David es el nombre del sucesor de Gedión. El destino es terco a veces.

     

     

     

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