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30 de Diciembre de 1999 |
Por
FERNANDO ROSPIGLOSI |
Riqueza
Dilapidada
LA voz temblorosa en algunos pasajes claves del discurso del Presidente-candidato
el lunes pasado, mostraron la inseguridad de quien pretende constantemente
representar la imagen opuesta, de convicción y firmeza absolutas.
No era para menos, pues sus pretextos para mantenerse en el gobierno fueron
más que flojos. El sostener que no existe ninguna alternativa y
que nadie es capaz de hacerlo mejor que él, podía ser un
argumento electoral en 1995, cuando estaba en condiciones de exhibir algunos
éxitos y la economía, inflada artificialmente con recursos
estatales, creció al 13% hasta el mes de las elecciones. Pero sostener
eso ahora, cuando el país afronta la peor recesión del último
medio siglo, con la industria en ruinas y dos tercios de la población
sin un empleo adecuado, es una argucia que nadie puede tomar en serio.
En realidad, la pregunta es la inversa ¿alguien puede hacerlo peor?
Es difícil imaginarlo.
Porque lo que ha habido en el segundo período de Alberto Fujimori
y Vladimiro Montesinos es una sucesión de fracasos. En el plano
económico, los desastres mencionados antes se han producido a pesar
que el gobierno dispuso de una riqueza prodigiosa, como probablemente
no tuvo nunca gobierno alguno durante este siglo. Pues a los 8,500 millones
de dólares de las privatizaciones hay que añadir los varios
miles de millones de los préstamos internacionales, que varias
generaciones de peruanos seguirán pagando durante el siglo XXI.
El despilfarro y rapiña acabaron con el 90% de los fondos de privatizaciones,
del patrimonio nacional que ya no se recuperará jamás, salvo
las cuentas que se logren ubicar en el extranjero cuando caiga este gobierno.
De eso y de los cuantiosos créditos externos, quedan algunos cientos
de kilómetros de asfalto y escuelas pintadas de naranja, puntualmente
inauguradas por el Presidente-candidato. No es mucho decir, para la vasta
fortuna dilapidada en tan corto tiempo.
Para no hablar -y esto es quizás más importante- de la ruina
institucional ocasionada en los últimos años. Desde el Poder
Judicial a las Fuerzas Armadas, pasando por el Congreso, el sistema de
salud pública, el Tribunal Constitucional, el Ministerio Público
y la Policía, han sido devastados y corrompidos por la cúpula
gobernante.
Nadie que no sea un dictador, dispuesto a usar inescrupulosamente la maquinaria
del Estado en beneficio propio, se atrevería a intentar otra reelección
en estas circunstancias.
Es falso también lo que dijo Alberto Fujimori, en el sentido que
decidió postular nuevamente en el último tiempo. Esa determinación
la tomaron Fujimori y sus socios militares en 1992, cuando consumaron
el golpe que tenía como finalidad perpetuarse en el poder indefinidamente
y gobernar sin contrapesos ni fiscalización.
Todo lo que ha habido después han sido sólo variaciones
sobre el mismo tema. Un análisis y descripción de los subterfugios
seudojurídicos utilizados en este largo trayecto, se pueden encontrar
en el enjundioso libro que oportunamente acaba de publicar Pedro Planas,
"El Fujimorato, estudio político-constitucional".
Por lo demás, no han habido muchas novedades en este esperado intento
de eternizarse en el gobierno. Como en las elecciones anteriores, han
inventado otro partido, el Frente Independiente Perú 2000 y han
creado un nuevo rótulo, la alianza Perú 2000. El Frente
no tiene existencia real, como no lo tienen los otros miembros de la alianza,
Cambio 90, Nueva Mayoría y Vamos Vecino. Todos son sólo
etiquetas ad hoc que desaparecerán tan pronto acabe el régimen.
Perú 2000 es solamente un intento publicitario de fabricar la ilusión
de renovación en el mismo y viciado régimen.
Una muestra de lo farsesco de la supuesta alianza electoral, es que los
candidatos a las vicepresidencias no son miembros de ninguno de los cuatro
partidos que la integran. Francisco Tudela fue congresista por el movimiento
Renovación, que ha anunciado su propia lista. Y Ricardo Márquez
probablemente no sepa a qué grupo pertenece.
La plancha presidencial es, en realidad, sólo decorativa. Pero
la presencia de Tudela, un conservador con imagen de persona seria, tiene
el inocultable propósito de generar tranquilidad en la cada vez
más inquieta y desconfiada comunidad internacional. Y de ganar
algunos votos en los estratos altos.
El caso de Márquez es insólito, pues pasó de primer
vicepresidente a candidato a la segunda vicepresidencia. Al parecer eso
se debió a que hasta el último momento no pudieron encontrar
a una mujer que pudiera atraer votos en lugar de provocar repulsa. Entonces
llenaron el vacío con el buen Márquez. Esa debe ser la improvisación
a la que se refirió Alberto Fujimori en su discurso.
Email:frospig@amauta.rcp.net.pe
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