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13
de Enero de 2000
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Por JAIME BEDOYA
Cusco
1/1/00
¿Qué haces acá? decía la inmensa inscripción
en los cielos que sólo Javier Zapata veía la mañana
del 31. La vio de reojo durante dos horas desde la esquina de Plateros,
tratando de evitarla. La taquicardia la atribuía a la altura.
La misma pregunta, en formato más modesto, se apareció camino
a la plaza, destellando sobre la piedra de los doce ángulos. Nadie
más parecía verla. El turista seguía filmando. La
cholita pedía un dólar. Pasé el dedo, sonó
como un fósforo que raspa el borde de la caja sin encenderse. Bajo
la indigesta coartada del cambio de siglo la ciudad ombligo estaba siendo
profanada por esa euforia infundada tan cara al fujimorismo capitalino.
Ser complice de esto, así fuera involuntario, era aplastante.
Sentados en las escaleras de la catedral la pregunta se repetía
sola. La plaza había sido tomada por una masa juvenil de disfuerzo
coreográfico que denotaba el manso disfrute de sus carreteras1
y la exquisitez de la ingesta al mayoreo del litro cien. La música
de fondo era bovina2. La atmósfera, infecta con los gases de diez
años de lactar ultrapragmatismo neoliberal marca chancho. La historia
no existe. Esto era un drive in y cada cusqueño llevaba una piedra
en el bolsillo por si acaso.
El cálculo mental de posibilidades de retorno presto a Lima resultó
oxigenante3, pues la marea negra parecía haber burlado a los apus.
Serenidad: Una siesta resolvería químicamente la situación.
La solución moderna de ver cable tres horas seguidas con fines
terapéuticos4.
El 2000 llegó a un cerro. A una cantina colgante de ese cerro.
Fuegos artificiales estallaban con rabia en un cielo impotente y encapotado,
pendiente de venganza. Ron, cerveza y champagne hacían lo mismo
en el estómago. Un cohete silbador le reventó a una señora
entre glúteos. Un mendigo dormía tiritando en la calle de
bajada. Una australiana besaba policías en la boca. La gente se
empujaba uvas. Nada más. Ni siquiera el fin del mundo.
El
primero de enero siete disidentes en combi llegaban a la Zona Equis, lugar
de práctica mística un tanto venido a menos, en busca de
improbable purificación. El vino y el agua florida nutrían
la madre tierra mientras mal aprovechaba la meditación para recorrer
el menú del restaurante japonés de la calle Heladeros. Capitalinos
pasaban a caballo y se burlaban entre eructos, interrumpiendo un mantra
particular: piquillacta, piquillacta, piquillacta5, ciudad pulga donde
todos se rascaban la cabeza antes de Cristo.
El rito culminaba con cada quien dejando un clavel en la undécima
formación geológica que parecía un ovni, pidiendo
deseos. Picue6, fueron para ti. Que tu siglo no sea como me lo imagino7.
En la primera noche del milenio un televisor mínimo en una habitación
inmensa del Hotel Cusco transmitía hombres en pantimedias correteándose
unos a otros8.
Luego, accidentes de tránsito en serie.
1 Lindas 4 x 4 tenían.
2 Trance le llaman.
3 Los desayunos que sirve Taca son los mejores de la ruta Cusco - Lima.
4 Es terrible cuando los locutores de televisión se emocionan con
su trabajo. Surge la meta locución, también conocida como
el `Yo Pienso De Que': "En estos momentos es un privilegio para mí
hacer lo que estoy haciendo y lo hago con mucho orgullo...", etc. Mónica
Delta sufría este trance. Las celebraciones por el cambio de siglo
en el mundo estremecían su alma como no logra hacerlo la coyuntura
política cada domingo. A la bebida se llega por muchos caminos.
Aún falta agradecerle a la Tv. de señal abierta todo lo
que está haciendo por la causa alcohólica.
5 Piqui=pulga, llacta=ciudad.
6 Menor hija del autor.
7 Igual.
8 Si alguien quiere hacer plata, funde el Cómicos Ambulantes Network
Television.
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