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3 de Febrero de 2000 |
Por
AUGUSTO ELMORE |
HASTA no hace mucho existían sociológica o estadísticamente
tres categorías sociales en el Perú: A, B y C, igual que
en todo el mundo. A veces incluso la A1, o sea la más más.
Pero a medida que el gobierno sigue sin dar pie con bola en economía,
las categorías han ido creciendo; pero, como el país, para
atrás. Por ejemplo, leo recientemente que se han añadido
últimamente, la D, la E y la F. Como sigamos con eso de Perú
País con Futuro, próximamente llegaremos a la Z.
Pocas veces he visto papel más desairado que el del general jefe
de la Policía Nacional tratando de excusar la ausencia de las fuerzas
policiales para contener las invasiones de terrenos, que constituyen el
último recurso del gobierno para obtener adeptos. Tan desairado
y vergonzoso como el que hizo al salir a defender la resolución
subalterna que le quitó la nacionalidad a Baruch Ivcher.
Asimismo, desbarró lamentablemente cuando negó que existiese
una ola de secuestros y asaltos al paso en Lima y en todo el Perú,
porque las noticias de los días siguientes lo desmintieron rotundamente.
A menos que ahora el gobierno diga que los secuestros los organiza la
oposición para darle mala imagen al gobierno. Estoy seguro que
a Martha Chávez ya se le habrá ocurrido ese argumento, sólo
que como el Congreso está en receso no ha tenido la oportunidad
de decirlo.
Lo que pasa es que el jefe de la Policía parece que se enterara
de lo que sucede en las calles de Lima y en las carreteras del Perú
por los periódicos. Tampoco sabe, sin duda, que la carretera hasta
Huaral es una posta de coimas impuestas por la propia Policía.
Son asaltos benignos si se quiere, porque llegan a cinco, diez y hasta
veinte soles por parada de vehículo, pero lo hacen los autos patrulleros
supuestamente destinados a proteger a los conductores. Seguro que por
la radio interna, apenas ha pasado un manso que se puso con diez soles,
los policías de ese retén comunican a los que están
más adelante: ¡Aló!, ¿me copias?: una lorna
va en camino.- Te copio, fuera.
En cambio, el patrullaje establecido en la autopista a Pucusana funciona
muy bien, quizá por el alto volumen del tránsito, que hace
imposible detener a los vehículos por quítame estas pajas,
o dame acá estos soles. ¿Los del norte le pasarán
su ala a los del sur? Para compensar, digo. No hay que ser egoístas.
Antes las invasiones de terrenos las organizaban los izquierdistas, en
busca de adeptos por un lado, y para mortificar al gobierno de turno por
el otro. Invadían los arenales, como ocurrió en lo que ahora
es el floreciente distrito de Villa El Salvador, pero tenían que
enfrentarse a la Policía y a veces hasta al Ejército. Hoy
en día, por lo contrario, la cosa es bien bacán: es el propio
gobierno que organiza las invasiones, distribuyendo alimentos y pagos
oportunos, contando además con la inacción de la Policía
y las fuerzas del orden (porque su jefe es muy respetuoso de los derechos
humanos y sólo actúa si un fiscal se lo solicita). Y no
invaden arenales, como en el caso señalado anteriormente, sino
tierras de cultivo y terrenos cercados que cuentan con propietarios, muchas
veces de carácter social similar al de los invasores. La cuestión
es aritmética: 10,000 invasores: 10,000 nuevos votos. Los desalojos
empezarán luego del 9 de abril.
Vi en televisión al congresista Moisés Heresi con la camiseta
de Perú 2000 puesta sobre los pectorales, con motivo de una supuesta
maratón en la que regalaban polos oficialistas. ¡A ver si
por lo menos así le reabren el gimnasio y lo eximen de sospechas!
Y eso que, según creo aunque nunca lo he podido comprobar, Heresi
fue elegido como independiente. Yo creo que a Larrabure le correspondería
más el polo. Aunque de otra talla, claro.
Después de prolongada ausencia, el viernes pasado me fui con unos
amigos a comer una pizza a Barranco, distrito al que había estado
evitando por bullanguero, sucio y desordenado. Grata sorpresa fue ese
retorno, porque Barranco está ahora limpio, ordenado y muchísimo
menos bullanguero. Y todo pese a la guerra que un diario chicha pero para
blancos -relativamente hablando, claro- le ha declarado a la actual alcaldesa,
Fina Capriata; de Somos Perú, por cierto.
¿Por qué será que las obras de saneamiento se realizan
justamente en verano en avenidas claves para ir de paseo a las playas?
Desde hace varios veranos ocurre eso en la Av. Huaylas, camino al Sur,
por ejemplo, en donde de regreso se atora el tránsito debido a
las zanjas abiertas parece que con el exclusivo objetivo de medir la paciencia
de los veraneantes. Deberían instalar allí un pacientómetro.
¿Ustedes creen que la democracia se contagia? Si eso fuera cierto
la visita del presidente Frei de Chile podría servirle al país
para que el gobierno peruano, es decir Fujimori, entienda que en las elecciones
todos los candidatos deben tener las mismas oportunidades, como ocurrió
en Chile, por ejemplo.
Lo malo es que ya no queda pared por pintar. Todas, más los cerros,
han sido copadas por el gobierno, con la colaboración de conscriptos
del Ejército. Así como las televisoras de señal abierta,
que hace rato que obedecen las órdenes superiores. No hay marcha
atrás.
Lo increíble es que la culpa de todo la tienen los ayayeros, como
sin misericordia alguna denomina el presidente Fujimori a quienes obedecen
órdenes del gobierno, para después negarlo. Parecido a eso
de miente miente que algo queda sólo que ahora es niega niega que
algo queda. Las pintas por lo menos.
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