Edición Nº 1596


 

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    ARTÍCULO

    2 de diciembre de 1999

    Broche de Oro
    Con una tarde cuajada de detalles toreros, se fue la última feria del siglo.

    Por el
    MARQUES
    DE VALERO
    DE PALMA

    NOS divertimos al final de la serie de corridas del Señor de los Milagros. Esta fue, junto con la segunda corrida (la corrida del valor) una de las dos tardes más interesantes de la Feria. Aquella por la entrega absoluta de los toreros incrustada de valor indómito y ésta por el estilismo de una tarde cuajada de detalles. En aquella el desprecio a la muerte, en ésta el arte. En aquella no hubo toros pastueños y toreables y en ésta los toros embistieron, no siempre bien, pero embistieron, que es lo importante. En aquella el rechinar de dientes y el escalofrío y en ésta muchos momentos de calidad taurina. En aquella el aleteo de la muerte sobrevoló la plaza en los seis toros y en ésta solamente en los dos toros que le tocaron a Eugenio de Mora. Pero quien va a ver torerar bien salió muy satisfecho de esta última de Feria.
    Emilio Muñoz es torero clásico, muy canonista y muy auténtico. Pero Emilio Muñoz no ha venido este año a Acho para dar fe absoluta de su calidad intrínseca y se nos ha aparecido como torero de detalles sueltos, de un pase por aquí y otro por allá extraordinariamente bien dibujados pero nunca, en la integridad de sus faenas, escribió en el ruedo con la caligrafía preciosista que de él se espera. Renglones buenos, muy buenos y renglones malos. Entendámonos: Emilio Muñoz no contó este último domingo su verdad total en Acho. Dijo mentiras. Aprovechó en diferentes ocasiones el viaje del toro para componer la figura. No arriesgó. Solamente cuando el toro le llegaba a la muleta en óptimas condiciones para embarcarlo estallaba el milagro emotivo de algún que otro pase sensacional intercalado con otros pases muy aceptables pero que no acababan de cuajar tandas asolutamente redondas y armónicas. Conservadurismo se llama a eso. O falta de acoplamiento.
    Torería y clase en el adorno, cite y recorte.Derecha, Eugenio de Mora tuvo doble fractura en la muñeca. A pesar de las cogidas, entrega y gran valor.


    Su primer toro llegó con muy pocas fuerzas a la muleta. Este toro no decía nada. No era nada. No transmitía casi nada. Era un toro ideal para un torero que quisiera pasar la tarde sin compromisos serios. Pero lo brinda al público y hace su faenita cómoda, muy torera a retazos, pero también aprovechando siempre que podía el viaje del toro. Estas mentiritas no son para Acho. En esta última de feria el público estuvo sensacional, sabihondo y muy entendido. Le pitan el bajonazo que propinó con la espada.
    Su segundo toro tenía complicaciones. No era el paseo en yate que propició su primer toro. Este era un toro de paseo por aguas procelosas.
    Aquí sí que había que arriesgar. Pero el conservadurismo de este Emilio Muñoz se impuso nuevamente y estuvo queriendo hacer como que hacía pero sin hacer. Faltó dominio y lidia adecuada, pelea, intencionalidad y ganas de superar los problemas. Mató mal. Se despidió de Acho no dejando un buen sabor de boca. Pero su calidad siempre se atisbó (no se impuso) a lo largo de la tarde.
    Manuel Caballero ha dado un recital de buen toreo a lo largo de sus cuatro toros de esta Feria. Manuel Caballero está hoy, junto a José Tomás y Ponce, en la cumbre de la torería andante del momento. Manuel Caballero es un gran torero ecléctico que toma de todas las escuelas taurinas lo mejor de ellas. De la castellana su verdad, de la sevillana la elegancia y el primor, de la rondeña su hondura majestuosa De la escuela albaceteña que se transvasa con la valenciana y que Juan Antonio Esplá llama escuela mediterránea (Manzanares, Ponce, Luis Francisco y Juan Antonio Esplá, este mismo Caballero, etc.). Manuel Caballero ha sido el gran torero de esta Feria que ha tocado pelo en todos sus toros (5 orejas) y ha hecho lo mejor con el capote y la muleta.
    Gran torero. El toreo arte mezclado en partes iguales con el toreo de dominio. Le puede a los toros. Les habla. Los amansa en el mejor de los sentidos. Los dulcifica. Los hace. Su técnica ha sido siempre la misma en sus cuatro toros: citar al toro, embarcarlo, templarlo, acostumbrado a la lentitud, hacerlo entrar en la muleta cambiándole el "tempo" de la embestida (por explicarlo de alguna manera) y fabricar unipases de dominio. Estos unipases (uno tras uno) van sujetando al toro. Cada vez la distancia se hace menor hasta que acaba fabricando la tanda a la perfección con el toro ya dominado, quietos ya los pies, y sin quitar y sin buscar acomodo en la distancia. Esos acomodos de las tandas confusas de otros toreros con pasitos atrás para buscar el embarque. Esas distancias las toma Caballero sin confusionismos. Deja claro que no son tandas. Deja claro que son unipases y que a través de unipases acabará metido en las tandas. Esto es lo que me maravilla de este torero: el unipase bien hecho, artístico y dominador, que es la única manera que tiene un torero de corte artístico de ir haciéndose con el toro sin perder su idoneidad. Su primer toro acabó pareciendo boyante y pastueño por el simple hecho de estar perfectamente dominado. Pero este primer toro no era nada fácil, tenía cambios de ritmo y una sicología un tanto veleidosa que acabó sometiéndose. Extraordinarios derechazos tirando del toro con lentitud suma. Estos derechazos son los fulgores mayores que me quedan de esta faena en la retina de la memoria. Pinchazo entrando a ley, gran estocada y oreja merecida.
    Acostumbra al toro a la lentitud, cambiándole el tempo de la embestida a base de "unipases".


    No hay quinto malo dice el costumbrismo taurino español. Pues esta vez fue verdad. Este quinto toro resultó el toro de la tarde. Excelentes verónicas y unas chicuelinas fallidas por ser el toro playero y enganchar tela por la cuerna desmedida. No era toro para chicuelinas en las que hay que ceñirse. La gran afición de Acho está feliz al haber podido paladear una lidia muy adecuada, un puyazo extraordinario y unas banderillas del Santi perfectas. Se huele la gran faena. El rumor de la plaza, los aplausos, la alegría, el sol cenital que se doblega en la tarde y un torero perfectamente dispuesto a redondear el triunfo. Quizá ésta no fuera exactamente la faena más redonda, más medida, más elaborada y mejor construida por el albaceteño. Pero fue emotiva, triunfal, festiva, coreada por olés entusiasmados y un estupendo broche final para la actuación conjunta de este magnífico torero. Y en la retina de mi memoria esta vez quedan dos pases de pecho absolutamente antológicos, indescriptibles, larguísimos, inacabables, enroscándose al toro en la largura y el tiempo detenido de algo que nunca acaba. Fue una faena de tandas sin una métrica definida. A veces fueron cuatro o tres o siete los pases de la tanda. Pero hubo gran pinturerismo entremezclado con la hondura y la calidad. Una estocada excelente de ejecución y dos orejas y triunfo máximo y el recuerdo para siempre de la última gran faena hecha en Acho en este siglo.
    Eugenio de Mora demostró enorme entrega y un gran valor. Lo vi en su habitación a la que entré con el Dr. León. Tiene la mano rota con fractura de dos metatarsianos. Eugenio de Mora recibio un palizón por partida doble. Fue cogido en su primero cuando estaba toreando de capa por gaoneras. Tiene extraordinario mérito el incorporarse a la faena después de tan tremendo achuchón. El toro se le iba quedando cortito pero hay en el haber de este torero un par de buenas tandas de naturales. Con la espada receta un buen volapié que no toca partes vitales y el toro tarda en caer enfriando por completo la faena. Un aviso. Su segundo toro es dificultoso y le come el terreno hasta acabar enganchándolo propinándole otra tremenda paliza. La voluntad se estrella contra las circunstancias y pierde los papeles con pinchazo, media y un rosario de descabellos.
    Salida triunfal a hombros de Manuel Caballero. Se lleva el Escapulario y un sinfín de premios, entre ellos la estatua de Víctor Delfín que es el trofeo Caretas al mejor capote de la Feria. Por las verónicas sevillanas con los pies juntos y las chicuelinas cambiadas efectuadas al segundo toro de la quinta corrida. Manuel Caballero ha tenido una actuación redonda, modélica en su conjunto, que lo acreditan como un torero de hoy con nominativo mayestático. Pero va a dejar el recuerdo del torero que impuso los silencios en Acho en todas sus actuaciones mientras él le hablaba a los toros y éstos le respondían con sus voces negras. Esas voces negras de las que hablaban Luis Miguel Dominguín y más tarde José Mari Manzanares. También las oyó esta vez Manuel Caballero, albaceteño, y gran torero por la gracia de Dios.

     

     

     

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