Edición Nº 1600


 

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    30 de Diciembre de 1999
    Por LORENA TUDELA LOVEDAY

    Francisco, O Sea, Recapacita

    MIRA, no me oirás una sola palabra más sobre El Innombrable y toda su ignominia, por la sencilla razón, hija, de que ya no voy a atender a provincias nunca más y durante el próximo milenio al Sátrapa lo voy a ignorar del todo pero del todo porque las últimas veces que he pensado en él, me han salido arruguitas...¡como tiene el mismo chino desgraciado alrededor de la jeta!
    Entonces, desde acá me comprometo a no dedicarle al Monstruo Amarillento ni medio segundo, ni al terno azulino color calzón de pacharaca que se nos mandó para su hórrido mensaje, ni pucha, a esos gestitos y guiñaditas de celestina con furor uterino que me sacó para el diario, chau, fo, ag, cara de poto sin raya, hasta aquí llegué porque al final de cuentas, o sea, se trata de otra gente con la que yo no tengo nada en común, tú me entiendes.
    Pero hija, por el mismo principio anterior es que lo de mi primo Pancho nos resulta tan poco comprensible. Yo hablé con él antes de que tomara esa decisión, le hice acordar que en efecto, o sea, él siempre tuvo, desde que era chiquito, una especie de perversión, hija, que lo llevaba a juntarse con los hijos de la cocinera pero ojo, o sea, no como yo, pucha, sanamente, para jugar, sabiendo siempre cuál era el lugar de cada quién, no. Mi primo, lamento tener que decirlo, se metía con ellos porque eso a él lo hacía sentir poco menos que un Habsburgo, no sabes.
    Yo me acuerdo clarito, pucha, cuando estábamos todos juntos en la casa de mi mamama en la avenida Salaverry y de pronto Pancho se desaparecía, yo sabía que lo iba a encontrar, o sea, detrás de las caballerizas, haciéndose cargar sobre los hombros por dos de los chicos que pertenecían a esa parte de la existencia: el Cara de Champa y el Ojo Jalado. ¿Y quiénes eran esos chiquitos? Respectivamente, o sea, el hijo de la lavandera y el del jardinero, que se hizo el harakiri cuando se enteró de que según el taoísmo, o sea, iba a nacer en estas tierras una especie de engendro del mal con un mensaje diabólico grabado en la nuca: PERU, PAÍS CON FUTURO.
    Bueno, cuando al primo Pancho le hice recordar su perversión, pucha, le vino una especie de ataque de negación de la realidad y empezó a gritar que todo era una maquinación de la oposición y bueno, qué quieres que te diga, levanté mi whisky y le espeté: "Francisco, que tú seas esquizoide, que tengas delirios de grandeza, que creas que al lado de esos dos podrías figurar en un cuadro de Caravaggio como el tercer Rey Mago, pucha, es tu problema; pero plis, te invoco una vez más a no enlodar el apellido de la familia con semejantes mamotretos porque si lo haces, vas a atenerte a las consecuencias". Jua, me zampé el trago de un solo cocacho y lo dejé al pobre deprimido y exhausto como un felpudo al día siguiente de un velorio con lluvia, no te imaginas.
    Y bueno, ahora que se atenga a las consecuencias porque estoy a la cabeza de una movilización de todos los Tudela para ir a la puerta de su casa vestidos de negro, a exigirle que se baje de esa plancha espuria, hija, que se reconecte con los valores que nos corresponden y que si, pucha, o sea, Leguía ayudó a nuestro bisabuelo con lo de la hacienda quebrada, o sea, eso ya es historia pasada y que hayas necesitado una vez de un tiranuelo retaco y adefesiero, no te tiene que volver necesariamente un adicto a ellos.
    Bueno, felizmente ya pasó la época de las pancartas con papel lustre y engrudo, que te hacían trizas las manos; ahora hay una tecnología regia para la protesta, y he mandado a hacer unas gigantografías en las que figura impreso el escudo de los Tudela sobre la tapa de un ataúd y varios eslogans tipo: "Francisco reflexiona, estás con la última lona", o "Los Tudela somos finos, no nos mezclamos con Montesinos"; o este que me parece regio: "Chajuí, chajuá, Francisco recapacitará". Con esos aparatos más la ropa negra, yo estoy segura que vamos a conseguir que Pancho vuelva al redil y si así fuera, en fin, ya veremos pues cómo se las arregla ese sujeto del terno azulino y los guiñitos, que tanto Gaseovet me ha hecho comprar en la última década.
    Happy new year. Chau, chau. (Rafo León).

     

     

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