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ARTÍCULO
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30
de Diciembre de 1999 |
Escribe RAMIRO ESCOBAR LA
CRUZ (*)
Tudela y la Insurgencia
Increíble: el ahora candidato a vicepresidente
realizó su tesis sobre el Derecho a la Insurgencia.
¿Alguien dijo insurgencia? En estos días la palabra
ha corrido de boca en boca, para algunos como signo de un peligroso reguero
de pólvora y para otros como la posibillidad de ejercer una resistencia
civil pacífica. Se ha dicho, también, con cierta furia,
que quienes hablan de ello son golpistas o algo peor. Pero ocurre que
Francisco Tudela, flamante candidato a la vicepresidencia en la fórmula
oficialista Perú 2000, fue, en sus años mozos, un interesado
en el tema. El título de su tesis de bachiller en Derecho habla
por sí misma: "Legitimidad e insurgencia: un ensayo sobre los fundamentos
morales del poder". El trabajo fue sustentado en 1983. Siguiendo este
rastro, además, sobre la base de algunos testimonios, aparecen
otros detalles que conforman un perfil más preciso de Tudela y
que, por cierto, no se agotan en recordar, únicamente, su calidad
de jurista. Detrás de su admirable formalidad hay más de
una sorpresa.
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Facsímil
del registro de la tesis de Tudela en la página web de la
Universidad Católica. Aunque hay un error en la manera de
escribir el nombre, se trata de él. El original no se pudo
conseguir debido a que este centro académico está
cerrado hasta enero.
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CUENTAN que Josefina Barreda de Tudela, esposa de Franciso Tudela
y Varela -ex presidente de la Cámara de Diputados (1915), ex ministro
de Relaciones Exteriores (entre 1917 y 1918) y ex presidente del Consejo
de Ministros (en 1917)-, más de una vez le habría dicho
a su nieto Francisco Antonio lo siguiente: "tú llegarás
a ser lo que tu abuelo no llegó a ser..."
¿Qué era lo que el buen abuelo no había llegado a
ser? A pesar de sus estudios, de sus relaciones familiares ( la señora
Josefina era pariente de José Pardo y Barreda, presidente de la
República en esa época), de sus numerosas obras escritas
y de su, en fin, notable trayectoria, don Francisco no había llegado
a ser Presidente.
Muchos años después, Francisco Antonio Tudela Van Breugel-Douglas,
hijo de Felipe Tudela y Barreda y Vera Van Breugel-Douglas Berindei, se
asoma, por fin, no exactamente a la Primera Magistratura pero sí
muy cerca. Lo hace luego de haber sido Canciller de la República
y Embajador ante la ONU. A los 44 años aspira a ser, todo indica,
un vicepresidente de acero, no de cristal.
¿Pero quién es Tudela, más allá del cierto
aire mítico que le dio su condición de rehén en la
residencia del embajador japonés, de su paso por importantes cargos
públicos y de su aire imperturbable?
Para efectos de entender esta incursión suya en la arena política
mayor, lo más importante quizás no sea su año de
nacimiento (1955) o sus estudios cursados en el Colegio Maristas de San
Isidro. Es su tradición familiar político-aristocrática
y su paso por la Pontificia Universidad Católica del Perú
(PUCP) -en la que fue tenido por un conservador militante- las que acendraron
esta vocación.
Hay quienes dicen haberlo visto hablar en la PUCP, en medio de un auditorio
compuesto por izquierdistas de todas las estirpes, con una formalidad
similar a la que exhibió como Canciller, y sin avergonzarse de
sus simpatías por José de la Riva Agüero. Un colega
suyo, acaso exagerando, lo ubica en el espectro político de la
siguiente manera: "para Pancho el PPC podía pasar casi como un
movimiento cercano al marxismo".
Como fuere, CARETAS descubrió esta semana que en 1983 Francisco
Tudela sustentó su tesis de Bachiller en Derecho sobre un tema
que hoy le hubiera puesto los pelos de punta al propio Alberto Fujimori:
Legitimidad e insurgencia: un ensayo sobre los fundamentos morales
del poder. Todo una exploración sobre el tema, que se habría
realizado bajo la asesoría -hoy increíble- del actual canciller,
Fernando de Trazegnies Granda.
No pudimos acceder al texto completo, pero, según testimonio de
algunos contemporáneos, Tudela habría estudiado a fondo
el IUS RESSISTENDI, un principio del Derecho proveniente de la Baja Edad
Media (siglo XII aproximadamente). De acuerdo a éste, la resistencia
a un Gobierno puede darse en 2 situaciones muy concretas: cuando el régimen
tiene un origen ilegal y cuando, teniendo un origen legal, se deslegitima
(la mayoría del pueblo está en contra).
La tendencia en el trabajo habría sido demostrar justamente que,
en algunas ocasiones, es lícito no obedecer a un dictador. ¡Páginas
de la vida!
Quienes conocen a Tudela desde esa época afirman que su interés
por la Insurgencia podía deberse a su mera curiosidad intelectual.
Otros, en cambio, señalan que la rebelión del generalísimo
Francisco Franco en España podría haber sido uno de los
acicates para que él se interesara en este controvertido asunto.
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Fumando
esperó Su paso por el campus de la PUCP (derecha) fue decisivo
para afianzar su vocación política y ahora camina
hacia la campaña electoral en la cuestionada plancha oficialista.
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No parece casual, desde ese punto de vista, que Tudela luego haya ido
a la famosa Universidad de Navarra, que el Opus Dei regenta bajo sus principios
indestructibles en Pamplona. Allí, sin embargo, ocurrió
un hecho curioso: al parecer quiso investigar un tema que no fue del agrado
de las autoridades de esta Casa de Estudios y terminó marchándose.
Acaso porque dicha Universidad era más conservadora que él.
O al revés.
De allí se fue al London School of Economics, una suerte de Escuela
de Chicago inglesa, en donde obtuvo un Master en Derecho Internacional
Público y Regulación de Mercados Financieros. A fines de
los '80 regresa al Perú y dicta unos cursos en la Maestría
de Derecho Constitucional de su Alma Mater, la PUCP. Allí empiezan
también sus vínculos con el Instituto de Estudios Internacionales
(IDEI)de esta universidad.
La relación de Tudela con el IDEI es importante para entender su
perfil político actual. Junto con Beatriz Ramacciotti, nuestra
actual embajadora ante la OEA, el ex canciller promovió esta institución,
que ofrecía cursos para gente de dentro y fuera de la Universidad.
Algunos de los participantes en estos cursos fueron militares, especialmente
marinos.
Desde allí provendrían sus buenas relaciones con los militares,
especialmente con la Marina de Guerra. Hasta hoy, uno de sus grandes amigos
es Raúl Zaldías, un oficial que fue (o es) miembro de la
Inteligencia Naval. Gracias a estas relaciones, Tudela habría dictado
algunas conferencias a oficiales de Inteligencia, interesados en entender
el contexto internacional.
Por allí también podría explicarse su apoyo a la
polémica Ley de Amnistía proclamada en junio de1995, en
los estertores del CCD. Aunque en realidad su pensamiento sintonizaba
con esta propuesta. Como uno de los principales sustentadores de la ley,
Tudela sentenció:
Debemos olvidar políticamente; debemos olvidar los pecados individuales,
los crímenes individuales, en aras del bien de toda la colectividad
(...) Es necesario buscar la paz en este Estado que ha vivido desgarrado
desde 1989. Vale la pena arriegarse a una amnistía (...)
Argumentaciones riesgosas de este tipo provocaron el alejamiento de especialistas
de la Comisión Andina de Juristas o del Instituto de Defensa Legal
de los cursos del IDEI. Incluso la propia PUCP emitió un pronunciamiento
en contra de la Ley de Amnistía, que quizás no le movió
ni una ceja al entonces "cecedista" del movimiento Renovación.
Tudela para entonces también era conocido por sus comentarios en
el fenecido programa `La Revista Dominical'. Internacionalista, parlamentario,
comentarista. El siguiente paso -en su carrera indudablemente política-
fue la Cancillería, a donde accedió en 1995, apenas comenzado
el segundo fujimorismo.
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El
joven Tudela (al centro, en actitud inusual), acompañado
de su hermano Felipe y de sus amigos Duccio Ciabatti, Joaquín
de Quesada y Víctor Zar. Derecha, más bien en profético
gesto pensativo.
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Una buena gestión en este puesto, indudablemente. Tras el embrollo
diplomático producido por la Guerra del Cenepa, sentó las
bases para las futuras negociaciones de paz con el Ecuador. El antes comentarista
internacional estaba ahora en la cancha. Y no lo hacía nada mal.
Esa suave eficacia diplomática, sin embargo, se tornó en
drama el 17 de diciembre de 1996.
Imposible olvidar las imágenes del entonces Canciller en el cruel
episodio de la toma de rehenes por parte del MRTA. Primero exhibiendo
una sobriedad admirable, al lado de un asustadísimo Gilberto Siura;
luego el día "D", el 22 de abril de 1997, cuando sale prácticamente
gateando en medio de la balacera, mientras el comandante Juan Valer lo
cubría con su cuerpo para salvarle la vida.
Tudela después renuncia al cargo, el 14 de julio de 1997, aparentemente
por motivos personales, aun cuando se afirmó porque sufría
presuntas amenazas del MRTA y era mejor vivir afuera un tiempo. En setiembre
del mismo año, no obstante, declara que su renuncia tuvo relación
con el desacuerdo que abrigaba frente al caso Ivcher.
Este parece un punto de quiebre en su relación con el Gobierno.
Pero hoy queda claro que no se trataba de algo fundamental. No es ésta,
sin embargo, su única actitud contradictoria. El 19 de julio de
1997 dijo: "no voy a ser candidato el 2000, no ambiciono la Presidencia
de la República y no tengo la más mínima intención
de pasar por los trámites del JNE para inscribir alguna candidatura."
Posteriormente, como nuestro embajador ante la ONU, defendió los
exabruptos jurídicos del régimen ante la Corte Interamericana
de Derechos Humanos y fue una presencia importante para morigerar el aluvión
de críticas que le empezaron a caer al país. Su insistente
versión es que no se produciría el aislamiento, financiero
o de otra índole, que algunos pronostican.
¿Sirve todo esto para entender mejor a este animal político
discreto, señorial, pero al fin y al cabo decidido a entrar en
la contienda electoral?
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El
entonces Canciller en abril de 1997, durante el fragor terrible
del rescate de los rehenes del MRTA. Derecha, Fogoso Tudela en la
tribuna del CCD.
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Sin duda Tudela no es -nunca ha querido ser- un segundón. Preserva
la tradición del que está arriba, del que gobierna, del
que ordena el mundo antes de que el mundo le ordene algo a él.
Nunca, jamás, por ejemplo, hubiera aceptado pasar de la primera
a la segunda vicepresidencia, como ha hecho Ricardo Márquez. Acaso
la memoria de su abuelo materno, el barón holandés Gaspar
Van Breugel-Douglas, se hubiera visto mancillada con eso.
Algunos sostienen que es el candidato perfecto para una indeseable situación
en la cual se vea afectada la salud del Presidente. Es decir, que es un
vicePresidente capaz de ejercer la presidencia no sólo de paso
y que puede despejar, gracias a su garbo ideológico, cualquier
sospecha de populismo que pudiera achacársele al régimen.
También despertaría vanas nostalgias de ese tiempo ido,
en el cual la aristocracia todavía significaba algo en el país.
Pero este hombre ilustrado ( y lustroso), en algún tiempo simpatizante
de Pinochet y partidario de Gran Bretaña en la Guerra de las Malvinas,
cercano al Opus Dei y aun al recalcitrante grupo "Tradición, Familia
y Propiedad", corajudo en un momento límite y nebuloso en otros
episodios, quizás vaya a rescatar algunas cosas en la política
peruana.
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El
ingeniero y el ex canciller. Dupla dispareja.
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Por un lado, una cierta autonomía y juego propio en un territorio
hasta ahora aplastado por el peso de un solo hombre. Por otro, el sentido
de la palabra "derecha", hoy ahogada en un mar de imprecisiones ideológicas
y escondida por la vergüenza que da pronunciarla.
Cuentan que la única vez que se le ha visto a Tudela con un chullo
ha sido en una fiesta de disfraces realizada por los años '80,
en la que no se le ocurrió mejor idea que ponerse este atuendo
(con el logo del FRENATRACA) para simular la persona que no era. Salvo
que Fujimori decida bailar solo los huainitos, quizás Tudela tenga
que, en algún momento, ponerse un chullo de verdad, a pesar de
su pasado nobiliario.
Eso sí que sorprendería a la abuela Josefina Barreda, quien
nunca hubiera imaginado las cosas que llegaría a hacer su nieto
en la ruta hacia el poder. Al fin y al cabo, el muchacho también
tenía derecho a insurgir frente a las costumbres de su tradicional
familia.
___________
(*) Con la colaboración de Patricia Caycho.
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