Edición Nº 1600


 

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    30 de Diciembre de 1999
    Por AUGUSTO ELMORE


    LOS bancos cobran una comisión por algo que sería su deber: informarnos del saldo de lo que uno, haciéndoles el favor, tiene depositado en alguno de ellos. Seudo servicio por el cual, de cincuenta en cincuenta céntimos y cuenta por cuenta, día por día, deben obtener pingües ganancias. Si la cosa sigue así, me voy a ver obligado, por precaución, a privarme de saludar al administrador de la agencia del Banco con el que más trabajo, no vaya a ser que me cobren por ello. A los funcionarios de bancos, en adelante, ni hola ni chau. No vaya a ser que nos carguen 0,50 por saludo.

    ¡Ojalá que el Banco que me envió una linda tarjeta de Navidad no haya cargado en mi cuenta el porte de correos, más comisión!

    Debo reconocer -y así lo he hecho en distintas ocasiones- que el aeropuerto Jorge Chávez ha sido modernizado en forma verdaderamente adecuada y casi admirable, pero lo que sigue siendo deplorable y verdaderamente vejatorio es el obligar a los familiares y amigos de los pasajeros que arriban a esperar en plena calle, a la intemperie, llueva o truene (digo, esto último, es un decir).

    Dirán que como aquí no llueve... ¡pero garúa, y a veces fuerte! ¡A que Víctor Joy Way y Martha Hildebrandt no tienen que esperar en la calle a sus familiares!

    Un amigo me aclaró la memoria y me enmendó la plana asegurándome que cometí un error cuando afirmé equivocadamente que fue Kennedy y no Armstrong el que dijo aquello de que la llegada a la Luna fue un pequeño paso para un hombre y un gran paso para la humanidad. Así sin duda habrá sido, lo que pasa es que la memoria es frágil y, además, dicha frase, histórica en verdad, más parecía producto del magín de Kennedy que el del astronauta.

    En todo caso ¿no habrá sido parte del libreto que los norteamericanos suelen escribir para todo?

    La canallada contra Beatriz Merino, cuya gran culpa es haberse adherido a la candidatura de Alberto Andrade, sigue su curso. Su ilícita admisión para que sea investigada por el Congreso contó, además, con una insospechada, y muy lamentable, adhesión. ¡Así estamos!

    Me parece escandaloso, casi tanto como lo anterior, que una congresista (María Jesús Espinoza) cuyo único mérito ha sido el de hostilizar sin descanso la labor del alcalde de Lima metropolitana, Alberto Andrade, se haya hecho celebrar su cumpleaños con toda pompa y fanfarria. Para ello utilizó el estadio guadalupano de Los Olivos y al acto asistieron diversos alcaldes oficialistas y, para vergüenza de la universidad peruana, el rector de la Federico Villarreal, que prestó para evento tan deleznable el concurso de su tuna universitaria. Estuvo también para celebrar el (la) conocido (a) transexual Fulvia Célica, buscando probablemente un lugar en alguna plancha oficialista, cosa que no sería de extrañar dadas como están las cosas. Quién se creerá esta congresista para celebrar así su cumpleaños: ¿la reina de Saba?

    Pocas veces he leído algo tan disparatado como lo que me entero parece haber escrito una psicóloga en el último número de la Revista de Psicología de la Pontificia Universidad Católica del Perú: que los peruanos somos uno de los pueblos que menos lloran. Dice esa profesional que los nativos de este país tienen una frecuencia de llanto de tan sólo 0,58 veces por mes. No sé de dónde se pueden sacar esas cifras tan exactas y minuciosas, ni cuál será el sistema utilizado para medirlas. Aparte de ponerlas en duda en forma absoluta, aunque si se quiere a priori, por simple sentido común pienso que cómo es que los peruanos van a llorar menos cuando tienen tanto por qué llorar. ¿Somos un pueblo de estoicos? ¿No ha visto jamás el programa de la doctora Laura Bozzo, en donde no sólo lloran los que participan en él sino también los que por espacio de un segundo (antes de que sobrevengan las náuseas) lo vemos? ¿No se ha enterado de lo que la Presidenta del Congreso dijo de los tacneños y de los loretanos, que según ella son unos llorones? ¿O no ha tomado en cuenta tan sesuda expresión en su peculiar estudio? ¿O, más bien, será la psicología, como la sociología, una ciencia totalmente inexacta? (Espero no pisar demasiados callos al respecto).

    Por cuestión de cierre me veo obligado a finiquitar esta página antes de oír al presidente Fujimori autoproclamarse candidato a la reelección, contraviniendo expresamente lo que dice la Constitución y hasta sus propias palabras, grabadas en el vídeo divulgado por los miembros del Tribunal Constitucional que no tuvo empacho en hacer defenestrar. No tengo tiempo de oírlas antes de escribir esto, pero, por si acaso, me adhiero al contenido de la carta que en forma tan refinada y casi excesivamente exquisita le dirige "un peruano que lo admira y respeta" en la primera página de "El Comercio" de hoy, lunes 27 de diciembre, fecha que, si no da pie atrás en su empeño, quizá pueda convertirse en el comienzo de los fatídicos idus de marzo de César. ¡Y eso que César era César! (Claro que también era Emperador).

    ¡Bueno, amigos lectores, nos vemos en el 2000! (Que pese a lo que digan empieza el 1° de enero, porque si no ese día sería el 32 de diciembre de 1999.

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