Edición Nº 1601

 

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    ARTÍCULO

    13 de Enero de 2000

    El Por qué Del Parque
    Encuentros y desencuentros sobre el Parque Cultural de Lima que reabrirá el 18 de enero, día que Lima celebra el 465° aniversario de su fundación.

    Pese a las piedras del camino, la recuperación de la ciudad avanza. Para el próximo 18 de enero, día en que Lima celebra el 465º aniversario de su fundación, la ciudad recibirá el viejo parque de la Exposición totalmente renovado. Haciendo malabares, ya que plata no hay dada la mezquindad del Ejecutivo, la obra se ha materializado en doce meses. En los últimos 50 años, los problemas de la ciudad volatizaron. Sin embargo, la administración de la capital sigue recibiendo partidas insuficientes. Hay que ser mago para contentar a sus ocho millones de habitantes, que son la tercera parte de la población del país. No obstante las dificultades, Alberto Andrade, el alcalde de la ciudad, ha demostrado un ímpetu poco común. CARETAS publica a continuación algo que es inusual en estas páginas, una carta del arquitecto Augusto Ortiz de Zevallos -autor del proyecto del parque cultural de Lima-, dado su carácter coloquial y un poquitín discrepantes. En ella, Ortiz de Zevallos explica además, las razones que lo llevaron a realizar el proyecto. Puede haber opiniones diferentes, pero este parque -dice- es mi apuesta de "hacer y disfrutar una ciudad viva y nuestra".

    Será un parque abierto a la cultura. En el dibujo se distinguen: 1) Jardín Botánico, 2) La Laguna, 3) Isla de títeres, 4) Cabina de control de luz y sonido, 5) Malecón, 6) Tribunas teatro abierto, 7) Cafés y foyer, 8) Foso de orquestas, 9) Escenario traslúcido, 10) Camerinos, 11) Teatro La Cabaña.

    Por AUGUSTO ORTIZ DE ZEVALLOS*

    Querido Enrique:

    SE que estás entre quienes encuentran el Parque Cultural insuficientemente verde. Yo también. Hacia décadas que no era ése que le mereció a Chabuca Granda, cantando para Zeñó Manué, esa copla que dice de las calles de Lima que "...son unas calles cualquiera, camino de cualquier parte... ya no nos llevan al parque, ni tampoco a la alameda..."
    La alameda (la del puente a la alameda, la de Acho) quedaba al norte de esa Lima, cruzando el río, y se la tiró la llamada irónicamente Vía de Evitamiento, y el parque del que ella habla era éste, en la salida sur de Lima, donde en su niñez, Chabuca y Zeñó Manué se embarcaban en tren o tranvía a Chorrillos o Barranco, al lado del zoológico, cuando el Paseo Colón era un lugar para patinar y no el enlace de la Carretera Central, con el Mercado Mayorista y mil camiones de por medio, con los nudos gordianos de la Lima de hoy, ésa de 8 millones de habitantes, cuarenta veces más que cuando el parque se abrió a una ciudad aparentemente idílica.
    Este parque es para la Lima de hoy, para darle un lugar de encuentro a una ciudad de desencuentros y segregación, para que la cultura sirva de cohesión y de urdimbre para dar un tejido a una ciudad descosida. El parque que había estaba lumpenizado porque una ciudad como ésta de hoy no sustenta un bosque romántico con pabellones pintorescos en pleno centro, haciendo de antesala de academias, hostales y galerías, ministerios, Sunat, Palacio de Justicia, Estadio Nacional y trámites de pasaportes, con todas las líneas de combis al lado (Grau, Paseo de la República, Garcilaso, Petit Thouars, Brasil, España, Arequipa, Arenales) para ir de todas partes a todas partes. Y por eso esos pabellones y la laguna y las fuentes secas y olvidadas eran depósitos y botaderos, dormideros de pirañitas y marginales, letrinas y atracaderos, estacionamientos y lavaderos de autos, tierras de nadie.

    El verdor del parque, aunque todavía no es el deseado, ofrece espacios en que la arquitectura actual se entreteje con el paisaje.


    Alberto Andrade, que sin duda afrontó, a contracorriente y asediado, y más solo que acompañado, la agenda urgente de décadas de abandono de Lima, me honró encargándome materializar esta propuesta mía que tenía 10 años, y estaba entre otras que CARETAS publicó en su momento (la recuperación del río y la Quinta Heeren), desde mi Plan del Centro de Lima aprobado el '87. Su respaldo y su confianza han permitido que se materialice esta obra que complementa otras fundamentales (calles recuperadas, Cachina y Tacora suprimidas, Mercado Central, Barrio Chino relanzados, Plaza Mayor y otras en uso, Bienales de Arte, vuelta al centro de cafés, turistas y programas culturales). Basta ver cómo está hoy el entorno del Parque, que ahora recién se tenderá a recuperar, ya que ahora se reabre la puerta sur del centro para la ciudad y se hará regresar la cultura al centro, para que no sea una paradójica periferia sino un lugar vivo y de referencias para todos. El único que puede serlo.

    Autor del proyecto.


    Al abrirse, quiero brevemente explicar a lectores sus ideas y sus resultados.
    Este parque ahora le ofrece sus 12 hectáreas a la cultura, para que allí haya -ya hay- talleres al aire libre, contemplación, teatro, artes visuales, fuentes y lagunas con agua, eventos, exposiciones y ferias, música clásica y de hoy, lugares para jóvenes, cafés, paseos largos que permitan domingos enriquecedores, y lo que nos da la gana y podamos imaginar y orquestar.
    También que se presten público todos los programas, como la filmoteca y La Cabaña, los títeres y los museos, las exposiciones de arte y los conciertos y recitales de calidad, y se viabilicen así proyectos culturales que esta ciudad frustra por falta de lugares de exposición pública. Además de viabilizarse el propio parque, que es el primero en el Perú en tener recursos de sustentabilidad económica (estacionamientos, taquillas, cafés...), para que no sea un parque a fondo perdido y sin mantenimiento.
    Como el territorio estará usado intensamente, se lo habrá recuperado para la ciudad, como espacio de vida y de realización creativa y no como pasto de sus abundantes submundos y conflictualidades.

    Se ha levantado una pequeña loma para aminorar el ruido de la Vía Expresa.


    Se puede tener con el parque una actitud de nostalgia, lo que en algunos casos es elitizante, en quienes, como no van más al centro, hablan de él como pasado y blasones, como fantasmas y mitos. Preferir, o manipular, una Lima irreal e idealizable, con buenas razones u otras.
    Pero el reto es otro, y eso es lo que mi proyecto ha afrontado.
    Sumar memoria y modernidad, traer a hoy día ese espacio, para responder a las demandas saludablemente masivas de esta ciudad de tantos rostros y edades, con muchas más maneras de ser limeño que las nostalgias evasivas. Querer a la Lima de hoy. Y alentarla.
    Pero tienes toda la razón en que para todo eso se necesita añadir, a los árboles que quedaban, que ya eran muy pocos en relación a la frondosidad de bosque que el parque tuvo, muchos más y que ese tema está pendiente y aconsejaría trasplantar árboles maduros y altos y no sólo anteproyectos promisorios de sombra futura.

    El viejo parque de la Exposición vuelve redimensionada para dar servicio a una ciudad sedienta de recreación.


    El proyecto mandaba respetar todos, se ha trasplantado algunos, y sé que se viene sembrando flores y enredaderas, setos y arbustos, repoblando de modo todavía insuficiente el espacio, cuyo horizonte debe nutrirse de color y filtros naturales. Pero las plazas de piedra junto a las fuentes y las veredas que bordean lagunas y jardines, las bancas, papeleras y luminarias están para soportar a las diez mil personas simultáneas, y cincuenta mil personas diarias que este parque tendrá, porque la ciudad lo necesita y para que allí haya cultura de la mayor calidad internacional a precios abordables.
    Espacios amplios y abiertos se ofrecen sucesivamente y sin cercos internos, entrelazados por jardines y exponen todo a todos, incluyendo miradas desde afuera, desde la ciudad bulliciosa, casi hostil, del perímetro, dimensionando adecuadamente las demandas con 600 estacionamientos y cerca de 6000 plazas simultáneas en actuaciones (4200 en el Teatro Abierto).
    Una serie de hasta 20 espacios y episodios culturales y de actividades existe, para diferentes fines y edades, además de lo que pueda haber e imaginarse sobre un espacio caminable y seguro, con una alameda cultural de 700 metros que debe unir ambos lados, mediante una pasarela transparente que el uso ahora va a plebiscitar, por elemental seguridad y respeto al derecho a caminar. Hasta el Jirón de la Unión, y de allí a las Plazas San Martín y Mayor haciendo posible un centro caminable. Además de ofrecer servicios y rincones, espacios libres, abiertos a la imaginación y a las propuestas, entendiendo el espacio como invitación lúdica al disfrute y no como meros perímetros o entornos circunvalatorios de monumentos.

    Pintas a la semana de inaugurarse.


    Creo que este proyecto, ya materializado, aunque falta terminarlo y corregir algunos errores y apuros, hecho con gran esfuerzo por una Municipalidad con poco dinero, le devuelve a Lima, que es la misma y es otra, un parque que es el mismo y es otro.
    Esa magia es lo que había que hacer, sacando todo del mismo sombrero, casi sin plata.
    A Chabuca le gustaría, creo, porque ella misma cambió maravillosamente sus canciones al final, universalizándolas y acercándolas a otros ritmos que el solo tundete. A Zeñó Manué, formidable querencioso de una Lima sevillana, quizá también, si redivivo se diera una vuelta por los nuevos puentes de la Expo y por la estación de Santa Engracia, y viera como, junto a la Torre del Oro y al Guadalquivir, hay arquitectura de hoy, respetando en su diálogo, y no con parodias idiotas como nos piden acá, a la Sevilla de siempre. Para no hablar de Bilbao y el Guggenheim.
    Espero, por eso, Enrique, que siendo tú y CARETAS limeños de la Plaza Mayor, como era Doris del Jirón Camaná o la Plaza San Martín, sepan que este parque está en la misma apuesta, de hacer y disfrutar una ciudad viva y nuestra.
    Por Lima, a sus 465 años, sin contar Pachacámac, ni Puruchuco, iniciando otros mil. Salud.

    * Arquitecto y urbanista del Parque de la Cultura.

     

     


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