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ARTÍCULO
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30
de Diciembre de 1999 |
SIGLO
XXI
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Difícil resulta a estas alturas de un
siglo que se va y otro que viene decir algo que no haya sido dicho
ya sobre el tiempo y su devenir. Cien años que ahora parecen
un parpadeo de intoxicación informativa. Y más listas,
más rankings, más recuentos. Es quizás el momento
de dejar descansar un rato a la razón y permitirnos soñar
un poco. Empezar de nuevo. Este texto de Eduardo Galeano -tomado
de su libro Patas Arriba- es la llave que nos abre el camino a soñar
un siglo que está apenas por comenzar.
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El Derecho Al Delirio
Sueños
para vivirlos el próximo milenio. Invitación a recibir el
nuevo siglo con una sonrisa.
Escribe EDUARDO GALEANO
YA está naciendo el nuevo milenio. No da para tomarse
el asunto demasiado en serio: al fin y al cabo, el año 2001 de
los cristianos es el año 1379 de los musulmanes, el 5114 de los
mayas y el 5762 de los judíos. El nuevo milenio nace un primero
de enero por obra y gracia de un capricho de los senadores del imperio
romano, que un buen día decidieron romper la tradición que
mandaba celebrar el año nuevo en el comienzo de la primavera. Y
la cuenta de los años de la era cristiana proviene de otro capricho:
un buen día, el Papa de Roma decidió poner fecha al nacimiento
de Jesús, aunque nadie sabe cuándo nació.
El tiempo se burla de los límites que le inventamos para creernos
el cuento de que él nos obedece; pero el mundo entero celebra y
teme esta frontera.
UNA INVITACION AL VUELO
Milenio va, milenio viene, la ocasión es propicia para que los
oradores de inflamada verba peroren sobre el destino de la humanidad,
y para que los voceros de la ira de Dios anuncien el fin del mundo y la
reventazón general, mientras el tiempo continúa, calladito
la boca, su caminata a lo largo de la eternidad y del misterio.
La verdad sea dicha, no hay quien resista: en una fecha así, por
arbitraria que sea, cualquiera siente la tentación de preguntarse
cómo será el tiempo que será. Y vaya uno a saber
cómo será. Tenemos una única certeza: en el siglo
veintiuno, si todavía estamos aquí, todos nosotros seremos
gente del siglo pasado y, peor todavía, seremos gente del pasado
milenio.
Aunque no podemos adivinar el tiempo que será, sí que tenemos,
al menos, el derecho de imaginar el que queremos que sea. En 1948 y en
1976, las Naciones Unidas proclamaron extensas listas de derechos humanos;
pero la inmensa mayoría de la humanidad no tiene más que
el derecho de ver, oír y callar. ¿Qué tal si empezamos
a ejercer el jamás proclamado derecho de soñar? ¿qué
tal si deliramos, por un ratito? Vamos a clavar los ojos más allá
de la infamia, para adivinar otro mundo posible:
el aire estará limpio de todo veneno que no venga de los miedos
humanos y de las humanas pasiones;
en las calles los automóviles serán aplastados por los perros;
la gente no será manejada por el automóvil, ni será
programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado,
ni sera mirada por el televisor;
el televisor dejará de ser el miembro más importante de
la familia, y será tratado como la plancha o el lavarropas;
la gente trabajará para vivir, en lugar de vivir para trabajar;
se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez,
que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir
nomás, como canta el pájaro sin saber que canta y como juega
el niño sin saber que juega;
en ningún país irán presos los muchachos que se nieguen
a cumplir el servicio militar, sino los que quieran cumplirlo;
los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo,
ni llamarán calidad de vida a la cantidad de cosas;
los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las
hiervan vivas;
los historiadores no creerán que a los países les encanta
ser invadidos;
los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer
promesas;
la solemnidad se dejará de creer que es una virtud, y nadie tomará
en serio a nadie que no sea capaz de tomarse el pelo;
la muerte y el dinero perderán sus mágicos poderes, y ni
por defunción ni por fortuna se convertirá el canalla en
virtuoso caballero;
nadie será considerado héroe ni tonto por hacer lo que cree
justo en lugar de hacer lo que más le conviene;
el mundo ya no estará en guerra contra los pobres, sino contra
la pobreza, y la industria militar no tendrá más remedio
que declararse en quiebra;
la comida no será una mercancía, ni la comunicación
un negocio, porque la comida y la comunicación son derechos humanos;
nadie morirá de hambre, porque nadie morirá de indigestión;
los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura,
porque no habrá niños de la calle;
los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero,
porque no habrá niños ricos;
la educación no será el privilegio de quienes puedan pagarla;
la policía no será la maldición de quienes no puedan
comprarla;
la justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas,
volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda;
una mujer, negra, será presidenta de Brasil y otra mujer, negra,
será presidenta de los Estados Unidos de América; una mujer
india gobernará Guatemala y otra, Perú;
en Argentina, las locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo
de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la
amnesia obligatoria;
la Santa Madre Iglesia corregirá las erratas de las tablas de Moisés,
y el sexto mandamiento ordenará festejar el cuerpo;
la Iglesia también dictará otro mandamiento, que se le había
olvidado a Dios: "Amarás a la naturaleza, de la que formas parte";
serán reforestados los desiertos del mundo y los desiertos del
alma;
los desesperados serán esperados y los perdidos serán encontrados,
porque ellos son los que se desesperaron de tanto esperar y los que se
perdieron de tanto buscar;
seremos compatriotas y contemporáneos de todos los que tengan voluntad
de justicia y voluntad de belleza, hayan nacido donde hayan nacido y hayan
vivido cuando hayan vivido, sin que importen ni un poquito las fronteras
del mapa o del tiempo;
la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los
dioses; pero en este mundo chambón y jodido, cada noche será
vida como si fuera la última y cada día como si fuera el
primero.
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