Edición Nº 1601

 

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    ARTÍCULO

    13 de Enero de 2000

    ¿Algo Huele Mal?
    Impedido de ejercer proselitismo, el gobierno acapara, sin embargo, cámaras todos los días de la semana.

    En el primer día de sujeción a las mínimas limitaciones que su Congreso le ha fijado, Fujimori empezó a visitar obras. Inaugura un pequeño ca nal y es como si abriera el Canal de Panamá, y como si cada obra no hubiera sido bien licitada.

    Once son las candidaturas presidenciales en carrera, pero sólo un candidato cuenta con el poderoso aparato estatal para apostar y jugar a favor de su opción. Aunque el presidente Alberto Fujimori no está acostumbrado a que lo controlen -y menos cuando corre en plan proselitista- la Ley Orgánica de Elecciones le prohíbe desde esta semana (teóricamente) utilizar fondos públicos, visitas de inspección, repartos de víveres e inauguraciones en su carrera por buscar votos. Hasta ahora sólo el can palaciego se ha animado a husmear y fiscalizar, a su manera, al Presidente-candidato, ya que éste demuestra día a día, visitando obras intrascendentes y llevando consigo a la obsequiosa prensa que suele servirlo, que no está dispuesto a someter sus apetitos de re-reelección al equitativo juicio de la ley. Diez candidatos compiten con él, algunos con trampita, y sólo unos pocos con posibilidades de hacerle pelea y pasar a la segunda vuelta. En las siguientes páginas contamos correrías de la oposición que no habían salido a la luz pública.

     

    Las Planchas
    Se Calientan

    Lima ha sido una fiesta, pese a andamiaje de fraude.

    LAS manifestaciones políticas, las promesas electorales y las colas para inscribir listas presidenciales, así como la subida cantidad de éstas, nos hicieron sentir en los últimos días que, a la entrada del 2000, el Perú había vuelto a la normalidad. Tenemos once aspirantes a la presidencia de la República, pero ya en 1980 teníamos quince y en 1995 llegamos a catorce.
    Ahora nos falta ver cuántas nóminas parlamentarias se inscriben, en esa especie de fiebre del amok en pos de una curul que suele afectar a miles de peruanos en cada temporada electoral.
    La gran novedad de estos días es que la oposición no logró forjar una alianza con miras a una candidatura presidencial unificada. La plancha no calentó. Los lectores de CARETAS saben que nuestra línea constante ha sido escéptica respecto a esa unidad. No sólo porque sabíamos que algunos de los aspirantes a la Casa de Pizarro se sentían como la primera e insustituible opción frente a Fujimori, sino porque considerábamos mejor no brindar al régimen el triste privilegio de descargar toda su artillería contra un solo blanco.
    Considerábamos más conveniente establecer alianzas entre afines para la primera vuelta electoral, sin perjuicio de reafirmar el Acuerdo de Gobernabilidad, válido para más allá de las elecciones.

    La fórmula de Somos Perú: Alberto Andrade, Luis Guerrero, ex alcalde de Cajamarca, y Beatriz Merino, celebra el lleno del viernes en la Plaza Mayor.

    ESFUERZOS DESCONOCIDOS

    Desgraciadamente, ni siquiera esas afinidades electivas se pudieron materializar. Pero hubo esfuerzos en ese sentido, que el público desconoce. Por ejemplo, el propio ex presidente Fernando Belaunde Terry propició una alianza entre Acción Popular y Somos Perú, que llevara como candidato a la presidencia al general(r) Jaime Salinas Sedó. Un problema de salud del militar constitucionalista frustró esa posibilidad.
    En el camino quedaron otras propuestas para esa concordancia, formuladas en distintas etapas. En algún momento se barajó la candidatura de Diego García Sayán, el joven y brillante jurista, y hasta se formuló la interrogante: ¿qué pasa si el Apra no presenta plancha presidencial e invitamos a conformar la lista de AP-UPP a Elvira de la Puente, como un mensaje al electorado aprista?
    Tales esfuerzos resultaron vanos, en parte, según versiones, por el problema de la distribución de candidaturas al Parlamento.
    Fue así como AP llegó a la conclusión de que tenía que librar su propia pelea. Fue tan de último minuto, que el candidato a presidente, Víctor Andrés García Belaunde, se hallaba en Miami gozando de vacaciones, cuando recibió un mensaje que lo conminaba a venir a Lima de inmediato, por algo sumamente serio. En el camino del aeropuerto Jorge Chávez a su casa, su hermano José Antonio le avisó por celular que en ese momento Javier Alva Orlandini se dirigía al Jurado Nacional de Elecciones, a inscribir la plancha que Víctor Andrés encabeza y que integran el constitucionalista Valentín Paniagua, secretario general de AP, para primer vicepresidente, y Pedro Morales Mansilla, dos veces alcalde de Huancayo, para segundo vicepresidente.

    Fernando Olivera "se sacrificó": no va a la Presidencia, pero sí al Congreso, con Susana Higuchi. Derecha: Castañeda y compañeros del trío presidencial en su Volkswagen de campaña.

    LOS DOS GRANDES

    Aparte de la candidatura inconstitucional de Fujimori, las candidaturas de peso son, sin duda dos: la de Alberto Andrade, que en la disputa por la alcaldía de Lima ha derrotado dos veces al régimen fujimorista (primero contra Jaime Yoshiyama, que tenía "todo el apoyo" de Fujimori, y luego contra Juan Carlos Hurtado Miller, un político de polendas), y la de Luis Castañeda.
    Ambos se enfrentan no sólo a un Presidente-candidato, sino a todo un andamiaje de fraude y desigualdad electoral, y a una maquinaria infernal de acoso y espionaje. En estos días se ha confirmado, gracias a la publicación de un diario "serio" del oficialismo, que todo lo que se habla y comunica electrónicamente en el sector opositor es "chuponeado" y manipulado por el gobierno. De ese escándalo se habla en nota especial de esta edición.
    A pesar de eso, todos los signos y hasta todas las encuestas indican que, frente al tercio constante de Fujimori, que algunos creen que puede crecer por la dispersión opositora, Andrade o Castañeda son los probables contendores del candidato ilegal para la segunda vuelta.

    CANDIDATURAS CON YAYA

     

    Misión norteamericana de paso por Lima. Buenas maneras sin tocar el tema de la democracia.

    Hay candidaturas menores, que buscan, con todo derecho y con claro sentido opositor, el favor de los electores. Tales son las de Acción Popular, Unión por el Perú y el Apra.
    Otras hay que resultan confusas, cuando no confusionistas. Tal, verbigracia, la improvisada por Avancemos, que junta a Federico Salas, el que encabezó la conmovedora cabalgata de los alcaldes de Huancavelica, el departamento más pobre del Perú, con Rafael Rey y Guillermo Castañeda, cuyo tinte conservador y filogobiernista es notorio. Ezequiel Ataucusi, que en 1995 alcanzó el 0,77% de los votos, aspira otra vez a la primera magistratura. En el puesto de primer vicepresidente lo acompaña el general (r) PNP Héctor John Caro, quien fuera regidor por Cambio 90-Nueva Mayoría en 1995. Adolfo Chuiman y Ubaldo Huamán, dos artistas conocidos, acompañan a Ataucusi en la humorada. Aspiran a congresistas.
    Una candidatura al borde de ser aprobada es la del notario huancavelicano Ciro Gálvez, que preside el movimiento Renacimiento Andino. Juana Avellaneda, que fue diputada por Cambio 90 hasta antes del golpe de 1992, figura en la lista renacentista como candidata a la segunda vicepresidencia y será la número uno en la lista de su grupo al Congreso.
    Hay, pues, un poco de oficialismo solapado en alguna de estas listas de muchas adhesiones y pocos votos.
    Enigma notable en el proceso es el de los 345.851 fallecidos que figuran en el Registro Electoral. No se sabe por quién votarán. A lo mejor son el peso (muerto) que inclina la balanza de las elecciones.
    El cálculo ha sido hecho por la organización Transparencia sobre la base de una cuidadosa encuesta. Celedonio Méndez, jefe del Registro Nacional de Identificación y Registro Civil (RENIEC) ha respondido a eso aduciendo que el actual es "el mejor registro electoral de toda la historia del Perú" y que "ha marcado ejemplo en muchos países del mundo". No precisó si se refería a éste o al otro mundo, el de los muertos.
    También está por esclarecer si todavía quedan miembros de las Fuerzas Armadas y de la Policía en aptitud de votar. O en capacidad de pintar o borrar graffiti electorales.

     

    Fujimori en conferencia como "candidato", detrás de Palacio.

    CADE ELECTORAL

    Aunque la 37 edición de la Conferencia Anual de Ejecutivos 1999-2000 coincide con la presentación de los principales candidatos a la presidencia de la República, aparentemente será la más modesta de que se tenga memoria. La crisis se cuela hasta entre las mejores familias.
    En la cita del Hotel El Pueblo, en Lima, entre el 20 y 22 de este mes, expondrán sus planes de gobierno Alberto Fujimori, Alberto Andrade, Luis Castañeda, Alejandro Toledo y Federico Salas. A ellos se ha sumado Máximo San Román, candidato de UPP, la agrupación política que obtuvo la segunda votación en 1995.
    Los organizadores de la CADE aseguraron que los invitados son los que tienen mayor preferencia en las encuestas, aunque, según indicaron las compañías encuestadoras, los últimos sondeos acerca de los once candidatos presidenciales sólo se conocerán a fines de esta semana.
    Los candidatos serán confrontados por un panel compuesto por José Chlimper, Fritz Dubois, Diego García-Sayán, Claudio Herzka y Carla Sáenz.
    Los temas a abordarse son: alianza entre la empresa y el Estado; modelo económico; institucionalidad y buen gobierno; Perú en el orden global, desarrollo social y descentralización.
    Se espera que en esta cita el candidato Presidente no tenga más tiempo de exposición que sus contendores electorales y, que siquiera por una vez, los medios de comunicación afines al régimen informen con equidad respecto de todas las intervenciones.

     


    ¿Son Demasiados?

    En 1980 hubo 15 candidatos presidenciales, y en 1995, 14.

     

    Abel Salinas (Apra), Víctor Andrés García Belaunde (AP) y Máximo San Román (UPP): candidatos de firme oposición y que por encabezar planchas renuncian a posibilidades congresales.

    LOS sectores oficialistas se empeñan en aseverar que en el actual proceso hay demasiados candidatos presidenciales y que se ha producido lo que el oficialista `Expreso' llama "orgía opositora". La verdad es que el número de aspirantes a la Presidencia está en el nivel normal del Perú y aún de América Latina. Si ahora hay 11 candidatos presidenciales, en 1980 hubo 15, en 1985 y 1990, hubo nueve, y en 1995, 14.
    Ecuador tuvo en 1988 diez candidatos a la Presidencia, y en 1992, 12. Bolivia, por su parte, contó con nueve en 1989 y diez en 1997.

    Rafael Rey ganó a Federico Salas para candidato a Presidente. Los acompaña Guillermo Castañeda.


    La verdad es que el electorado se encarga de despejar esa nube de candidatos, y al final sólo quedan tres o cuatro con votación importante. Alejandro Toledo lo aprendió en carne propia en 1995 (ver recuadro). Uno de los casos más aleccionadores es el del neurocirujano Carlos Cruz, que en 1995, a la cabeza de su movimiento Frente Independiente de Reconciliación Nacional, reunió más de 200 mil firmas y al final sólo obtuvo 5.249 votos. En esa misma elección, Paz y Desarrollo alcanzó apenas 6.337 votos; Alternativa Perú-Puma, 7.006; Partido Reformista, 9.105; y el movimiento independiente Nuevo Perú, 9.999. Fenatraca se dobló con 25.017 votos.

     


    Se Armó el Tole Tole

    A la hora de la hora Alejandro Toledo también sacó los pies de los estribos de la alianza opositora.

     

    A una cuadra del JNE, congregación en torno a El Libertador que no imitaron en la oposición.

    SI en política existe algo equivalente a lo que los sicoanalistas denominan la compulsión a la repetición, el fenómeno tiene en Alejandro Toledo, candidato a la Presidencia por Perú Posible, a su más caracterizado exponente. Como en 1995, Toledo dejó de lado la posibilidad de formar una alianza tras haber venido sosteniendo conversaciones con Somos Perú, y con menos intensidad con Solidaridad Nacional.
    Hace cinco años, la eventualidad de una alianza con el grupo que entonces parecía mejor plantado para enfrentar la primera reelección de Fujimori -UPP de Javier Pérez de Cuéllar- también quedó en el camino.
    Hoy como ayer -al decir de analistas políticos- la posibilidad de sumar fuerzas podría haberse traducido en una suerte de sinergia y desencadenar una multiplicación en la intención de votos más que una simple suma de los mismos. Toledo, sin embargo, ha preferido ir solo y podría ser quien lleve la peor parte. En 1995 su candidatura tuvo 10,9% de intención de voto en Lima a estas alturas. Hoy dice tener 12,5%. Producidos los comicios generales, a la cabeza de la alianza CODE-País Posible Toledo obtuvo solamente 3,24% (241 mil votos). Vistas así las cosas, no resulta aventurado prever el destino que tendrá esta nueva candidatura.

    Como en 1995, el candidato de Perú Posible prefirió la opción personal.


    Hay, ciertamente, algunas diferencias entre ésta y su anterior postulación. Hace cinco años lo acompañaron en la fórmula presidencial Elena María Delgado Béjar, candidata a la primera vicepresidencia, y Oscar Bravo Villarán, candidato a la segundo vicepresidencia. Ambos postularon también al Congreso, en los puestos 5 y 6 de la lista, respectivamente. Pero ninguno fue elegido. Sí lo lograron, en cambio, José Barba Caballero, Moisés Heresi, Enrique Pulgar Lucas, Luis Alberto Chu Rubio y Dennis Vargas Marín. Todos, por cierto, terminaron en otras bancadas: Barba y Heresi en CODE, que hizo tienda aparte prácticamente tras la instalación del Congreso, Chu en el FIM y Vargas en las filas del oficialismo.
    Esta vez Toledo tiene acompañantes de mayor peso político: el congresista Carlos Ferrero Costa, candidato a la primera vicepresidencia, y el empresario y dirigente de la pequeña y micro empresa David Waisman, candidato a la segunda vicepresidencia. Sea cual sea la suerte de Toledo, Ferrero es considerado bolo fijo en el Congreso.
    De otro lado, en 1995, Toledo sólo consiguió su inscripción luego que el CODE de Barba Caballero le extendiera la mano, pues su grupo, País Posible, no logró reunir las firmas necesarias para su inscripción. De las 155.996 firmas presentadas, únicamente se aceptaron 32.210. Esta vez Toledo presentó más de 1 millón 390 mil 213 firmas -de las cuales fueron validadas por la ONPE 502 mil 016 firmas- y logró su inscripción con alrededor de siete mil firmas de holgura. Se sabe, de otro lado, que su intención es aliarse con el PPC con lo cual no necesariamente sumaría gran cantidad de votos, pero sí, por cierto, cuadros técnicos y políticos.

     


     

     

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